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Ciencia

La capa de ozono continúa recuperándose, aunque el agujero antártico alcanzó su máximo antes de lo habitual en 2026

La recuperación de la capa de ozono mantiene una tendencia positiva a largo plazo, pero el comportamiento del agujero antártico sigue variando de un año a otro. En 2026 alcanzó su máxima extensión antes de lo habitual y permaneció por encima del promedio estacional, favorecido por temperaturas especialmente bajas en la estratosfera.
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La capa de ozono continúa dando señales de recuperación después de décadas de deterioro, aunque los datos más recientes muestran que el proceso no avanza de forma lineal. Las condiciones atmosféricas pueden provocar grandes diferencias entre un año y otro, especialmente sobre la Antártida.

Durante 2024 y 2025, la cantidad total de ozono se situó por encima del promedio en extensas regiones del hemisferio sur. Entre 2022 y 2023, en cambio, se habían registrado anomalías negativas relacionadas con cambios en la circulación atmosférica y con los efectos de la erupción del volcán Hunga Tonga.

A largo plazo, sin embargo, la tendencia continúa siendo favorable. El fuerte agotamiento observado entre las décadas de 1960 y 1990 se frenó después de la eliminación progresiva de numerosas sustancias dañinas impulsada por el Protocolo de Montreal.

El agujero de ozono de 2025 fue uno de los menos intensos de las últimas décadas

La Organización Meteorológica Mundial destacó en su boletín sobre el ozono que el agujero antártico registrado en 2025 estuvo entre los menos graves de los últimos 20 años.

Su déficit máximo de masa de ozono alcanzó 36,7 millones de toneladas el 29 de septiembre de 2025, aproximadamente un 25 % por debajo del promedio registrado entre 1990 y 2010.

Los episodios de calentamiento estratosférico ocurridos durante septiembre contribuyeron a limitar la destrucción del ozono y favorecieron una desintegración relativamente temprana del vórtice polar.

Este comportamiento es importante porque las temperaturas extremadamente bajas de la estratosfera facilitan las reacciones químicas en las que intervienen compuestos derivados de los clorofluorocarbonos, responsables históricos de buena parte de la destrucción de ozono.

La capa de ozono continúa recuperándose, aunque el agujero antártico alcanzó su máximo antes de lo habitual en 2026
© Magnific

En 2026 el agujero alcanzó antes su máxima extensión

El panorama de 2026 fue diferente.

El Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus detectó que el agujero de ozono antártico alcanzó su umbral de máxima extensión anual el 12 de septiembre, antes de lo que suele ocurrir habitualmente.

Además, durante ese período se mantuvo alrededor de 5 millones de kilómetros cuadrados por encima del promedio correspondiente a esas fechas.

La explicación está relacionada con las condiciones atmosféricas particulares de este año. Un fuerte descenso de la temperatura de la estratosfera, a unos 20 kilómetros de altura sobre el Polo Sur, generó un entorno especialmente favorable para el desarrollo del agujero.

Esto no significa necesariamente que la recuperación global se haya detenido. Los años 2025 y 2026 muestran, precisamente, hasta qué punto las variaciones meteorológicas de la estratosfera pueden modificar considerablemente el tamaño y la intensidad del agujero de un año a otro.

Europa recibe más radiación ultravioleta por otras razones

En 2026 también se cumplen 100 años de mediciones continuas de ozono en Arosa y Davos, Suiza, una de las series de observaciones más extensas disponibles.

Estos registros permiten comparar las concentraciones actuales con las existentes antes del uso masivo de los CFC. En las latitudes medias del hemisferio norte, los niveles promedio permanecen aproximadamente un 2 % por debajo de los registrados entre 1964 y 1980.

Al mismo tiempo, algunas regiones están experimentando un aumento de la exposición a radiación ultravioleta.

En Europa, las dosis anuales de UV aumentaron hasta un 20 % desde 1995, aunque el fenómeno no se explica principalmente por el ozono. Según los datos citados, aproximadamente el 80 % del incremento está relacionado con una menor nubosidad y el 20 % restante con la reducción de aerosoles atmosféricos.

El Protocolo de Montreal sigue siendo clave

La recuperación observada durante las últimas décadas está estrechamente relacionada con el Protocolo de Montreal, firmado en 1987 y vigente desde 1989, que permitió reducir progresivamente las sustancias responsables de destruir la capa de ozono.

En 2016 se sumó la Enmienda de Kigali, centrada en los hidrofluorocarbonos. Estos gases no destruyen directamente el ozono, pero poseen un elevado potencial de calentamiento global.

El objetivo es reducir su utilización en más de un 80 % durante las próximas décadas. Si la aplicación de la enmienda se completa según lo previsto, podría evitar hasta 0,5 °C de calentamiento global para finales de siglo.

El comportamiento de 2026 recuerda que la recuperación de la capa de ozono puede presentar altibajos anuales. La tendencia de fondo, sin embargo, continúa mostrando los efectos de décadas de cooperación internacional para proteger uno de los escudos naturales más importantes de la Tierra.

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