Hay pocas preguntas capaces de incomodar tanto a la física como esta: ¿de qué está hecho realmente el universo? La respuesta parece sencilla hasta que los científicos comparan sus observaciones con sus teorías. Entonces aparece un problema gigantesco. Todo lo que vemos (planetas, estrellas, nebulosas, galaxias e incluso nosotros mismos) representa solo una pequeña fracción del contenido del cosmos. El resto permanece oculto.
Precisamente para intentar comprender esa parte invisible del universo, más de 200 investigadores procedentes de distintos países se han reunido esta semana en Zaragoza en la conferencia internacional Identification of Dark Matter 2026 (IDM2026), uno de los encuentros más importantes del mundo dedicados al estudio de la materia oscura.
Un componente invisible que parece dominar el universo

La materia oscura no emite luz, no refleja radiación y tampoco puede observarse directamente mediante telescopios convencionales. Aun así, los astrónomos están convencidos de que existe.
La razón es que sus efectos aparecen constantemente en las observaciones del cosmos. Las galaxias giran más rápido de lo que deberían, los cúmulos galácticos permanecen unidos cuando aparentemente tendrían que dispersarse y la estructura a gran escala del universo solo puede explicarse si existe una enorme cantidad de masa invisible ejerciendo gravedad.
Las estimaciones actuales indican que la materia oscura representa aproximadamente el 27% del universo. La materia ordinaria, aquella que forma todo lo que conocemos, apenas alcanza una pequeña parte de ese total.
El problema es que nadie ha conseguido identificar qué la compone.
Un misterio que desafía al Modelo Estándar

Según explicaron los investigadores participantes en el congreso y cuenta el sitio 20Minutos, ninguna de las partículas conocidas por la física moderna posee las propiedades necesarias para explicar la materia oscura.
Para Igor García Irastorza, director del Centro de Astropartículas y Física de Altas Energías (CAPA), este es precisamente uno de los aspectos más fascinantes del problema. Si la materia oscura existe (y todas las evidencias apuntan a ello) entonces debe pertenecer a una física que todavía no comprendemos.
Eso implica ir más allá del Modelo Estándar, la teoría que describe las partículas fundamentales conocidas y que durante décadas ha sido una de las herramientas más exitosas de la ciencia.
La situación es tan extraordinaria que algunos investigadores la describen como una puerta abierta hacia un territorio completamente desconocido.
Bajo una montaña española se libra una parte de la búsqueda
Uno de los protagonistas silenciosos de esta investigación se encuentra a cientos de metros bajo tierra. El Laboratorio Subterráneo de Canfranc, situado en los Pirineos aragoneses, alberga experimentos diseñados específicamente para detectar posibles señales de materia oscura. Allí, toneladas de roca protegen los instrumentos de la radiación cósmica que podría interferir con las mediciones.
Proyectos como ANAIS y TREX-DM forman parte de una carrera científica internacional que persigue un objetivo que, hasta ahora, sigue resistiéndose: capturar por primera vez una partícula de materia oscura.
Puede parecer una búsqueda extremadamente especializada, pero las implicaciones serían enormes. Resolver este misterio no solo ayudaría a entender cómo se formaron las galaxias o cómo evolucionó el universo. También obligaría a reescribir parte de las leyes fundamentales que describen la realidad.
Porque, un siglo después de que aparecieran las primeras pistas de su existencia, la materia oscura sigue lanzando el mismo desafío a la ciencia: sabemos que está ahí, pero todavía no sabemos qué es. Y precisamente por eso continúa siendo uno de los mayores enigmas de nuestro tiempo.