En uno de sus últimos veranos antes de tener que asumir responsabilidades y vivir en la realidad, Natalia (Dolores Oliverio) se angustia porque el amor de su vida prefiere a otra, y el rito de la adolescencia hacia la adultez se vuelve siniestro en Sundance, con La virgen de la tosquera.
Basada en un par de cuentos cortos de Mariana Enriquez la película de Laura Casabé se nutre de lo extraño de su ambientación, en Argentina alrededor del 2001, tiempo de perturbaciones políticas y económicas, que se suman a los peligros del mundo real a los que llevan las emociones de Nati. Se va formando un retrato provocativo de una joven que aprende a aferrarse a su potente y primitiva ira, pase lo que pase.
Épocas turbulentas
Su única familia es una abuela de afilada lengua (Luisa Merelas), por lo que Nati pasa los calurosos días del verano con sus amigas, las hermanas Josefina (Isabel Bracamonte) y Mariela (Candela Flores). Y si no está con ellas, estará chateando con ellas desde el café con Internet, indicador de que La virgen de la tosquera está ambientada hace casi 25 años. Hay más señales, como la moda (su gargantilla plástica estilo tattoo es perfectamente retro, lo mismo que sus jeans de tiro bajo), y el inquietante sentido del caos que la rodea. Se oyen malas noticias de fondo en la TV, y vamos vecinos preocupados. Y cortes de agua y electricidad.
En el comienzo de la película vemos a un hombre sin techo y ebrio que empuja su carro de mendigo y lo pone en medio de la calle de Nati, y luego camina tambaleándose cuando lo golpea alguien que pasa por allí. Pero ha mirado a Nati a los ojos durante un rato largo. Hay en el aire una sensación de maldición sobre la cuadra, y el carro lleno de bolsas con objetos y algo, permanece en el mismo lugar durante semanas.
Crece el suspenso
Hay otro elemento místico en la narrativa cuando Nati se queja con Rita sobre la molesta existencia de Silvia (Fernanda Echevarría), unos 10 años mayor que Nati y sus amigas, que con su aire cool y mundano llama la atención del único varón del grupo de amigos, Diego (Agustín Sosa). La solución de Rita es escribir el nombre de Silvia en un pedazo de papel y ponerlo en un frasco, supuestamente como mal augurio para la que les molesta. No vemos efectos inmediatos de esta acción, pero la furia de Nati se intensifica a medida que Diego prefiere pasar su tiempo con Silvia. Su mirada de celos en la pista de baile tiene una potencia de maléfica disposición a la acción.
El público no entiende qué es lo que tiene Diego como atractivo – sabemos poco de él – y posiblemente deba ser así porque La virgen de la tosquera se interesa más en la exploración de la enredada vida interna de las adolescentes. La actuación natural de Oliverio transmite un personaje que se debate entre la arrogante seguridad en sí misma y una autoestima demasiado baja, y que tiene que madurar y hacerse adulta en un entorno inestable en el que nadie es confiable. Es una vida en la que el cambio casi siempre trae aparejado algo de dolor.
La virgen de la tosquera, el título hace referencia al lugar solitario donde pasan su tiempo las amigas ese verano, es una película de género. Y el terror, tanto real como fantástico, es lo que ayuda a Nati a encontrar el camino a la catarsis.
La virgen de la tosquera se presentó en el Sundance Film Festival 2025. Todavía no tiene fecha de estreno.