Todos sabemos que la Luna y el Sol mueven el mar: sus atracciones gravitatorias generan las mareas que suben y bajan cada día en las costas. Lo que es menos conocido es que esas mismas fuerzas también deforman la parte sólida del planeta. La corteza terrestre se estira y se comprime levemente, una y otra vez, con un ritmo regular. La pregunta que los sismólogos se hacen desde hace décadas es si ese vaivén puede influir en el movimiento de las fallas.
Un nuevo estudio teórico, firmado por Yishuo Zhou, Ankit Gupta, Hideo Aochi, Alexandre Schubnel, Satoshi Ide, Pierpaolo Dubernet y Harsha Bhat, y publicado en el Journal of Geophysical Research: Solid Earth, propone un mecanismo para explicar cómo esas pequeñas fuerzas pueden desencadenar un tipo particular de movimiento sísmico: los terremotos lentos.
Qué es un terremoto lento

Un terremoto común libera su energía en segundos. Los terremotos lentos, en cambio, son deslizamientos de una falla que se desarrollan durante horas, días o incluso meses. No producen sacudidas fuertes y suelen pasar desapercibidos para las personas: solo los detectan instrumentos muy sensibles, que registran temblores de baja frecuencia o pequeños desplazamientos del terreno.
Este tipo de eventos se observa en varias zonas de subducción del mundo, donde una placa tectónica se hunde bajo otra, como en Japón, en la costa noroeste de Norteamérica o en México. Entenderlos es importante, porque reflejan cómo se acumula y se libera la tensión en las fallas.
Una fuerza diminuta
Las tensiones que generan las mareas en la corteza son minúsculas, del orden de unos pocos kilopascales, algo comparable a la presión de una mano apoyada con suavidad. Por sí solas no pueden romper una falla. Pero si la falla ya está al borde de deslizarse, ese pequeño empujón periódico puede marcar la diferencia.
Para estudiarlo, los investigadores usaron un modelo físico clásico en sismología: un bloque unido a un resorte que se desliza sobre una superficie con fricción, una forma simplificada de representar una falla. Le aplicaron tensiones que imitan las de las mareas y analizaron cómo respondía.
Como empujar un columpio
El resultado más llamativo fue una especie de resonancia. Cuando la duración de los empujones se acerca a un tiempo característico propio de la falla, la velocidad de deslizamiento se amplifica. Es parecido a lo que ocurre al empujar un columpio: pequeños impulsos en el momento justo pueden generar un movimiento grande.
El modelo también mostró que, según el período y la intensidad de las mareas, el momento en que se dispara el deslizamiento cambia, y que si la intensidad aumenta, los eventos pueden pasar de lentos a rápidos. La influencia es mayor durante la luna nueva y la luna llena, cuando las atracciones del Sol y la Luna se suman.
No sirve para predecir terremotos
La idea de que las mareas influyen en los sismos no es nueva. En 2004, un estudio publicado en Science ya había encontrado una relación entre las mareas terrestres y ciertos terremotos en fallas poco profundas. Y en la falla de San Andrés, en California, se observó que la actividad de los temblores de baja frecuencia varía con el ciclo de las mareas.
Pero es importante no exagerar el alcance de estos hallazgos. Las mareas actúan como un posible disparador o como un factor que influye en el momento de un evento, no como la fuente de la energía, que se acumula durante años por el movimiento de las placas tectónicas. Las fallas reales son mucho más complejas que un modelo teórico, y las mareas no permiten predecir cuándo ocurrirá un gran terremoto. Lo que sí ofrecen es una herramienta para estudiar cómo funcionan las fallas en profundidad, algo imposible de observar directamente.