Imagen: AvDe / Shutterstock

Era el mes de septiembre de 1973 cuando un reputado periodista cient√≠fico recibe una extra√Īa llamada en su caba√Īa en el lago Flathead (Montana). Al otro lado del tel√©fono un hombre que se niega a dar su nombre le dice que tiene 67 a√Īos, que es rico, que no est√° casado y que quiere un heredero. Este misterioso hombre le pide al periodista un encuentro cara a cara. As√≠ comenzaba el libro In his Image: The Cloning of a Man que David Rorvik publicar√≠a a√Īos m√°s tarde, un relato donde el millonario se acabar√≠a clonando con ayuda de un grupo de cient√≠ficos. Una historia con pocos visos de ser cre√≠ble si no fuera porque el propio Rorvik acaba afirmando que el relato era verdad, y que el periodista cient√≠fico era √©l mismo.

Y es que poco antes de que el libro apareciera el 31 de marzo de 1978, la prensa ya se hab√≠a enterado de la historia. El New York Post hab√≠a publicado un art√≠culo el 3 de marzo con un titular que no dejaba dudas, Baby Born Without A Mother: He‚Äôs first human clone, es decir, que el Post le estaba contando a sus lectores que en 1978 se encontraban en los albores de una nueva era marcada por la reproducci√≥n humana. La noticia sobre el libro de Rorvik se extendi√≥ como la p√≥lvora y esa misma tarde abri√≥ las noticias de los boletines de televisi√≥n de todo Estados Unidos. ¬ŅDe verdad exist√≠a un clon humano?

El libro de Rorvik

Imagen: Portada del libro de Rorvik

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Sin prueba alguna hasta aquella fecha, la noticia fue acogida por la comunidad cient√≠fica como una sarta de mentiras. Sin ir m√°s lejos, la cient√≠fica estadounidense Beatrice Mintz, pionera en las t√©cnicas de ingenier√≠a gen√©tica (entre las primeras cient√≠ficas en generar mam√≠feros tanto quim√©ricos como transg√©nicos) y cuyo trabajo era mencionado en el libro de Rorvik, tild√≥ al periodista como un ‚Äúfraude‚ÄĚ. De hecho, la historia del enigm√°tico millonario, un hombre de negocios bajo el pseud√≥nimo de Max, era bastante dif√≠cil de creer.

En el libro Max dice que estaba dispuesto a poner de su bolsillo un mill√≥n de d√≥lares o incluso m√°s con el fin de ‚Äúadquirir una r√©plica de s√≠ mismo‚ÄĚ, es decir, algo as√≠ como un ni√Īo gen√©ticamente id√©ntico a √©l, un hermano gemelo que volv√≠a en el tiempo 70 a√Īos, un clon.

Ocurre también que la figura de Rorvik no era cualquiera. El hombre se había labrado una carrera y un nombre en el periodismo científico. Había trabajado como corresponsal científico para la revista Time o el New York Times y anteriormente había sido el autor de varios libros sobre medicina reproductiva. Por tanto y hasta cierto punto, la idea no era una auténtica locura. En el libro y como contaba, Max se dirigió a él por sus contactos. Y él fue el que movió los hilos con la comunidad científica para averiguar quién estaba dispuesto a intentar el experimento.

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Imagen: Aaron Rutten / Shutterstock

Y es que desde un punto de vista técnico, el negocio de la clonación de un ser humano se compone de una serie de pasos bastante complicados. En el caso del relato de Rorvik, el escepticismo tenía mucho sentido teniendo en cuenta que la técnica que describía para la clonación era la misma que tuvo lugar en los 60 con una rana. Los científicos argumentaban que eso no era viable debido a las diferencias entre la biología de los mamíferos y los anfibios.

El relato del libro cuenta como el periodista encontró finalmente un médico que lideró el proyecto (un médico con nombre en clave Darwin), un profesional que afirmaba haber resuelto todos los problemas que hasta aquellas fechas ninguno de los contemporáneos, de las mentes más importantes del mundo en el campo habían conseguido descifrar. Pensemos que incluso la técnica de la implantación de un óvulo fertilizado para un embarazo fue un hecho oficial a partir de 1978.

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Pero no eran s√≥lo los datos cient√≠ficos, en la historia de Rorvik hab√≠an otros datos que no parec√≠an reales, por ejemplo la ubicaci√≥n y el elenco de la propia historia. El doctor Darwin se supon√≠a que hab√≠a realizado sus investigaciones en una isla del Pac√≠fico no identificada en alg√ļn punto cercano a Hawai, un enclave donde Max era propietario de unas plantaciones y donde ten√≠a una serie de participaciones en la industria pesquera.

Roberto, uno de los empleados de Max, ser√≠a el hombre encargado de buscar entre sus f√°bricas y en las granjas de la isla a una posible candidata para llevar y entregar un clon de Max. El millonario hab√≠a estipulado dos condiciones para ello: la mujer deb√≠a ser virgen y deb√≠a de ser atractiva. Tras una b√ļsqueda exhaustiva, Roberto acaba encontrando finalmente a una joven de 17 a√Īos (nombre en clave Sparrow), la mujer que m√°s tarde dio a luz al beb√© dos semanas antes de la navidad de 1976.

Publicación del libro

Imagen: Rorvik (derecha) presentando el libro. AP

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A pesar de que todo el relato resultaba bastante sospechoso, la historia r√°pidamente cogi√≥ fuerza. La misma hab√≠a llegado en un momento de la historia donde parte de la opini√≥n p√ļblica en Estados Unidos ten√≠a una actitud cada vez m√°s cr√≠tica hacia la ciencia. De hecho no hac√≠a mucho tiempo desde que el escritor Ira Levin (el hombre de la m√≠tica Rosemary¬īs Baby) publicara su novela The Boys from Brazil, nada menos que un √©xito de ventas donde se fabula sobre la creaci√≥n de decenas de clones de Hitler por parte de un proyecto urdido por Mengele. Incluso no s√≥lo la opini√≥n p√ļblica, en la misma √©poca algunos cient√≠ficos tambi√©n llegaron a solicitar la suspensi√≥n de la t√©cnica que se estaba desarrollando para la introducci√≥n de genes individuales en organismos diferentes.

En este contexto apareci√≥ el libro de Rorvik, y fue todo un desastre de relaciones p√ļblicas para la ciencia. El medio alem√°n Der Spiegel lleg√≥ a publicar un art√≠culo de portada bajo el t√≠tulo de: ‚ÄúLa gen√©tica: mil veces peor que Hitler‚ÄĚ. Por temor a proporcionar a Rorvik m√°s publicidad, algunos cient√≠ficos se niegan a hablar sobre el libro. Otros, sin embargo, lo toman como un est√≠mulo para un debate p√ļblico. Uno de ellos fue el bi√≥logo Jonathan Beckwith, profesor de Harvard, qui√©n lleg√≥ a declarar que:

Un d√≠a despertaremos del sue√Īo. Y tal vez no ocurra esa vez. Pero la pr√≥xima vez, de repente, nos daremos cuenta de que hemos creado un monstruo que no quer√≠amos crear.

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Tal fue el revuelo, que el 31 de mayo de 1978, dos meses despu√©s de la aparici√≥n del libro, se celebr√≥ una audiencia en el Congreso de Estados Unidos sobre ‚Äúel √°mbito de la ciencia que se denomina como biolog√≠a celular‚ÄĚ. En realidad una investigaci√≥n sobre el libro de Rorvik. En ese momento J.B. Lippincott, editorial del libro, fue duramente atacada durante la audiencia en el Senado por el simple hecho de haber publicado el libro. El resultado de la misma no tuvo el efecto deseado y las ventas del libro despegaron. Rorvik por su parte fue convocado a declarar, y el periodista se excus√≥ con el argumento de que en esos momentos ten√≠a la agenda ocupada de viaje por Europa promocionando el libro.

No s√≥lo eso, con el fin de ‚Äúproteger al ni√Īo contra los posibles da√Īos de su exposici√≥n p√ļblica‚ÄĚ, el periodista tambi√©n se neg√≥ a poner al comit√© del Senado en contacto directo con las personas involucradas en la historia. Incluso el editor no ten√≠a ni la m√°s m√≠nima prueba de que la historia que le hab√≠a vendido Rorvik era cierta o ten√≠a alguna base real. Seg√ļn el periodista y cuanto m√°s rocambolesca parec√≠a la historia, m√°s real deb√≠a ser. As√≠ y a modo de defensa, Rorvik declar√≥ a los medios:

¬ŅUn millonario que est√° envejeciendo? ¬ŅUna isla tropical? ¬ŅUna joven virgen de 17 a√Īos? ¬ŅUna madre de alquiler? P√≥nganse en mi posici√≥n. ¬ŅDe verdad creen que me arriesgar√≠a a escribir una historia as√≠ si no fuera real? En efecto, no pondr√≠a mi carrera en juego de no ser cierto.

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Imagen: Nomad Soul / Shutterstock

Tres meses despu√©s de la publicaci√≥n del libro aparece en escena el genetista Derek Bromhall, el mismo cuyo nombre aparec√≠a citado en el libro de Rorvik. Bromhall presenta una demanda de 7 millones de d√≥lares contra el periodista por difamaci√≥n. Max, supuestamente en el libro, se clon√≥ usando una adaptaci√≥n del m√©todo que el genetista hab√≠a desarrollado en conejos. Al parecer, en mayo de 1977 Rorvik hab√≠a enviado una carta a Bromhall pidi√©ndole m√°s informaci√≥n acerca de esta t√©cnica (cinco meses despu√©s de la clonaci√≥n seg√ļn el libro).

En el transcurso del juicio Rorvik admiti√≥ que se hab√≠a inventado tres de los personajes de su libro, entre ellos el de Roberto. En cualquier caso y para resolver el asunto, el periodista sugiri√≥ un an√°lisis de sangre con la condici√≥n de que a Max se le deb√≠a permitir elegir los m√©dicos encargados de tomar muestras de √©l y del ni√Īo. El juez se neg√≥ y acab√≥ dictaminando que se hab√≠a cometido fraude.

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El 7 de abril de 1982 la editora de la publicación llega a un acuerdo fuera del juzgado con Bromhall, un acuerdo donde Lippincott le pagó al genetista alrededor de 100.000 dólares junto a la emisión de una declaración donde afirmaba que la historia que se contaba en el libro era una ficción.

En cuanto a Rorvik, el hombre continu√≥ manteniendo que su libro era verdad. El misterio de por qu√© el periodista perpetr√≥ semejante enga√Īo sigue sin tener una explicaci√≥n l√≥gica. La mayor√≠a de la gente asume que el libro fue una manera de hacer dinero r√°pido, otros, los menos, que tras el mismo podr√≠a haber algo m√°s.

Aunque existe una tercera vía que podría dar con la explicación. Un ex colega de Rorvik lo explicaría en pocas palabras cuando lo definió así:

David es inteligente. David es un buen escritor. Pero David tambi√©n es un tipo un poco extra√Īo.

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Y es que como parte de una colaboración en la revista Omni, en 1997 Rorvik cambió de parecer aunque de manera muy ligera. En ese momento dijo lo siguiente:

La realidad es que no estaba al tanto de todos los aspectos del proyecto que se detallaban en mi libro, y por tanto nunca tuve una prueba del √©xito‚Ķ sin embargo, evidencias circunstanciales me llevaron a la conclusi√≥n de que el proyecto tuvo √©xito. Lo cre√≠ a finales de 1970 y lo creo a√ļn hoy.

Ese mismo a√Īo tuvo lugar el nacimiento de la oveja Dolly, el anuncio del primer mam√≠fero clonado. Aunque mucho antes y a√ļn hoy, un hombre siga manteniendo que gracias a √©l la clonaci√≥n humana lleg√≥ antes de que el propio planeta lo creyera.

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