La nave Orión regresaba de la Luna a una velocidad extraordinaria. Mientras atravesaba la atmósfera terrestre, su superficie soportaba temperaturas superiores a los 2.200 grados Celsius y los cuatro astronautas que viajaban en su interior dependían de una barrera diseñada para resistir condiciones extremas. Pero había una preocupación que acompañaba a la NASA desde hacía años: en su misión anterior, esa misma protección había comenzado a desprenderse de una manera que nadie esperaba.
El regreso de Artemis II, el 10 de abril de 2026, permitió comprobar si las modificaciones introducidas por los ingenieros habían sido suficientes. Seis meses después, la agencia publicó los resultados de una evaluación exhaustiva del escudo térmico. Y la diferencia respecto al vuelo anterior resultó mucho mayor de lo previsto.
Un problema que llevaba cuatro años esperando respuestas

Todo comenzó en diciembre de 2022, cuando Artemis I completó su vuelo no tripulado alrededor de la Luna. La cápsula regresó sin incidentes graves, pero las inspecciones posteriores revelaron que parte del material protector se había agrietado y desprendido durante la reentrada. La NASA abrió entonces una investigación para comprender por qué el escudo había perdido material carbonizado de forma inesperada. El responsable no era simplemente el calor, sino lo que ocurría dentro del propio revestimiento.
El escudo utiliza Avcoat, un material ablativo diseñado para degradarse de manera controlada y disipar energía térmica. Sin embargo, los gases generados durante ese proceso no lograban escapar con suficiente rapidez. La presión se acumulaba en el interior, provocaba grietas y terminaba desprendiendo fragmentos. Después de 121 ensayos realizados en diferentes instalaciones, los ingenieros determinaron que podían reducir el problema modificando la trayectoria de regreso. En Artemis II, la nave debía permanecer menos tiempo dentro del intervalo de temperaturas que había desencadenado los daños anteriores.
De 103 zonas dañadas a solo nueve: una diferencia decisiva

Los resultados publicados por la NASA el 15 de octubre fueron especialmente reveladores. Mientras que el escudo de Artemis I había presentado 103 zonas con pérdida de material carbonizado, el de Artemis II mostró únicamente nueve. La agencia concluyó que los cambios en la trayectoria redujeron aproximadamente diez veces el agrietamiento y el desprendimiento de material.
La mejora es significativa porque no fue necesario sustituir completamente la protección existente. Los ingenieros consiguieron modificar las condiciones de reentrada para reducir el daño, utilizando el conocimiento adquirido sobre el comportamiento del Avcoat. Durante el regreso, Orión alcanzó una velocidad máxima equivalente a 39 veces la del sonido y soportó temperaturas exteriores superiores a los 2.200 grados Celsius. Entretanto, la cabina permaneció alrededor de los 24 grados, según las mediciones publicadas por la NASA.
La nave también completó una reentrada precisa, con un amerizaje a menos de un kilómetro del punto previsto frente a San Diego. Las primeras imágenes obtenidas por buzos de la Marina estadounidense ya sugerían que el escudo había resistido mejor que en 2022.
La próxima misión tendrá un escudo todavía más resistente
Una vez recuperada la cápsula, los técnicos trasladaron el escudo al Centro de Vuelo Espacial Marshall, en Alabama, donde comenzaron a realizar radiografías y extracciones de muestras para estudiar sus 186 bloques de Avcoat.
Los análisis confirmaron que el comportamiento térmico y aerodinámico de Orión coincidió con las predicciones. También comprobaron que las 1.300 losetas cerámicas que protegen los laterales de la cápsula habían funcionado correctamente, sin señales de sobrecalentamiento. Sin embargo, la NASA no considera cerrado el trabajo. Los escudos destinados a futuras misiones incorporarán mejoras de fabricación para conseguir una permeabilidad más uniforme del Avcoat y permitir que los gases escapen sin generar presiones peligrosas.
Este aprendizaje será fundamental para Artemis III, prevista como una misión de pruebas en órbita terrestre, y para Artemis IV, con la que la agencia busca retomar los alunizajes tripulados en 2028.
La conclusión es importante para el programa lunar estadounidense: el escudo térmico no necesitaba únicamente resistir más calor. Había que comprender cómo reaccionaba por dentro. Y esa diferencia, aparentemente pequeña, podría resultar determinante para que los próximos astronautas regresen de la Luna con seguridad.