La hembra de la Dasymultila klugii o asesina de vacas es la viva imagen del triunfo evolutivo. Bajo su denso pelaje naranja se oculta una galería de horrores de tal calibre que un equipo de científicos acaba de confirmar que a esta avispa sin alas ya no le quedan depredadores naturales.

Advertisement

Los investigadores ya sospechaban que la hembra de la Dasymultila klugii (los machos tienen alas y ni siquiera pican) hab√≠a llegado a un estado de gracia evolutivo en el que sencillamente ya nadie est√° interesado en com√©rsela (o en acercarse a ella lo m√°s m√≠nimo). Para comprobar su hip√≥tesis se hicieron con unos cuantos ejemplares y los pusieron junto a diversas especies de que deber√≠an ser sus depredadores naturales: aves insect√≠voras, lagartos, topos, musara√Īas y hasta un sapo americano, especie conocida por no hacerle ascos pr√°cticamente a nada.

Screenshot: YouTube

Solo dos de estas especies se acercaron a la avispa. El topo pag√≥ caro su error cuando un picotazo del insecto lo dej√≥ presa de fuertes convulsiones durante varios minutos. El sapo lleg√≥ a tragarse la avispa. 20 segundos despu√©s la vomit√≥. Aparte de mojada, no ten√≠a ni un rasgu√Īo. Al batracio se le ofreci√≥ una segunda avispa y huy√≥ de ella presa del p√°nico.

Advertisement

A la Dasymultila klugii no le faltan se√Īales de alarma. Si su vivo color naranja no es suficiente se√Īal de que quiz√° no es buena idea com√©rsela, el animal segrega sustancias qu√≠micas irritantes y con un olor muy desagradable. Su caparaz√≥n es tan duro que los depredadores sencillamente no pueden perforarlo, y trag√°rsela vivita y coleando no es una buena idea. Su largo aguij√≥n inyecta una toxina que presume del tercer puesto en la escala del dolor.

La picadura no es letal, pero sí es extremadamente dolorosa. Los granjeros dicen que es capaz de tumbar una vaca por el dolor que produce, pero probablemente las vacas también son demasiado inteligentes como para acercarse. [vía New Scientist]