En pistas, gimnasios y carreras, un viejo accesorio ha regresado con fuerza: las tiras nasales. Su presencia en la élite deportiva y su impacto viral han despertado el interés de profesionales y aficionados. Pero detrás de estas pequeñas bandas adhesivas se esconden promesas, estudios y un potente efecto mental que merece ser analizado. ¿Moda pasajera o herramienta útil?
Un fenómeno que revive con fuerza
Las tiras nasales, esas discretas bandas que se colocan sobre el puente de la nariz, vivieron su momento de gloria en los años 90, gracias a estrellas como Ronaldo o el legendario Jerry Rice. Su promesa: aumentar el flujo de aire y ofrecer una ventaja competitiva. Décadas después, las vemos de nuevo en figuras como Carlos Alcaraz o en publicaciones virales de equipos como el Barça, donde los jugadores las exhiben incluso durante los vuelos para «mejorar el descanso».

Hoy, marcas como Gudslip o Histrips las reinventan con diseños más cómodos y agresivas campañas en redes sociales. La fiebre por estos accesorios refleja, en parte, nuestra búsqueda constante de ese pequeño extra que pueda marcar la diferencia en el rendimiento.
Entre la ciencia y el placebo
Pese al entusiasmo, los estudios científicos siguen sin darles un respaldo sólido en lo que a rendimiento intenso se refiere. Revisiones como la de 2021, que analizó 19 investigaciones, no detectaron mejoras reales en indicadores clave como el VO2max o la frecuencia cardíaca. El motivo es sencillo: cuando el esfuerzo es elevado, el cuerpo recurre a la respiración por la boca, dejando a las bandas con un papel mínimo.
Eso sí, su utilidad es mayor en esfuerzos moderados, en situaciones de congestión nasal o durante el sueño, donde sí han demostrado ayudar a reducir los ronquidos y mejorar el descanso. Y, por supuesto, no se puede ignorar el componente psicológico: la confianza que proporcionan puede ser el verdadero motor de su éxito, sobre todo en deportistas amateurs que buscan comodidad y seguridad mental.
¿Qué hay detrás de su nuevo éxito?
Varias fuerzas explican este resurgir: la creciente atención a la respiración nasal en el deporte, productos más eficaces y atractivos, el poder de las redes y el respaldo de figuras de élite. Además, son una apuesta de bajo coste: probarlas cuesta poco y para muchos el simple hecho de usarlas ya supone una mejora percibida. Como bien resumió Abel Antón: “Creernos que algo nos va bien hace que funcionemos mucho mejor”.
Fuente: Xataka.