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Ciencia

Las aves también sufren jet lag: científicos descubren que pueden perder el rumbo después de vuelos largos

Un estudio de la Universidad de Oxford reveló que algunas aves marinas experimentan un fenómeno similar al jet lag humano cuando recorren grandes distancias. El desajuste de sus relojes biológicos altera su capacidad para orientarse por el sol y puede provocar pequeños errores de navegación durante sus viajes.
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Viajar largas distancias en poco tiempo puede desorientar a los seres humanos, pero no somos los únicos que experimentamos este problema. Las aves también pueden sufrir una especie de jet lag cuando cruzan grandes extensiones del océano, y sus consecuencias son más sorprendentes de lo que parece.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford descubrió que determinadas aves marinas experimentan desajustes entre su reloj biológico y la hora solar local, lo que provoca pequeños errores en sus rutas de vuelo.

El estudio, publicado en la revista científica Science el 29 de octubre de 2026, demuestra que incluso animales extraordinariamente adaptados a la navegación pueden cometer errores cuando su reloj interno pierde la sincronización con el sol.

Un estudio de 20 años revela cómo se desorientan las aves

Los científicos analizaron datos recopilados durante dos décadas mediante dispositivos GPS instalados en 1.045 pardelas pichonetas (Puffinus puffinus).

Estas aves se reproducen principalmente en islas próximas a las costas de Reino Unido e Irlanda y pueden recorrer hasta 1.000 kilómetros mar adentro para encontrar alimento.

En total, los investigadores estudiaron 3.688 viajes de alimentación, comparando las trayectorias registradas con las posiciones del sol y los cambios de hora solar a lo largo del recorrido. Los resultados revelaron desviaciones sistemáticas en determinadas rutas de regreso a sus colonias, compatibles con un desajuste de los relojes internos de las aves.

Las aves también sufren jet lag: científicos descubren que pueden perder el rumbo después de vuelos largos
© Evelin Magnus – Pexels.

Por qué el sol puede confundir a las aves durante el vuelo

Numerosas especies utilizan una especie de brújula solar para orientarse. Sin embargo, el sol cambia de posición durante el día debido a la rotación terrestre. Para interpretar correctamente dónde se encuentra, los animales necesitan conocer la hora mediante su reloj biológico.

El problema aparece cuando recorren grandes distancias hacia el este o el oeste en pocas horas.

Al regresar rápidamente hacia el este, las pardelas llegan a lugares donde el amanecer ocurrió antes que en su punto de partida. Como consecuencia, su reloj interno puede quedar retrasado hasta aproximadamente una hora respecto de la hora solar local.

Este pequeño desfase modifica su interpretación de la posición del sol y las lleva a elegir una dirección ligeramente incorrecta.

Las aves pueden desviarse hasta 15 grados de su ruta

El equipo, dirigido por Patrick Lewin, observó que las desviaciones alcanzaban aproximadamente 15 grados.

Aunque parece una diferencia importante, las pardelas disponen de mecanismos que les permiten revisar su posición y corregir progresivamente la trayectoria.

Por ejemplo, una pardela que regresara desde 1.000 kilómetros de distancia, con un error medio de siete grados y corrigiendo continuamente su rumbo, recorrería aproximadamente cinco kilómetros adicionales.

Lo más llamativo es que estos errores también aparecían cuando las aves volaban cerca de costas visibles, donde podían utilizar referencias geográficas para orientarse. Esto sugiere que continúan confiando en su brújula solar incluso cuando disponen de otras señales de navegación.

El descubrimiento podría ayudar a entender mejor el jet lag humano

Los investigadores consideran que este fenómeno probablemente no sea exclusivo de las pardelas.

Muchos animales utilizan el ciclo de luz y oscuridad para sincronizar sus ritmos biológicos, por lo que desplazamientos rápidos entre longitudes podrían provocar desajustes similares.

Sin embargo, todavía se desconoce si las aves experimentan otros efectos comparables al jet lag humano, como alteraciones del descanso o cambios fisiológicos. Comprender cómo estas especies compensan los desfases horarios podría aportar información útil sobre el funcionamiento de nuestros propios relojes biológicos.

El descubrimiento demuestra que, incluso después de millones de años de evolución, la naturaleza todavía enfrenta los mismos desafíos de sincronización que experimentamos al viajar largas distancias.

 

 

Fuente: Sinc.

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