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Ciencia

Elon Musk lleva años diciendo que quiere cambiar el futuro de la humanidad. Un documental de cuatro horas estrenado en Venecia plantea algo bastante más inquietante: que ya tenga demasiado poder para decidir cómo será nuestro futuro

Alex Gibney pasó años reconstruyendo el ascenso de Elon Musk y terminó con una advertencia: coches, cohetes, datos, IA, política y una red social concentran demasiado poder alrededor de una sola persona.
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Durante años, la historia de Elon Musk parecía bastante fácil de contar. Primero llegó PayPal. Después Tesla y la promesa de acelerar el coche eléctrico. SpaceX convirtió los cohetes reutilizables en algo real y Marte dejó de sonar únicamente a ciencia ficción. Incluso cuando compró Twitter, Musk seguía presentando sus proyectos como piezas de una misma misión: cambiar el futuro de la humanidad.

Alex Gibney ha pasado años mirando esa historia desde el otro lado.

El resultado es Musk, un documental de 225 minutos y un intermedio de diez que acaba de estrenarse fuera de competición en el Festival de Venecia. Su pregunta central ya no es qué quiere construir Musk, sino algo bastante más incómodo: cómo una sola persona terminó acumulando influencia sobre automóviles, cohetes, satélites, inteligencia artificial, una de las mayores redes sociales del mundo y, finalmente, la política.

El documental iba a ser mucho más corto. Entonces Musk siguió acumulando poder

Elon Musk lleva años diciendo que quiere cambiar el futuro de la humanidad. Un documental de cuatro horas estrenado en Venecia plantea algo bastante más inquietante: que ya tenga demasiado poder para decidir cómo será ese futuro
© Getty Images / Kenny Holston/The New York Times/Bloomberg.

Gibney comenzó el proyecto años atrás y esperaba realizar una película bastante más pequeña. El problema fue que su protagonista no dejó de añadir capítulos. Musk compró Twitter y lo convirtió en X, intensificó su participación en debates políticos y terminó estrechamente vinculado a Donald Trump. Según Reuters, ese crecimiento de su influencia hizo que Gibney ampliara progresivamente el documental hasta convertirlo en una obra de casi cuatro horas.

La propia Biennale describe la película como una reinterpretación del empresario como una versión del siglo XXI del “confidence man”, alguien capaz de utilizar una narrativa cuidadosamente construida para proyectar poder. Gibney compara ese mecanismo con El mago de Oz: la película intenta correr la cortina para enseñar las palancas que existen detrás de la imagen gigantesca.

Para hacerlo habló con personas que estuvieron muy cerca de Musk: su primera esposa Justine Musk, su expareja Ashley St. Clair, el cofundador de Tesla Martin Eberhard, la periodista Zoë Schiffer y Geoffrey Hinton, uno de los investigadores fundamentales de la IA moderna. Pero hubo también muchos otros que no quisieron aparecer.

Gibney aseguró en Venecia que encontró un “miedo casi existencial” entre críticos, antiguos colaboradores e incluso amigos de Musk. Según el director, habló con numerosas personas que finalmente rechazaron hacerlo públicamente.

Twitter, Trump, IA y una “legión” antes de la guerra civil

Elon Musk lleva años diciendo que quiere cambiar el futuro de la humanidad. Un documental de cuatro horas estrenado en Venecia plantea algo bastante más inquietante: que ya tenga demasiado poder para decidir cómo será ese futuro
© Getty Images / Pascal Le Segretain.

Uno de los testimonios más explosivos pertenece a Ashley St. Clair, madre de uno de los hijos de Musk. St. Clair afirma que Musk le escribió que necesitaba tener “una legión de niños antes de la guerra civil”. También sostiene que representantes del empresario le ofrecieron 40 millones de dólares y pagos mensuales a cambio de firmar un acuerdo de confidencialidad, algo que rechazó.

Su aparición conecta la vida privada de Musk con una cuestión mucho más amplia del documental: su visión política y el papel de X. St. Clair acusa al empresario de utilizar la plataforma para alimentar deliberadamente divisiones que, en su opinión, podrían tener consecuencias reales si no existen mecanismos para limitar ese poder.

Gibney extiende la cuestión a la inteligencia artificial. El documental incluye a Geoffrey Hinton precisamente para plantear qué puede ocurrir cuando sistemas de IA, enormes cantidades de datos, infraestructura tecnológica y capacidad política quedan cada vez más cerca unos de otros. Algunas de las posibilidades que presenta la película son advertencias e hipótesis, no pruebas de que Musk esté utilizando esos recursos para manipular elecciones.

Ahí está probablemente la idea más potente de Musk. No existe una única empresa capaz de explicar el poder del empresario. Es la combinación.

El problema ya no es Musk. Es cuánto poder puede acumular una persona

Elon Musk lleva años diciendo que quiere cambiar el futuro de la humanidad. Un documental de cuatro horas estrenado en Venecia plantea algo bastante más inquietante: que ya tenga demasiado poder para decidir cómo será ese futuro
© Getty Images / Mario Anzuoni.

Tesla afecta al transporte. SpaceX y Starlink controlan infraestructura espacial y comunicaciones. X tiene capacidad para moldear conversaciones públicas. xAI compite por construir algunos de los sistemas de inteligencia artificial más avanzados. Y todas ellas orbitan alrededor de la misma figura.

Gibney no disimula cuál es su conclusión. En Venecia calificó a Musk como “extremadamente” peligroso para la democracia y describió su creciente participación política como una mezcla de convicción ideológica e intereses empresariales. Musk, por su parte, ha rechazado desde hace tiempo el proyecto y lo ha descrito como un ataque sesgado contra él. Quizá por eso las casi cuatro horas de película terminan conduciendo a una pregunta que es mucho más grande que Musk.

Durante años discutimos si sus coches funcionarían, si sus cohetes aterrizarían o si algún día conseguirá llegar a Marte. El documental de Gibney propone que quizá llevamos demasiado tiempo mirando qué quiere construir Elon Musk y demasiado poco preguntándonos qué ocurre cuando alguien consigue suficiente poder como para empezar a decidir el futuro que tendremos los demás.

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