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Ciencia

Científicos encuentran una nueva forma de saber dónde podrían ocurrir los terremotos más grandes

Predecir el día y la hora de un gran terremoto continúa fuera del alcance de la ciencia. Sin embargo, investigadores de la Universidad de California en Riverside han desarrollado un método capaz de identificar qué zonas de una falla están más bloqueadas y acumulando deformación, señalando dónde podría producirse una futura gran ruptura.
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No pueden decir cuándo, pero sí localizar las zonas más preocupantes

Uno de los grandes objetivos de la sismología sigue siendo anticipar mejor dónde pueden producirse los terremotos más destructivos.

Hasta ahora, la ciencia puede identificar regiones con elevada peligrosidad sísmica y calcular probabilidades a largo plazo, pero no existe un método capaz de predecir con precisión el día, la hora y la magnitud de un terremoto futuro.

Un nuevo trabajo de investigadores de la Universidad de California en Riverside (UCR) propone avanzar en otro frente: detectar con mayor precisión qué partes de una gran falla están acumulando deformación suficiente como para participar en futuros terremotos gigantes.

La técnica está pensada especialmente para las zonas de subducción, donde una placa tectónica se introduce bajo otra y donde se producen algunos de los terremotos más potentes del planeta.

El GPS puede revelar una falla que lleva décadas bloqueada

Aunque las placas tectónicas están continuamente en movimiento, no todos los puntos de contacto entre ellas se deslizan con facilidad.

Algunos segmentos permanecen bloqueados por fricción durante décadas, mientras las placas siguen intentando desplazarse. Como consecuencia, la corteza próxima se deforma lentamente y almacena energía.

Estas zonas reciben el nombre de asperezas.

El equipo, formado por los geofísicos Axel Periollat y Gareth Funning, desarrolló un método probabilístico que analiza mediciones GNSS —el sistema global de navegación por satélite que incluye al GPS— para detectar esas pequeñas deformaciones del terreno.

En lugar de decidir previamente dónde debería encontrarse una zona bloqueada, el algoritmo prueba múltiples configuraciones posibles y calcula cuáles son las que mejor explican las mediciones observadas.

Científicos encuentran una nueva forma de saber dónde podrían ocurrir los terremotos más grandes
© Magnific

Kamchatka puso el método a prueba

El gran examen llegó con la península rusa de Kamchatka.

Los investigadores utilizaron datos recopilados durante el periodo comprendido entre el enorme terremoto de magnitud 9,0 ocurrido allí en 1952 y el siguiente gran evento. Su modelo encontró una amplia región fuertemente bloqueada en la zona de subducción.

Después, el 29 de julio de 2025, Kamchatka sufrió un terremoto de aproximadamente magnitud 8,8.

Cuando los científicos compararon ambos resultados encontraron algo llamativo: la región que el modelo había identificado como fuertemente bloqueada coincidía ampliamente con la zona que terminó rompiéndose durante el terremoto. Algunas asperezas más pequeñas detectadas por el algoritmo estaban además próximas al lugar donde comenzó la ruptura.

Esto no significa que podamos predecir terremotos

El resultado es prometedor, pero tiene una limitación fundamental.

El método no indicó cuándo iba a romperse la falla.

Una región bloqueada puede acumular deformación durante años o décadas antes de producir un gran terremoto. Tampoco puede conocerse únicamente con este sistema qué magnitud tendrá finalmente el evento o qué tsunami podría generar.

Además, los propios autores reconocen que las partes submarinas y poco profundas de las zonas de subducción siguen siendo difíciles de resolver utilizando únicamente estaciones GNSS terrestres. Las mediciones geodésicas realizadas en el fondo oceánico podrían mejorar considerablemente estos modelos.

Japón, México y Nueva Zelanda están entre los siguientes objetivos

El equipo pretende aplicar ahora este enfoque a otras grandes zonas de subducción del planeta, incluyendo regiones de Japón, México, Nueva Zelanda y el noroeste del Pacífico. La idea no es crear una alarma que diga cuándo llegará el próximo terremoto.

Es algo quizá más útil para la planificación a largo plazo: identificar qué segmentos de una falla parecen estar almacenando más deformación y utilizar esa información para mejorar mapas de peligro, infraestructuras y planes de emergencia.

Porque quizá todavía no podamos saber cuándo llegará el próximo gran terremoto.

Pero estamos empezando a observar con mucho más detalle dónde se está preparando el terreno para que ocurra.

 

 

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.

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