Eso es prácticamente lo que hizo Jared Isaacman, administrador de la NASA, durante su intervención en el All-In Summit de Los Ángeles. Mientras explicaba los planes de la agencia para recuperar su programa de aviones experimentales, apareció detrás de él una diapositiva titulada “Rebuilding our X-plane portfolio”. En el fondo podía distinguirse la silueta oscura de una aeronave con un aspecto muy familiar.
La comparación apareció inmediatamente: parecía un SR-71 Blackbird. Cuando Chamath Palihapitiya, uno de los anfitriones del evento, se refirió directamente a la imagen como un Blackbird, Isaacman no confirmó nada. Su respuesta fue bastante más sugerente: preguntó si estaba seguro de que aquello era un SR-71 y recordó que la NASA quiere regresar al negocio de “volar alto y rápido”.
Por ahora, eso es todo lo que sabemos. NASA no ha confirmado que exista un sucesor del Blackbird ni que la silueta corresponda siquiera a un avión actualmente en desarrollo.
El X-59 es solo el principio

Lo que sí está confirmado es que NASA quiere revitalizar su histórica familia de X-planes. Isaacman explicó durante el evento que el X-59, el avión supersónico silencioso desarrollado junto con Lockheed Martin, representa únicamente el comienzo. La agencia quiere recuperar las pruebas de vuelo y trabajar con la industria en nuevas configuraciones aerodinámicas y sistemas de propulsión capaces de llevar sus aeronaves mucho más lejos.
La diferencia es importante. El X-59 está diseñado para estudiar cómo reducir el estampido sónico y facilitar algún día vuelos supersónicos comerciales sobre tierra. No pretende competir con las cifras extremas que convirtió al Blackbird en una leyenda.
El SR-71 podía superar Mach 3 y operar a altitudes superiores a los 80.000 pies. Fue diseñado por Skunk Works durante la Guerra Fría para realizar misiones de reconocimiento estratégico y su combinación de velocidad y altitud hacía extraordinariamente difícil interceptarlo. NASA terminó utilizando varios ejemplares como laboratorios volantes para investigación aeronáutica hasta 1999.
Es precisamente ese pasado lo que hace tan sugerente la imagen elegida por Isaacman.
NASA quiere volver a volar como no lo hace desde hace décadas
La agencia lleva meses dejando bastante claro que pretende recuperar capacidades experimentales. En mayo, Isaacman ya había planteado construir más X-planes, incluyendo proyectos centrados en nuevos diseños de fuselaje y motores que pudieran servir tanto a la aviación civil y comercial como a necesidades de seguridad nacional.
Su mensaje de septiembre fue aún más explícito: NASA quiere volar más alto y más rápido de lo que lo ha hecho en décadas. Un portavoz de la agencia reiteró posteriormente que su intención es desarrollar aeronaves experimentales capaces de ampliar esos límites. Eso no convierte automáticamente la misteriosa sombra en el sucesor del SR-71.
Lockheed Martin lleva años mostrando conceptos como el SR-72, pensado alrededor de velocidades hipersónicas, y buena parte de los programas estadounidenses de aviación avanzada se desarrollan bajo fuertes niveles de secretismo. Pero NASA no ha relacionado públicamente su diapositiva con ese proyecto ni ha identificado la aeronave representada.
Por eso, la parte más interesante de la presentación quizá no sea descubrir qué avión había detrás de Isaacman. Es que la silueta encaja perfectamente con el mensaje que estaba pronunciando.
Durante años, el X-59 ha sido prácticamente la cara visible de la aviación experimental tripulada de NASA. Ahora su administrador dice que es “solo el comienzo”, promete nuevos diseños y habla abiertamente de recuperar velocidades y altitudes que la agencia no explora desde hace décadas. Puede que aquella sombra fuese simplemente un guiño al Blackbird. O puede que estuviera adelantando algo más. NASA, por ahora, parece encantada de dejar esa pregunta en el aire.