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Tecnología

La IA se ha colado en la semana grande de la ONU. Bill Gates pone 1.000 millones sobre la mesa y Sam Altman pide reglas globales para la próxima generación de modelos

Mientras los líderes mundiales se reúnen en Nueva York, la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los grandes temas de la semana. Gates quiere extender sus beneficios a los países más pobres y Altman llevará sus riesgos al Consejo de Seguridad.
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La inteligencia artificial ya no es únicamente una discusión de Silicon Valley. Esta semana ha llegado prácticamente hasta el centro de la diplomacia mundial.

Coincidiendo con la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, Bill Gates ha convertido la IA en el eje de Goalkeepers 2026, la iniciativa de la Gates Foundation vinculada al seguimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. A pocos kilómetros de allí, Sam Altman tiene otra cita todavía más inusual: el CEO de OpenAI participará presencialmente en una sesión abierta del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas dedicada a la inteligencia artificial y la seguridad internacional.

Los dos llegan con preocupaciones diferentes, pero con un punto común: la tecnología avanza demasiado rápido como para pensar que sus consecuencias se resolverán únicamente dentro de las empresas que la desarrollan.

Gates quiere gastar 1.000 millones de dólares para que la IA no sea solo para los países ricos

La Gates Foundation ha acompañado su encuentro de Nueva York con uno de sus mayores compromisos relacionados con inteligencia artificial: al menos 1.000 millones de dólares durante los próximos dos años.

El dinero se destinará a desarrollar y desplegar herramientas en cuatro grandes áreas. Un 40% irá a educación y otro 40% a salud; un 10% se centrará en agricultura y el 10% restante servirá para construir infraestructura digital, incluidos conjuntos de datos en idiomas que actualmente tienen poca representación en los grandes modelos.

El problema que señala Gates es bastante sencillo. Gran parte de la primera generación de modelos fue entrenada principalmente con contenido en inglés y pensando en usuarios de mercados con altos ingresos. Según el informe Goalkeepers 2026, más del 90% de los datos empleados por los primeros grandes modelos de lenguaje procedía de fuentes en inglés.

La fundación ya está intentando cambiar esa situación. Entre sus proyectos aparecen sistemas destinados a ayudar a trabajadores sanitarios, tutores educativos y herramientas capaces de asesorar a pequeños agricultores utilizando información local sobre suelo, clima o cultivos.

Además, mantiene acuerdos con varias de las empresas que están detrás de los modelos actuales. En mayo anunció, por ejemplo, una colaboración plurianual de 200 millones de dólares con Anthropic para proyectos de salud, educación y agricultura. También trabaja con OpenAI en Horizon 1000, una iniciativa para llevar herramientas de IA a 1.000 centros de atención primaria y sus comunidades en África subsahariana.

Sam Altman llevará una preocupación diferente al Consejo de Seguridad

Mientras Gates habla principalmente de quién podrá utilizar la IA, el encuentro del Consejo de Seguridad aborda otra cuestión: qué ocurre cuando estos sistemas se convierten en un problema de seguridad internacional.

La reunión fue convocada por Francia, que preside el Consejo durante septiembre, y estará encabezada por el ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot. Altman tiene previsto defender la necesidad de una mayor coordinación internacional y de estándares de seguridad compartidos entre países.

La discusión llega además en un momento peculiar. Varias de las principales figuras de la industria han advertido recientemente sobre el ritmo al que están mejorando los modelos y han pedido mecanismos independientes de evaluación y una mayor coordinación entre desarrolladores. Al mismo tiempo, existe un fuerte desacuerdo entre empresas y gobiernos sobre cuánto deberían ralentizarse o regularse esos avances.

OpenAI también publicó esta semana una propuesta para que Estados Unidos impulse estándares técnicos internacionales para los sistemas de IA más avanzados, incluyendo protocolos comunes de evaluación y notificación de incidentes.

La discusión sobre la IA acaba de cambiar de escenario

Naciones Unidas ya había abordado el problema. En julio de 2023, el Consejo de Seguridad celebró su primera sesión específica sobre inteligencia artificial. Lo diferente ahora es la velocidad con la que el asunto ha pasado de ser una cuestión tecnológica a mezclarse con desarrollo económico, empleo, desigualdad y seguridad entre Estados.

Por eso las dos conversaciones de Nueva York parecen casi las dos caras del mismo problema. Gates plantea que una IA extremadamente capaz podría ampliar todavía más la brecha mundial si sus beneficios permanecen concentrados en unos pocos países y empresas. Altman llega al Consejo de Seguridad con otra pregunta: cómo coordinar a esos mismos países cuando la tecnología empiece a tener capacidades cada vez mayores.

La inteligencia artificial lleva años prometiendo cambiar el mundo. Lo nuevo es que quienes discuten qué hacer con ella ya no están sentados únicamente en laboratorios y empresas tecnológicas: también están empezando a ocupar las salas de Naciones Unidas.

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