La contaminación lumínica ya no procede únicamente de las grandes ciudades. Miles de satélites que orbitan alrededor de la Tierra están alterando la oscuridad natural del cielo nocturno y dificultando las observaciones astronómicas.
Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad Western Ontario, en Canadá, ha puesto cifras a un problema que preocupa cada vez más a la comunidad científica. Los resultados muestran que numerosas constelaciones comerciales superan los niveles de brillo recomendados por la Unión Astronómica Internacional (UAI).
Las principales protagonistas son Starlink, de SpaceX, y Guowang, el proyecto chino que busca ampliar su infraestructura de comunicaciones espaciales.
Un estudio revela la magnitud de la contaminación lumínica espacial
Los científicos utilizaron seis cámaras instaladas en el Observatorio Elginfield, en Ontario, para registrar la actividad de satélites durante 36 noches entre octubre y noviembre de 2024.
En total, analizaron 24.812 rastros correspondientes a 5.118 satélites diferentes que circulaban por la órbita terrestre baja. Los resultados fueron especialmente preocupantes durante el crepúsculo, cuando la iluminación del Sol favorece que los satélites reflejen luz hacia la superficie terrestre.
De los 15.591 rastros registrados en esas condiciones, 14.997 superaron el umbral de brillo recomendado, aproximadamente el 96%.
La UAI recomienda que los satélites mantengan una magnitud visual cercana a 7 o superior, un valor que generalmente los hace invisibles a simple vista y reduce su interferencia con los telescopios.

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Starlink acumula más casos, pero China presenta peores porcentajes
Starlink es actualmente una de las mayores responsables de este fenómeno debido a la enorme cantidad de satélites que mantiene en funcionamiento.
Según los datos del estudio, aproximadamente dos tercios de los pasos detectados que superaban el límite de brillo correspondían a esta constelación. Sin embargo, cuando se analiza la proporción de pasos potenciales que incumplen la recomendación, Guowang obtiene resultados todavía peores. Los satélites de la constelación china superaron el umbral en más del 50% de sus pasos posibles, mientras que Starlink lo hizo en aproximadamente el 25%.
Estos resultados deben interpretarse con cautela, ya que Guowang todavía tenía una cantidad muy reducida de satélites durante el período de observación. En contraste, OneWeb fue la constelación que mostró un mejor desempeño, con aproximadamente un 6% de pasos por encima del límite recomendado.
Los observatorios astronómicos podrían sufrir consecuencias cada vez mayores
El problema no consiste solamente en que los satélites puedan verse desde la Tierra. Su brillo también genera líneas luminosas en las imágenes captadas por los telescopios, lo que puede dificultar la identificación de objetos astronómicos tenues.
Los investigadores estiman que alrededor de una de cada tres exposiciones de 30 segundos realizadas durante el crepúsculo en el Observatorio Vera C. Rubin, en Chile, podría contener el rastro de un satélite.
Esto representa un desafío importante para los proyectos científicos que necesitan fotografiar amplias regiones del cielo con gran precisión.
Además, el crecimiento de las megaconstelaciones podría intensificar el problema durante los próximos años.

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Reducir el brillo de los satélites será fundamental para proteger el cielo nocturno
Algunas compañías espaciales ya están experimentando con recubrimientos oscuros y modificaciones en el diseño de sus satélites para disminuir la cantidad de luz solar que reflejan. Aunque estas medidas han demostrado resultados prometedores, su eficacia varía según las características de cada vehículo y las condiciones de observación.
El estudio demuestra que existen diferencias importantes entre operadores y que reducir la contaminación lumínica es técnicamente posible. Sin embargo, los especialistas advierten que las recomendaciones actuales no son obligatorias y que el crecimiento acelerado de las constelaciones exige medidas más eficaces.
El desafío será encontrar un equilibrio entre la expansión de las comunicaciones satelitales y la protección de un recurso científico y natural cada vez más amenazado: la oscuridad del cielo nocturno.