Al observar en vivo y en directo a los leones y a las hienas la bióloga de vida silvestre Nancy Baker notó que los leones seguían activamente a las hienas. Compartió lo visto con sus colegas, y ellos insistían en que era al revés: que las hienas seguían a los leones para comer los restos que dejaban ellos. Tal vez lo que ella había visto eran encuentros fortuitos, dijeron algunos otros.
Pero resulta que Barker no se equivocaba. Tenía razón. Para probar su hipótesis, Barker y sus colegas les colocaron collares con GPS a 17 leones y 14 hienas manchadas de dos lugares diferentes en el Parque Nacional Etosha de Namibia y el sistema Choba-Linyanti de Botswana. A lo largo de miles de observaciones el equipo confirmó lo que Barker llama la “coreografía oculta” de interacciones entre estos dos depredadores. Los leones solían acercarse a las hienas cuya distancia ideal con respecto a los leones parecía estar en la escala de varios kilómetros. Es decir que a las hienas no les parecía interesante seguir a los leones para comer los restos, como se creía. Observaron que en verdad, preferían mantenerse alejadas. Los resultados del trabajo se publicaron hoy en Frontiers in Ethology.
“Esto nos muestra que su convivencia se basa en el movimiento y no, en encontronazos dramáticos ante las carcasas de animales muertos”, le dijo a Gizmodo Barker, que encabezó el estudio como estudiante del doctorado de la Universidad de KwaZulu-Natal en Sudáfrica. “Lo que vemos no es miedo sino un sutil y persistente alejamiento del peligro”.
El truco está en los detalles
Por razones obvias no es fácil hacer un seguimiento consistente de los animales silvestres como para establecer patrones. Barker le dijo a Gizmodo que “las interacciones momento a momento son casi imposibles de demostrar mediante la observación únicamente”, y este reciente estudio estaba diseñado para vencer esos obstáculos de la logística. Los collares enviaban la posición de los animales a los investigadores cada cinco minutos. Cuando los puntos mostraban que las hienas y los leones estaban muy próximos, el equipo iba documentando los patrones de interacción entre ellos, organizando los datos según tres métodos estadísticos independientes.
“Si los patrones que había observado yo estando en el campo eran reales, aparecerían como sesgos direccionales consistentes. Y así sucedió”, dijo Barker.
Las tres pruebas que efectuaron dejaron conclusiones claras. A las hienas no les gustaba estar cerca de los leones, ni andar por allí para aprovechar las sobras. Lo fascinante era que por lo general los leones macho reaccionaban ante la presencia de las hienas en tanto que las leonas parecían indiferentes en comparación. Para Barker, lo más sorprendente era el esfuerzo de las hienas por evitar a los leones. Su conducta evasiva se detectaba ya a varios kilómetros, afirmó.
Siguiendo las señales
Estas observaciones “superaban la vista de cualquier observador”, según explicó Barker, y el uso de collares con GPS demostró ser sorprendentemente eficiente. Por ejemplo, vieron que una pareja de leones con collares estaba apareando y los datos del movimiento eran muy consistentes con los patrones conocidos del cortejo de los leones. Luego el equipo pudo confirmar en directo que estos dos animales habían formado una pareja.

“Si los collares pueden revelar el cortejo, la competencia y la convivencia sin que haya un observador presente, tenemos entonces una nueva ventana a las vidas de los animales que casi nunca podemos observar”, añadió Barker. Aunque esta no es la primera vez que se señala desde la ciencia que las hienas no roban ni comen las sobras de la comida de los leones, como podríamos pensar, ese error parece seguir presente. Estos resultados se suman a la evidencia de que las interacciones entre los carnívoros son mucho más complejas de lo que podría parecernos “obvio”, según indica el estudio.
Una vida oculta
Dicho esto, los investigadores señalaron en el trabajo que su estudio tenía algunas limitaciones, como el tamaño reducido de la muestra, y que algunas observaciones en cuanto al sesgo de sexo de esta conducta necesitarán validarse mejor. Pero el estudio abre nuevos caminos de investigación y debate sobre las formas complicadas en que comparten el espacio los carnívoros en diferentes ecosistemas. Son preguntas que podrían ser más urgentes de lo que podríamos pensar, según Baker.

“En estos sistemas sucede mucho más de lo que podemos ver, y existe el riesgo de que los destruyamos incluso antes de haberlos documentado. Si un patrón tan fundamental como este no se había detectado entre dos de los grandes carnívoros más estudiados de África, imaginemos lo que todavía no sabemos sobre los depredadores que se persiguen y eliminan en paisajes del mundo entero”, afirmó Baker.