Los barriles con puré de Tabasco en la sala de maduración
Photo: Michael Isaac

Fila tras fila de barriles de madera ennegrecida se amontonan hasta una altura de nueve metros en un oscuro almac√©n de Avery Island, en el sur de Louisiana. Harold ‚ÄúTook‚ÄĚ Osborn me gu√≠a a trav√©s de esa interminable muralla de barriles, en un escenario que recuerda a la escena final de En busca del arca perdida.

Las barricas de bourbon recicladas est√°n llenas de pur√© de Tabasco. All√≠ reposa durante tres a√Īos hasta que est√° listo para convertirse en la famosa salsa picante. Algunos de los barriles burbujean suavemente debido a los subproductos gaseosos del proceso de envejecimiento. El aire es denso, con un intenso olor a pimienta, vinagre y sal. Ambos tosemos.

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‚ÄúLos ciervos de la zona se re√ļnen aqu√≠ cuando la plaga de mosquitos se pone realmente mala‚ÄĚ, me dice Osborn. Los vapores son tan poderosos que ahuyentan a los insectos.

Osborn es el vicepresidente ejecutivo de McIlhenny, la compa√Ī√≠a detr√°s de Tabasco, y tatara-tatara nieto de Edmund McIlhenny, el fundador que invent√≥ la popular salsa de pimiento en Avery Island en la d√©cada de 1860. Took comenz√≥ a trabajar para Tabasco cuando era solo un ni√Īo en la d√©cada de 1970 (extraoficialmente, y pagado muy discretamente). Ahora produce m√°s salsa Tabasco en un d√≠a que la que Edmund McIlhenny cocin√≥ en toda su vida. El proceso ha pasado a la producci√≥n en masa con muy pocas modificaciones. ‚ÄúEs notable lo poco que ha cambiado‚ÄĚ, explica.

Cuando salimos del almac√©n en direcci√≥n al sol y al aire puro, nos topamos con uno de los pocos cambios notables que Avery Island ha visto en el ¬īultimo siglo. Hay un dique de casi seis metros pies rodea completamente la instalaci√≥n de Tabasco. En 2005 la compa√Ī√≠a se vio obligada a realizar esta inversi√≥n de 5 millones de d√≥lares despu√©s de que el hurac√°n Rita casi inundara la instalaci√≥n.

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Aunque est√° a solo 152 pies sobre el nivel del mar en su apogeo, Avery Island es uno de los puntos m√°s altos en la costa del Golfo. Est√° a dos horas en coche al oeste de Nueva Orleans, y se asienta sobre una enorme c√ļpula de sal que sobresale de la tierra y se eleva sobre los pantanos y humedales que la rodean. Hace solo una generaci√≥n era impensable que esta fortaleza natural pudiera estar en peligro por el agua, pero las olas del hurac√°n Rita fueron solo un s√≠ntoma de un enorme cambio que est√° teniendo lugar en toda la costa del Golfo. Ese cambio es el resultado de d√©cadas de malas pr√°cticas en el uso de la tierra y del cambio clim√°tico.

‚ÄúLas aguas est√°n subiendo‚ÄĚ, dice Osborn.

Los McIlhenny han emprendido una carrera contrarreloj por salvar la isla a la que su familia y su historia est√°n vinculadas.

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Este dique de $5 millones y 6 metros de alto se construyó después de que el huracán Rita casi inundó las fábricas de Tabasco en 2005.
Photo: Michael Isaac

Louisiana est√° cediendo terreno al agua a raz√≥n de un campo de f√ļtbol cada 100 minutos. Las marismas que anta√Īo eran un colch√≥n entre la costa y el temperamental Golfo de M√©xico se est√°n cayendo a pedazos, exponiendo a las ciudades y pueblos del sur de Louisiana al impacto directo de las mareas y las tormentas. ‚ÄúSi no tienes marismas y defensas naturales para aguantar esa oleada, est√°s completamente indefenso‚ÄĚ, explica Randy Moertle, bi√≥logo veterano y administrador del terreno en Avery Island.

En su día, el río Mississippi sostenía los pantanos y marismas con su exceso de agua dulce y las toneladas de sedimentos que transportaba. Por desgracia, este proceso se inhibió cuando se comenzaron a construir diques para contener el río y evitar las inundaciones, proyectos que aumentaron significativamente a mediados del siglo XIX. Hoy, la Autoridad de Protección contra Inundaciones de Louisiana estima que hay aproximadamente 1.600 kilómetros de estructuras de control de inundaciones a lo largo de todo el río y sus afluentes.

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La industria también ha pasado factura. Desde principios del siglo XX, se han dragado decenas de miles de millas de humedales para construir canales y tender oleoductos y gasoductos. El dragado cambió la delicada hidrología de los humedales y abrió canales al agua salada. El agua marina mata la vegetación de agua dulce que mantiene la tierra unida. Algunos de estos canales han triplicado su anchura desde que fueron construidos, erosionando los bancos de arena con el tiempo.

Mientras tanto, la intensidad creciente de los huracanes y el aumento del nivel del mar, impulsados ‚Äč‚Äčpor el cambio clim√°tico, est√°n agravando todos estos problemas.

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Mientras tomamos un helado de Tabasco cubierto con una salsa de Tabasco y ar√°ndanos (sorprendentemente bueno), Osborn me dice que se siente optimista sobre su permanencia en la isla, incluso cuando una r√°faga de atenci√≥n reciente de los medios ha definido su futuro como incierto. ‚ÄúLuchamos duro. Hemos estado aqu√≠ 150 a√Īos, y creo que alguien seguir√° aqu√≠ para celebrar el 300 aniversario‚ÄĚ, a√Īade.

Osborn sabe de lo que habla. Tiene un master en ciencias ambientales por la Universidad de Oxford y lleva liderando los esfuerzos para proteger la isla desde principios de la década de 1990. Insiste en que la solución no reside solo en la protección mediante ingeniería. En su lugar utiliza un enfoque integral que trata de proteger los ecosistemas, la vida silvestre y la cultura como objetivos paralelos.

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‚ÄúConsiderar los diques una panacea, nunca funciona‚ÄĚ, dice. ‚ÄúUna marisma rompe un hurac√°n m√°s de lo que cualquier dique puede hacer‚ÄĚ.

Su objetivo final es proteger y reconstruir las marismas que act√ļan como colch√≥n entre la isla y las mareas de tormenta. La compa√Ī√≠a ha plantado hierba alta para tapar viejos canales y fortificar los humedales. Se han invertido en estructuras de control de agua para regular el delicado sistema circulatorio de los humedales. Cazan los cerdos salvajes invasores que erosionan los pantanos...

‚ÄúEso son solo las estrategias que han funcionado‚ÄĚ, dice Osborn. ‚ÄúPodr√≠a darte una lista a√ļn m√°s larga de cosas que no funcionaron‚ÄĚ. La autonom√≠a de ser parte de una empresa familiar le permite a Osborn experimentar con cualquier idea que sea asequible y que valga la pena intentar.

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La familia McIlhenny construyó estas terrazas, conocidas como Bird City, en 1895 para ayudar a recuperar a estos pájaros de la casi extinción.
Photo: Michael Isaac

El experimento más ambicioso y posiblemente el más exitoso de Osborn llegó en 2014 cuando ayudó a fundar Rainey Conservation Alliance (RCA), una coalición de grandes terratenientes en Iberia y Vermilion que se han dedicado a restaurar y conservar la costa . (Avery Island se encuentra en la región de Iberia, pero cerca de la frontera entre los dos).

‚ÄúCompet√≠amos uno contra el otro para que estos proyectos de restauraci√≥n costera de varios millones de d√≥lares se hicieran en nuestra propiedad‚ÄĚ, explica Moertl. ‚ÄúEntonces se nos ocurri√≥ la idea de formar una alianza. Borremos los l√≠mites de nuestros terrenos y trabajemos juntos. Pongamos en com√ļn nuestros recursos y nuestra experiencia, y veamos si no podemos abordar esto con un enfoque m√°s regional‚ÄĚ.

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‚ÄúLos l√≠mites de las propiedades son artificiales‚ÄĚ, explica Osborn. ‚ÄúSi la tierra de tu vecino comienza a erosionarse, tambi√©n lo har√° la m√≠a‚ÄĚ. La RCA ahora administra m√°s de medio mill√≥n de acres de tierra, y Moertle cree que el esfuerzo ha sido un aut√©ntico √©xito. Juntos han obtenido decenas de millones de d√≥lares para proyectos costeros incluyendo la creaci√≥n de pantanos, estabilizaci√≥n de bancos de arena y programas de gesti√≥n hidrol√≥gica.

Osborn y Moertle aseguran que estos programas han sido m√°s efectivos que los que se propusieron¬†para mantener bajo control a las compa√Ī√≠as de petr√≥leo y gas. Son iniciativas que obligan a utilizar pr√°cticas m√°s sostenibles y ayudar a reparar el da√Īo causado por d√©cadas de operaciones.

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La RCA tambi√©n ayuda a los funcionarios del gobierno a planificar proyectos y dise√Īar reglamentos. ‚ÄúSomos personas con los pies en la tierra‚ÄĚ, dice Moertle. ‚ÄúLos empleados federales y estatales entienden algo de lo que est√° pasando, pero he estado en la marisma todos los d√≠as de mi vida. La he visto cambiar‚ÄĚ.

El ochenta y cinco por ciento de la costa de Luisiana es de propiedad privada, y Osborn considera que este tipo de esfuerzo local y privado es un ingrediente clave para mantener una costa saludable. A√ļn no est√° claro si este modelo puede recrearse en masa por parte de los terratenientes a lo largo de toda la costa de Luisiana.

Osborn salta detr√°s del mostrador en la tienda de Tabasco de Avery Island para mostrar sus productos favoritos.
Photo: Michael Isaac

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Tabasco es una anomal√≠a entre las empresas de su tama√Īo. Es una empresa privada, inexplicable para los accionistas miopes, y sus propietarios tienen una larga tradici√≥n de conservaci√≥n y preservaci√≥n. En el siglo XIX, E.A. McIlhenny fund√≥ un refugio de aves silvestres en la propiedad familiar que ayud√≥ a traer a las Garcetas Nevadas de vuelta del borde de la extinci√≥n. Los McIlhennys han donado miles de acres de tierra en y cerca de la Isla Avery a la Sociedad Audubon. En 1971, la familia adopt√≥ el lema ‚ÄúEl hombre y el medio ambiente en equilibrio‚ÄĚ.

Además, a diferencia de muchos de los operadores de petróleo y gas con sede en Texas que poseen grandes extensiones de tierra de Luisiana, los McIlhennys están firmemente establecidos en Louisiana.

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‚ÄúTenemos un dicho aqu√≠‚ÄĚ, me dice Osborn. ‚ÄúSi rompes una rama en un roble, plantas un roble. Nunca estar√© aqu√≠ para verlos crecer, pero alguien lo har√°. ‚ÄúSi otras compa√Ī√≠as de Luisiana seguir√°n el modelo de responsabilidad corporativa de Tabasco, o si el ambientalismo de la compa√Ī√≠a se quedar√° como un caso singular de una familia adinerada con mentalidad conservacionista y fuertes ra√≠ces geogr√°ficas, a√ļn est√° por verse.

Sea cual sea el desenlace, a Louisiana no le queda mucho tiempo.