Durante décadas, los objetos voladores no identificados ocuparon un territorio incómodo entre la ciencia, las teorías conspirativas y los secretos militares. Mientras los astrónomos buscaban señales de vida en planetas lejanos, buena parte de los avistamientos registrados en la Tierra quedaba bajo la supervisión de organismos de defensa e inteligencia. Pero el director de la NASA, Jared Isaacman, acaba de pronunciarse sobre una posibilidad que continúa generando controversia: ¿qué ocurriría si alguno de esos fenómenos tuviera realmente un origen extraterrestre?
En una entrevista televisiva, el responsable de la agencia espacial estadounidense defendió la necesidad de investigar sin descartar explicaciones antes de tiempo. Y dejó una definición institucional especialmente llamativa: si alguna vez se demuestra que estos fenómenos tienen un origen extraterrestre, la NASA debería participar directamente en su estudio.
Sus palabras no confirman la existencia de naves alienígenas. Sin embargo, reavivan una discusión sobre quién debe investigar los fenómenos que todavía no conseguimos explicar.
El director de la NASA habló de extraterrestres, pero también de una amenaza mucho más cercana

Durante una entrevista con Blake Burman en el programa The Hill, de NewsNation, Isaacman fue consultado sobre los fenómenos anómalos no identificados, conocidos como FANI o UAP en inglés. Según recoge Space.com en su cobertura de las declaraciones del administrador de la NASA, Isaacman defendió mantener una actitud abierta ante las distintas explicaciones posibles. «Si son extraterrestres, creo que la NASA debería tener un asiento en la mesa», afirmó.
Sin embargo, su interpretación personal apuntó primero hacia fenómenos naturales o desarrollos tecnológicos de origen humano. Isaacman planteó incluso la posibilidad de estar frente a un nuevo «momento Sputnik», en referencia al satélite soviético que sorprendió a Estados Unidos en 1957 y aceleró la carrera espacial. Algunos objetos aparentemente inexplicables podrían ser tecnologías militares avanzadas que todavía no conocemos, incluidas posibles capacidades de potencias rivales.
La comparación plantea una cuestión estratégica: antes de atribuir un fenómeno a una civilización extraterrestre, también es necesario investigar si existe una explicación tecnológica terrestre.
La NASA ya había investigado los ovnis y llegó a una conclusión fundamental

Aunque las declaraciones de Isaacman resultan llamativas, la agencia espacial no está empezando desde cero. En septiembre de 2023, la NASA publicó un informe independiente sobre fenómenos anómalos no identificados, elaborado por un equipo multidisciplinario de especialistas.
El documento concluyó que no existían pruebas científicas concluyentes de un origen extraterrestre para estos fenómenos. También advirtió que muchos registros carecen de información suficiente para identificar con precisión lo observado. Fotografías borrosas, sensores con limitaciones, errores de percepción y fenómenos atmosféricos pueden producir situaciones aparentemente extraordinarias.
La agencia incluso estableció una función de dirección para coordinar investigaciones sobre estos casos, aunque el protagonismo gubernamental continúa recayendo en organismos como la Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios (AARO), dependiente del Departamento de Defensa. En sus preguntas frecuentes oficiales sobre los FANI, la NASA mantiene una posición explícita: no ha encontrado evidencias creíbles de vida extraterrestre ni pruebas de que los fenómenos anómalos tengan ese origen. La diferencia entre investigar una posibilidad y demostrarla sigue siendo fundamental.
El debate sobre los ovnis conecta con una pregunta que la NASA todavía no ha podido responder
Isaacman también recordó que la búsqueda de vida extraterrestre no depende exclusivamente de avistamientos inexplicables. Algunos de los lugares más interesantes se encuentran dentro de nuestro propio Sistema Solar. Europa, una luna de Júpiter, y Encélado, que orbita Saturno, poseen evidencias de océanos bajo sus superficies heladas.
La misión Europa Clipper de la NASA estudia las condiciones de habitabilidad de Europa, mientras que los datos obtenidos por Cassini han permitido identificar compuestos químicos de interés astrobiológico en Encélado. Ninguno de estos descubrimientos demuestra que exista vida en esos mundos. Pero indican que los ambientes potencialmente habitables podrían no ser exclusivos de la Tierra.
Para Isaacman, esa incertidumbre justifica que la NASA participe cuando surjan preguntas científicas sobre posibles fenómenos extraterrestres. La paradoja es que podemos investigar océanos situados a cientos de millones de kilómetros y, al mismo tiempo, seguir sin comprender completamente algunos registros obtenidos en nuestro propio planeta.
La posición del director no supone una confirmación de visitas alienígenas ni una ruptura con las exigencias del método científico. Más bien insiste en que, si alguna vez aparece una evidencia extraordinaria, debe estudiarse con herramientas capaces de distinguir los hechos de las especulaciones. Y esa es, precisamente, una de las tareas para las que existe la NASA.