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Ciencia

Una herida le atravesó la mandíbula y alcanzó uno de sus dientes hace más de 100.000 años. El hueso cicatrizó y podría esconder el apuñalamiento más antiguo conocido

Qafzeh 25 sobrevivió durante un tiempo considerable después de recibir el corte. Su fósil no solo conserva una posible escena de violencia prehistórica, sino también indicios de que alguien pudo ayudarlo cuando todavía no existían ciudades, médicos ni agricultura.
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El rostro ya había desaparecido cuando los científicos encontraron la herida. Lo único que quedaba era una mandíbula fragmentada, varios dientes y una línea profunda que atravesaba el hueso izquierdo. A simple vista podía confundirse con una rotura producida después de la muerte, quizá por el peso de los sedimentos acumulados durante miles de años.

La microtomografía reveló otra historia. La marca alcanzaba la mandíbula y la raíz de un premolar, pero sus bordes mostraban remodelación ósea. En otras palabras, aquel corte se produjo mientras el individuo todavía estaba vivo y comenzó a cicatrizar. Qafzeh 25, un Homo sapiens que vivió hace entre 145.000 y 92.000 años en el actual Israel, había recibido el impacto de un objeto afilado y sobrevivió el tiempo suficiente para que su cuerpo intentara repararlo.

El estudio, publicado en Scientific Reports, plantea que podría tratarse de uno de los casos de traumatismo por arma cortante más antiguos documentados en el registro arqueológico. Y aunque no es posible reconstruir con absoluta certeza lo que ocurrió, la posición y la forma de la lesión convierten una agresión cara a cara en una explicación difícil de ignorar.

Una línea en la mandíbula convirtió el fósil en un caso forense

Una herida le atravesó la mandíbula y alcanzó uno de sus dientes hace más de 100.000 años. El hueso cicatrizó y podría esconder el apuñalamiento más antiguo conocido
© CENIEH/Ana Pantojah-Perez et al.

Los restos de Qafzeh 25 fueron recuperados en 1979 en la cueva de Qafzeh, cerca de Nazaret. Pertenecían probablemente a un hombre joven y aparecieron en un yacimiento excepcional que conserva los restos de al menos 27 individuos, algunos de los primeros miembros conocidos de nuestra especie fuera de África.

El fósil estaba muy deteriorado. Numerosas fracturas se habían producido después del entierro, cuando el esqueleto quedó comprimido bajo capas de tierra. Por eso, el equipo combinó observación macroscópica, microscopía y escáneres micro-CT para distinguir los daños ocurridos en vida de los provocados mucho después.

En la parte izquierda de la mandíbula encontraron una incisión lineal que también afectaba al tercer premolar. La geometría era compatible con el contacto de un filo, posiblemente una herramienta de piedra. Alrededor de la lesión aparecían porosidad localizada y un engrosamiento de los márgenes, señales de que el hueso había iniciado un proceso de curación.

No se sabe cuánto tiempo vivió Qafzeh 25 después del corte. Sin embargo, la remodelación indica que no murió en el momento y que probablemente sobrevivió durante un periodo significativo. La herida tampoco parece haber alcanzado la pulpa del diente, algo que pudo evitar una infección mucho más peligrosa.

La agresión es la hipótesis más inquietante, pero no la única

Una herida le atravesó la mandíbula y alcanzó uno de sus dientes hace más de 100.000 años. El hueso cicatrizó y podría esconder el apuñalamiento más antiguo conocido
© CENIEH/Ana Pantojah-Perez et al.

La marca pudo originarse durante una pelea, aunque el estudio no puede presentar al responsable ni recuperar el arma. Qafzeh 25 también pudo caer sobre una piedra cortante, herirse mientras fabricaba herramientas o sufrir algún accidente relacionado con la caza.

Aun así, varios detalles favorecen la posibilidad de violencia interpersonal. La lesión se encuentra en el lado izquierdo de la cara, una distribución habitual en enfrentamientos frontales cuando el atacante utiliza la mano derecha. Además, los traumatismos causados por objetos afilados son extremadamente raros entre los restos humanos del Paleolítico Medio.

Los investigadores hablan por ello de un posible caso de agresión, no de un crimen resuelto. Lo que sí puede afirmarse es que un objeto con filo penetró en la zona facial cuando el individuo estaba vivo. De confirmarse el escenario violento, estaríamos ante la evidencia conocida más antigua de una herida de este tipo.

El hallazgo ofrece una imagen incómodamente familiar. Hace más de 100.000 años, cuando pequeños grupos humanos recorrían el Levante y dependían de herramientas de piedra para sobrevivir, también pudieron existir disputas capaces de terminar con alguien herido deliberadamente.

Sobrevivió a la herida y después alguien se ocupó de su cuerpo

La cicatrización ha abierto otra pregunta: ¿pudo recuperarse sin ayuda? La lesión no demuestra por sí sola que recibiera cuidados. Qafzeh 25 quizá era capaz de alimentarse y proteger la zona sin una asistencia constante. Sin embargo, sobrevivir a un corte facial importante en un mundo sin antibióticos habría sido más sencillo con otros miembros del grupo proporcionando comida, protección o ayuda mientras disminuía el dolor.

El contexto de su muerte añade otra capa. El nuevo análisis tafonómico no encontró señales claras de exposición prolongada, mordeduras de carroñeros o desplazamiento natural. Los autores concluyen que el cuerpo fue enterrado deliberadamente, reforzando la interpretación de Qafzeh como uno de los primeros lugares conocidos donde los humanos depositaban intencionadamente a sus muertos.

No sabemos quién hirió a Qafzeh 25, quién pudo cuidarlo ni cuánto tiempo transcurrió antes de su muerte. Lo que quedó grabado en su mandíbula fue una escena humana completa: un filo, una herida que no logró matarlo y un cuerpo que, al final, no fue abandonado.

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