Imagen: Pixabay

El debate alrededor del aborto ha sido, y sigue siendo, un problema de división cultural y social basada en enfoques radicalmente distintos de la compleja cuestión del comienzo de la vida. Sin embargo, e independientemente del lado que estés, el siguiente caso te hará replantearte la aplicación de algunas leyes.

El caso, publicado recientemente bajo el título “El mito de la elección” en la revista Annals of Internal Medicine (y firmado por un médico anónimo), es un ensayo de una experiencia desgarradora que vivió un doctor en Estados Unidos cuando una mujer embarazada se vio obligada a dar a luz a un bebé sin cráneo.

Conocido como anencefalia, este defecto de nacimiento fatal afecta a 1.206 embarazos al año solo en Estados Unidos. En el caso que nos ocupa, en la gravedad que detectó el médico, con un cuerpo sin cerebro ni cráneo y tan solo un tallo cerebral, no había absolutamente ninguna posibilidad de que sobreviviera. Como explica al comienzo de su exposición:

La medicina moderna ha permitido a la humanidad más control sobre la vida y la muerte que nunca antes, y sin embargo, a veces, la idea de “elección” es simplemente una mentira. Ya sea un legislador, un médico, una enfermera o un futuro padre, nuestras esperanzas, deseos, creencias y elecciones no pueden salvar a aquellos que están condenados.

En estas situaciones, todo lo que podemos controlar es nuestro dolor, y en algunos estados, no permitimos que las mujeres embarazadas o los profesionales que las tratan tengan la máxima dignidad.

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Al parecer, la mujer, inmigrante que vivía en Estados Unidos con su marido, no pudo visitar al médico durante gran parte del embarazo, ya que no tenía coche y el centro más cercano estaba muy lejos, además, su pareja trabajaba largas horas hasta llegar de madrugada al hogar.

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Cuando por fin acudió a un centro, el médico detalla que tuvo que contarle a la mujer, a través de un intérprete, la condición fatal de su feto:

Esperas a que el paciente rompa el silencio. Los latidos del corazón del bebé trotan a través de los monitores mientras que suavemente sostienes su mirada. Sus ojos te suplican. Termínalo. Hablas con los obstetras, porque sabes que un día temprano terminará. Pero nadie lo hará por ella. No en este estado del país. No en este hospital. Y así, la madre vuelve a casa, embarazada y afligida.

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Unos días más tarde, la madre volvió al hospital y tuvo que dar a luz de forma involuntaria a un feto que ella y los médicos sabían que moriría poco después:

El bebé nace sin cráneo, con los ojos como chicles demasiado grandes para sus cuencas. Vivo, brevemente. Duele mirarlo. Algunas enfermeras necesitan que lo soluciones, que salves a este bebé con la magia de la medicina. Les recuerdas que es muy prematuro, que no tiene cerebro, que no puede sobrevivir. Esto no es un diagnóstico ambiguo.

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El doctor se acerca a la madre y le dice que lo arrope, “pero ella se niega, porque no quiere tener un vínculo. Suavemente, el bebé muere”, cuenta el médico.

El doctor explica en el artículo que no es la primera vez que ha tenido que cuidar a una mujer “cuyos deseos fueron distorsionados por la política”. El médico continuó describiendo cómo se gasta con demasiada frecuencia el dinero para tratar de salvar a los bebés nacidos con diagnósticos fatales que finalmente mueren.

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“La dignidad en el dolor es el regalo. Has habilitado falsas esperanzas, no para curas sino para el tiempo de unión, esperanza y curación. Son los padres a quienes curas. La esperanza es falsa. Todos estos niños murieron al final”, concluye el artículo.

Un trabajo que se publica tras la ola de leyes contra el aborto aprobadas en muchos estados de Estados Unidos. El último fue Louisiana con una ley que restringe el procedimiento después de que se detecte el “latido cardíaco fetal”, es decir, a las seis semanas del embarazo, cuando muchas mujeres, independientemente de sus circunstancias, todavía no saben si quiera que están embarazadas. [Annals of Internal Medicine vía ScienceAlert]