Hay animales tan escasos que los científicos conocen prácticamente a cada uno de ellos. Les asignan un número de identificación, registran sus cicatrices, estudian sus desplazamientos y documentan cuándo tienen descendencia. Eso ocurre con la ballena franca del Atlántico Norte, una especie de la que sobreviven aproximadamente 380 ejemplares. Por eso, cuando una hembra de más de 38 años apareció en aguas de Canadá acompañada de una cría que nadie había visto antes, los investigadores se llevaron una sorpresa extraordinaria.
La ballena se llama Silt, tiene el número de catálogo 1817 y lleva siendo observada desde 1988. Los científicos sabían que había tenido cinco crías, pero desconocían que durante este año había dado a luz por sexta vez. Lo más sorprendente es que madre e hija o hijo consiguieron pasar meses sin ser detectados, pese a los programas de vigilancia que siguen los movimientos de estos animales.
El New England Aquarium confirmó el hallazgo el 2 de noviembre de 2026. La historia volvió a ocupar titulares internacionales el viernes 6, cuando Associated Press informó de que el descubrimiento eleva a 24 las crías documentadas durante la última temporada reproductiva, la cifra más alta desde 2009.
Una fotografía tomada en Canadá reveló el nacimiento que nadie había conseguido detectar

El descubrimiento comenzó el 25 de septiembre, cuando investigadores del Mingan Island Cetacean Study observaron a dos ballenas francas nadando cerca de la isla de Anticosti, en Quebec.
Los científicos fotografiaron a ambos animales y enviaron las imágenes al New England Aquarium, responsable del catálogo de identificación de las ballenas francas del Atlántico Norte.
Cada individuo presenta un patrón particular de callosidades, unas zonas de piel engrosada alrededor de la cabeza que permiten reconocerlo visualmente. Tras comparar las fotografías con los registros existentes, los investigadores identificaron a la madre y comprobaron que la cría no figuraba en los censos anteriores.
Silt había sido observada brevemente en febrero en las zonas de reproducción del sureste de Estados Unidos. Es posible que diera a luz allí, pero no existe una observación que permita confirmar cuándo o dónde nació el pequeño.
Lo extraordinario es que ambos animales pasaron después por las rutas migratorias de la costa este norteamericana sin aparecer en los reconocimientos aéreos y marítimos. Según NOAA Fisheries, esta es la sexta cría conocida de Silt, que además tiene tres nietos y un bisnieto.
La nueva cría es una buena noticia para una especie que ha perdido demasiados individuos

El descubrimiento tiene un significado especial porque la ballena franca del Atlántico Norte se encuentra en peligro crítico de extinción. Su reproducción es lenta y apenas quedan unas 70 hembras en edad reproductiva. Después de una temporada de 2018 en la que no se registró ninguna cría, los investigadores comenzaron a observar una recuperación parcial, aunque insuficiente para garantizar el futuro de la especie.
La historia de Silt también refleja las amenazas que enfrentan estos animales. La hembra sobrevivió al menos a cinco episodios de enredo en artes de pesca, algunos de los cuales le dejaron cicatrices visibles.
Dos de sus descendientes no tuvieron la misma suerte. Una cría nacida en 2002 murió en 2005 tras una colisión con una embarcación. Otra, conocida como Division y nacida en 2022, falleció este año después de sufrir un grave enredo en aparejos de pesca.
La situación se complica porque las ballenas recorren enormes distancias entre sus zonas de reproducción y alimentación. Los cambios en la distribución de sus presas pueden llevarlas a regiones donde las medidas de protección son insuficientes, aumentando el riesgo de accidentes.
Por eso, los expertos del New England Aquarium consideran importante cada nacimiento, pero insisten en que reducir las colisiones con barcos y los enredos es indispensable para que la población siga creciendo.
El misterio de la cría de Silt todavía no está completamente resuelto: nadie sabe con certeza dónde nació ni cómo consiguió pasar inadvertida durante meses. Pero su aparición confirma algo esperanzador para una especie que ha estado peligrosamente cerca de desaparecer: incluso después de décadas de vigilancia, todavía pueden producirse buenas noticias inesperadas en el océano.