Algo extraordinario está ocurriendo a unos 30 kilómetros sobre el Ártico. Allí, donde cada otoño se forma una gigantesca circulación de vientos que ayuda a mantener el aire más frío cerca del Polo Norte, los meteorólogos están observando un debilitamiento que normalmente no esperarían hasta mucho más avanzado el invierno. El vórtice polar está sufriendo una perturbación excepcionalmente temprana, y algunos modelos apuntan a que podría dividirse o experimentar una inversión de sus vientos.
Lo sorprendente no es que el vórtice se debilite. Este fenómeno ocurre de forma natural algunos inviernos. La anomalía está en el calendario: los registros de calentamientos estratosféricos importantes sitúan los episodios más tempranos a finales de noviembre, mientras que este año la alteración ha comenzado durante los primeros días del mes.
El viernes 6 de noviembre de 2026, científicos del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) describieron la situación como una perturbación de una precocidad sin precedentes en las observaciones. La noticia fue recogida el sábado por AFP a través de Phys.org.
Los científicos observan un calentamiento repentino a 30 kilómetros de altura que podría alterar el comportamiento del vórtice polar

El vórtice polar estratosférico es una gran circulación de vientos que gira de oeste a este alrededor del Ártico. Normalmente se fortalece durante el otoño y alcanza su máxima intensidad en pleno invierno.
Sin embargo, grandes ondas atmosféricas pueden propagarse desde las capas inferiores y perturbar esta circulación. Cuando depositan suficiente energía en la estratosfera, las temperaturas aumentan rápidamente y los vientos se debilitan. Este proceso recibe el nombre de calentamiento súbito estratosférico.
El Met Office británico confirmó el 4 de noviembre que el calentamiento ya estaba produciéndose. Sus modelos contemplaban una posible inversión temporal de los vientos, aunque todavía existían dudas sobre si el episodio alcanzaría la categoría de calentamiento estratosférico mayor.
Para ello, la circulación media de oeste a este a unos 60 grados de latitud norte, medida al nivel de presión de 10 hectopascales, debe cambiar de dirección. En los registros que se remontan a mediados del siglo XX, los episodios de noviembre identificados hasta ahora ocurrieron el día 28, en 1958, 1968 y 2025.
Una alteración a comienzos de noviembre supondría, por tanto, una diferencia de más de tres semanas respecto a aquellas fechas.
Europa y Estados Unidos podrían experimentar cambios importantes, pero los meteorólogos advierten que el frío no está garantizado

Cuando una perturbación estratosférica consigue propagarse hacia las capas inferiores de la atmósfera, puede modificar la corriente en chorro, favoreciendo bloqueos atmosféricos y cambios en las trayectorias de los sistemas meteorológicos.
En determinados episodios, esto aumenta las posibilidades de que aire ártico alcance Europa, Norteamérica o Asia. Sin embargo, no siempre ocurre y sus efectos pueden tardar semanas en manifestarse.
El meteorólogo Andrew Charlton-Perez, de la Universidad de Reading, explicó el 6 de noviembre que una irrupción de nieve inmediata en Reino Unido parece poco probable. La atmósfera, los océanos y los continentes todavía conservan demasiado calor del verano.
De hecho, el investigador señaló otra posible consecuencia: periodos prolongados de tiempo seco, especialmente preocupantes para regiones británicas cuyos embalses necesitan recuperarse tras meses de sequía.
También existen interrogantes sobre las causas de la perturbación. El episodio de El Niño, particularmente intenso este año, podría estar contribuyendo al fenómeno, aunque los científicos todavía no pueden atribuírselo. Otras configuraciones de presión atmosférica sobre Eurasia podrían estar interviniendo.
El calentamiento global tampoco ofrece una explicación directa confirmada para este episodio concreto. Por ahora, la conclusión es clara: los meteorólogos están presenciando una alteración estratosférica excepcionalmente temprana, pero eso no equivale a anunciar una ola de frío histórica.
La gran incógnita será comprobar si el debilitamiento continúa, si los vientos llegan a invertirse y, sobre todo, si la perturbación consigue afectar a las condiciones meteorológicas de diciembre.
El invierno del hemisferio norte acaba de sumar una variable extraordinaria. Y lo que suceda durante las próximas semanas determinará si este fenómeno queda como un récord atmosférico o si también termina cambiando el tiempo que millones de personas experimentarán en la superficie.