Nuestro cuerpo cambia de olor constantemente
Cuando enfermamos, nos estresamos o sufrimos una alteración metabólica, nuestro organismo modifica numerosos procesos químicos.
Parte de esos cambios acaba reflejándose en los compuestos orgánicos volátiles, pequeñas moléculas que liberamos mediante el aliento, el sudor, la orina y otras secreciones. Nosotros apenas somos conscientes de ellas. Para un perro, la situación es completamente diferente.
Su extraordinaria capacidad olfativa le permite distinguir mezclas químicas extremadamente complejas. Por eso un animal que convive diariamente con una persona puede detectar que algo ha cambiado aunque no pueda comprender qué significa médicamente ese cambio.
La diferencia entre notar una alteración y diagnosticar una enfermedad, sin embargo, es fundamental.
Presenting Fierce 15 of 2026 honoree SpotitEarly
The company teams up artificial intelligence and canine biology to detect cancer from human breath samples and has launched several major studies in the U.S. to validate its approachhttps://t.co/d0YTkbeBeT pic.twitter.com/b6a33BbplG— FierceHealthcare (@FierceHealth) March 16, 2026
Los perros pueden literalmente oler nuestro estrés
Uno de los experimentos más llamativos fue realizado por investigadores de Queen’s University Belfast.
Los científicos recogieron muestras de aliento y sudor de 36 personas antes y después de someterlas a una prueba de aritmética diseñada para provocar estrés agudo. Cuatro perros tuvieron que diferenciar la muestra tomada en reposo de la obtenida después de la situación estresante.
Acertaron en conjunto en el 93,75% de los ensayos. El experimento demuestra que el estrés genera cambios detectables en el olor corporal humano.
Pero existe un detalle importante: los investigadores no demostraron que los perros estuvieran oliendo directamente cortisol o adrenalina. Lo que identificaron fue un cambio en el conjunto de compuestos volátiles asociado a la respuesta fisiológica al estrés.
De mascota a detector médico
Esta capacidad ha dado lugar a un campo conocido como biodetección médica canina.
Perros entrenados han sido estudiados para identificar patrones asociados a determinados cánceres, infecciones y trastornos metabólicos utilizando muestras de aliento, orina, sangre o tejidos.
Algunos experimentos han obtenido sensibilidades y especificidades muy altas. Por ejemplo, existen trabajos en los que perros entrenados consiguieron diferenciar muestras de personas con cáncer de colon, pulmón o mama de las de controles sanos. El problema aparece cuando se comparan todos los estudios.
Una revisión sistemática de 62 investigaciones encontró resultados que iban desde rendimientos muy bajos hasta sensibilidades y especificidades cercanas al 100%. Solo seis trabajos reproducían condiciones parecidas a un cribado doble ciego y el riesgo de sesgo era elevado en buena parte de la literatura.
Por eso los perros todavía no son una herramienta diagnóstica rutinaria.
También pueden reaccionar antes de algunas crisis
Otro campo particularmente interesante es la epilepsia.
Existen numerosos testimonios de perros que parecen comportarse de manera diferente antes o durante una crisis de su propietario. Los experimentos indican que las convulsiones están asociadas a señales olfativas que los perros pueden detectar. Un estudio publicado en 2026 observó incluso que perros domésticos sin entrenamiento respondían de manera diferente ante muestras recogidas durante una crisis epiléptica.
Sin embargo, los propios investigadores advierten que la evidencia sobre una capacidad fiable para anticipar ataques todavía es limitada.
Tu mascota puede detectar un cambio, pero no sabe qué enfermedad tienes
Ahí está la diferencia entre una observación fascinante y un diagnóstico. Un perro puede notar que nuestro olor, comportamiento o rutina han cambiado. Puede acercarse más, mostrarse inquieto o reaccionar de una manera inusual.
Pero ese comportamiento no permite saber si existe una enfermedad concreta.
Lo verdaderamente interesante es que la ciencia está aprendiendo de esa capacidad. Si conseguimos identificar exactamente qué moléculas detectan los perros, podríamos desarrollar sensores capaces de reproducir parte de su extraordinario olfato.
La mascota quizá no pueda decirnos qué ocurre dentro de nuestro cuerpo. Pero su nariz está demostrando que muchas enfermedades dejan señales químicas mucho antes de que nosotros podamos percibirlas.