A kilómetros bajo la superficie del océano, donde no hay luz, calor ni alimentos aparentes, la vida encuentra caminos insólitos para persistir. Un reciente hallazgo en las costas del Pacífico norte reveló que algunas arañas marinas han desarrollado una estrategia alimentaria nunca antes vista: vivir gracias a bacterias que digieren gas metano.
Una forma de vida sin precedentes

En lugar de cazar o tejer telarañas, tres nuevas especies del género Sericosura dependen completamente de microbios que habitan sobre su propio cuerpo. Estas bacterias consumen metano y oxígeno, produciendo azúcares y grasas que las arañas raspan y comen. La bióloga Shana Goffredi, autora principal del estudio publicado en PNAS, lo explica de forma gráfica: “Es como si la araña desayunara cada día raspándose la piel”.
Lo llamativo es que estas especies no poseen colmillos aptos para cazar. Mientras la mayoría de las arañas marinas se alimenta de presas blandas como medusas, estas actúan más como granjeras que recolectan su propia cosecha microbiana. Según los experimentos en laboratorio, esta simbiosis no es casual ni superficial: las bacterias son su principal fuente de energía.
Impacto ambiental y herencia microbiana

Más allá del fenómeno biológico, el hallazgo tiene implicancias ambientales notables. Las bacterias simbióticas consumen metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes. Al fijarse en el cuerpo de estas arañas, logran mantenerse cerca de las burbujas que emanan del suelo marino, contribuyendo a limitar el metano que podría escapar hacia la atmósfera.
El estudio también reveló un patrón reproductivo curioso: las crías heredan las bacterias directamente de sus progenitores. Las hembras liberan los huevos y los machos los cuidan en un saco especial. Esta transmisión vertical de microbios recuerda procesos presentes en los humanos, como la colonización bacteriana al nacer.
Un océano aún por descubrir
Estos organismos minúsculos —de apenas un centímetro— evidencian lo poco que aún sabemos del ecosistema marino profundo. Sus estrategias de supervivencia desafían los modelos tradicionales de biología y podrían ser clave tanto para nuevas investigaciones como para la conservación de hábitats únicos.
Shana Goffredi y la experta Nicole Dubilier coinciden: proteger estos ambientes es esencial. La amenaza de la minería submarina y otras actividades humanas podría poner en riesgo especies desconocidas y sistemas de vida que, hasta hace poco, solo habrían cabido en la ciencia ficción.