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Ciencia

La Tierra está perdiendo oxígeno, pero no en el aire que respiramos: ocurre bajo el agua y los científicos advierten que océanos, ríos y lagos ya podrían haber cruzado un nuevo límite planetario

Océanos, ríos y lagos están sufriendo una desoxigenación acelerada por el calentamiento, la contaminación agrícola y los cambios en la circulación del agua. El problema no termina en los peces: también puede alterar el clima y multiplicar las zonas muertas.
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Cuando pensamos en oxígeno, casi siempre miramos hacia la atmósfera. Sin embargo, una parte esencial de la vida del planeta depende del que permanece disuelto bajo el agua. Peces, crustáceos, moluscos y multitud de microorganismos necesitan esa reserva invisible para respirar, crecer y reproducirse.

El problema es que esa reserva está disminuyendo. No significa que todos los océanos vayan a quedarse repentinamente sin oxígeno, pero sí que grandes extensiones de aguas marinas y continentales están perdiéndolo a un ritmo suficientemente rápido como para preocupar a los científicos.

Un equipo internacional encabezado por Erica Ferrer, investigadora formada en la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego, ha estudiado cómo esa desoxigenación interactúa con los grandes procesos que mantienen estable la Tierra. Su conclusión es contundente: la pérdida de oxígeno acuático se encuentra ya en niveles que podrían considerarse “inseguros” y debería vigilarse como un décimo límite planetario. El trabajo fue publicado el 30 de junio de 2026 en la revista Limnology and Oceanography.

El agua más caliente guarda menos oxígeno, pero ese es solo el principio

La Tierra está perdiendo oxígeno, pero no en el aire que respiramos: ocurre bajo el agua y los científicos advierten que océanos, ríos y lagos ya podrían haber cruzado un nuevo límite planetario
© Shutterstock / Aaron Bull.

La causa más evidente está en una propiedad física bastante sencilla: cuanto más caliente está el agua, menos oxígeno puede retener. El calentamiento provocado por las emisiones humanas afecta además a la mezcla vertical del océano. Las capas superficiales cálidas se mantienen separadas de las aguas profundas, dificultando que el oxígeno captado en la superficie llegue hasta el fondo.

Según los datos recopilados por Scripps, los océanos han perdido aproximadamente un 2% de su contenido global de oxígeno desde la década de 1960. La cifra puede parecer pequeña, pero aplicada a todo el volumen oceánico representa un cambio enorme. Además, la pérdida no es uniforme: algunas regiones naturalmente pobres en oxígeno han registrado descensos de entre el 20% y el 50%.

En las costas, los ríos y los lagos aparece otro culpable: el exceso de nutrientes. Los fertilizantes agrícolas, las aguas residuales y otros vertidos añaden grandes cantidades de nitrógeno y fósforo. Esto favorece floraciones masivas de algas que, después de morir, se hunden y son descompuestas por bacterias. Ese proceso consume tanto oxígeno que puede dejar áreas enteras prácticamente inhabitables.

La construcción de presas, la modificación de cauces y otros cambios en la circulación del agua también pueden reducir su ventilación natural. El oxígeno deja de distribuirse correctamente y las capas profundas quedan aisladas durante periodos cada vez más prolongados. Los autores del nuevo trabajo identifican precisamente el calentamiento, la contaminación por nutrientes y los cambios en la ventilación como los tres grandes motores humanos de la desoxigenación.

No es únicamente que los peces tengan menos espacio para respirar

La Tierra está perdiendo oxígeno, pero no en el aire que respiramos: ocurre bajo el agua y los científicos advierten que océanos, ríos y lagos ya podrían haber cruzado un nuevo límite planetario
© ECOOSFERA.

Cuando el oxígeno cae por debajo de ciertos niveles aparece la hipoxia. Los animales móviles pueden intentar escapar, pero eso comprime su hábitat y los concentra en espacios cada vez más reducidos. Allí compiten por alimento, quedan más expuestos a los depredadores y también pueden resultar más fáciles de capturar por las flotas pesqueras.

Otros organismos no tienen esa posibilidad. Moluscos, corales, animales encerrados en instalaciones de acuicultura y especies que viven sobre el fondo pueden sufrir problemas de crecimiento y reproducción, mayor vulnerabilidad a enfermedades o incluso mortandades masivas. Las llamadas zonas muertas aparecen cuando la concentración de oxígeno es tan baja que la mayoría de los animales ya no puede sobrevivir.

Los mamíferos marinos tampoco quedan completamente al margen. Aunque ballenas y delfines respiran en la superficie, la desoxigenación modifica la distribución de sus presas y transforma las redes alimentarias de las que dependen. Lo que comienza como un cambio químico termina recorriendo prácticamente todo el ecosistema.

Además, perder oxígeno puede cambiar el funcionamiento químico del agua y de los sedimentos. En ambientes pobres en oxígeno proliferan procesos microbianos capaces de liberar metano y óxido nitroso, gases de efecto invernadero muy potentes. Esto crea un círculo especialmente peligroso: el calentamiento reduce el oxígeno y la desoxigenación puede, a su vez, reforzar el calentamiento.

Un décimo límite para un planeta que ya ha superado siete

Los límites planetarios son una especie de cuadro de mandos de la Tierra. El marco analiza nueve procesos esenciales, entre ellos el clima, la biodiversidad, el agua dulce, el uso del suelo, los ciclos del nitrógeno y el fósforo, la acidificación del océano y la contaminación química.

La evaluación más reciente, el Planetary Health Check 2025, concluyó que la humanidad ya ha sobrepasado siete de los nueve límites. La acidificación oceánica fue incorporada ese año como el séptimo proceso fuera del espacio considerado seguro. Solo la capa de ozono y la carga de aerosoles permanecen actualmente dentro de sus márgenes globales.

Superar un límite no significa que el planeta haya alcanzado automáticamente un punto de no retorno. Significa que ha entrado en una zona donde aumentan la incertidumbre y el riesgo de provocar cambios difíciles o imposibles de revertir.

La desoxigenación acuática todavía no forma parte oficialmente de ese grupo. Es una propuesta científica. Sin embargo, ya existe un trabajo publicado en Nature Ecology & Evolution en 2024 que defendía su inclusión, y la nueva revisión de 2026 refuerza el argumento mostrando sus conexiones con los nueve límites existentes.

El objetivo no es simplemente añadir otra alarma a una lista que ya resulta inquietante. Reconocer el oxígeno acuático como un indicador planetario obligaría a medirlo de manera coordinada y a tenerlo en cuenta en las políticas climáticas, agrícolas y de gestión del agua. Porque el planeta no está perdiendo el aire que respiramos, pero una parte inmensa de la vida está empezando a quedarse sin el suyo.

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