Hacerse las pruebas de ADN que tan de
moda se ha puesto en muchos sitios tiene sus riesgos. Lo que en principio se
hace de manera inocente para aprender más sobre la herencia genética, puede revelar un oscuro secreto familiar y terminas averiguando que tu
padre no es tu padre, y alguna que otra sorpresa.
Una mujer llamada Rowlette, del estado de
Washington, realiza una prueba de ADN con Ancestry.com. Cuando termina descubre
algo sorprendente: su padre, o el que creía que lo era, no es su padre
biológico. De hecho, Ancestry le dijo que era un médico ginecólogo jubilado llamado
Gerald Mortimer que vivía a 800 kilómetros de distancia. La respuesta de la compañía fue tan sorprendente
que Rowlette le dijo a su madre que seguramente Ancestry se había equivocado.
Lo que ella no sabía era que sus padres habían
ido al mismo Doctor Mortimer en la década de 1980. Sus padres tenían
dificultades para concebir y buscaron tratamiento acudiendo al médico. El
doctor sugirió que parte del problema era que el padre de Rowlette tenía un
número bajo en el conteo de espermatozoides y que su madre tenía dificultades
en el útero.
El hombre sugirió una solución.
Mezclarían el esperma del padre de Rowlette con una pequeña cantidad de esperma
de un donante anónimo para aumentar las posibilidades de concepción, y usarían
esta mezcla para la inseminación artificial.
La pareja estuvo de acuerdo, siempre que
el donante cumpliera con ciertas especificaciones: un estudiante universitario
que se pareciera al padre de Rowlette, con cabello castaño y ojos azules y que midiera
más de un metro ochenta. Su madre fue
inseminada artificialmente con el esperma de su padre y el supuesto
“donante anónimo” (por si te lo estás preguntando, el doctor no se
acercaba a estas características). En 1981, Mortimer entregó a la pareja una
niña sana, sin revelar la posibilidad de que ella pudiera ser suya.
Los padres habían mantenido la
inseminación artificial en secreto, nunca se lo contaron a Rowlette, mientras
que el médico, a su vez, había mantenido el hecho de que él y su hija
compartían el mismo ADN en secreto. Además, después de que la prueba de ADN
revelara que el padre biológico de Rowlette no era su padre, la madre de
Rowlette continuó manteniendo silencio.
Al parecer, y según una demanda
interpuesta la semana pasada, los padres “lucharon para hacer frente a su
propia angustia y tuvieron dificultades para contemplar el tormento que el
descubrimiento causaría a su hija cuando se enterara”.
Sin embargo, varios meses después
Rowlette descubrió la sorprendente verdad por sí misma. En agosto del año
pasado, la mujer estaba ayudando a ordenar documentos antiguos de sus padres
cuando repasó su certificado de nacimiento. El mismo había sido firmado por el
médico que la había dado a luz: Gerald Mortimer.
Entonces sí, le contaron la historia
entera a su hija. Así es como llegamos a la demanda por negligencia médica, fraude,
agresión, imposición negligente de angustia emocional e incumplimiento de
contrato, presentada la semana pasada en el Tribunal de Distrito en Idaho e
interpuesta por Rowlette y sus padres a Mortimer. En la misma, explican que Mortimer usó su
esperma en vez del donante que habían hablado.
La familia pide una cantidad no revelada
de más de 75.000 dólares en daños y perjuicios. Por su parte, Ancestry ha
emitido una declaración donde se puede leer: “Siempre no comprometemos a
ofrecer los resultados más precisos; sin embargo, las personas pueden enterarse
de conexiones inesperadas”. [Washington Post]