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Ciencia

Las cámaras que conservan a los Niños del Llullaillaco quedaron obsoletas en solo dos años: ‘la IA nos pasó por arriba’, reconoce el director del museo

Un volcán logró conservar tres cuerpos humanos en perfecto estado durante 500 años, mucho antes de que existiera cualquier tecnología de refrigeración. Copiar ese logro le tomó a la ciencia moderna dos décadas de ingeniería. Ahora, ese mismo sistema que parecía definitivo quedó viejo en apenas un puñado de años, y el motivo tiene nombre y apellido: inteligencia artificial
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El Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM), en Salta, anunció que actualizará las cámaras de crioconservación de los Niños del Llullaillaco, diseñadas hace dos décadas para tener una vida útil de aproximadamente 30 años. Mario Bernaschi, director del museo e ingeniero a cargo del desarrollo original del sistema, fue contundente sobre el motivo de la renovación anticipada: la inteligencia artificial y el análisis de datos avanzaron tanto en los últimos dos o tres años que directamente pasaron por arriba la tecnología existente.

La actualización incorporará inteligencia artificial y nuevas herramientas de análisis de datos para mejorar la trazabilidad de las mediciones, el monitoreo en tiempo real y el procesamiento de los grandes volúmenes de información científica vinculados a la conservación de los cuerpos.

Cómo el museo logra lo que ni el propio volcán pudo mejorar

Volcan Llullaillaco
© Por Lion Hirth (User:Prissantenbär) – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1259679

El sistema actual replica, y en algunos aspectos supera, las condiciones que el volcán Llullaillaco mantuvo naturalmente durante 500 años. Según describe el propio MAAM, se trata de una crioconservación isocórica a bajas temperaturas con atmósfera modificada, única en su tipo en el mundo, que emplea principios de redundancia y falla simple para garantizar disponibilidad permanente del sistema.

Mientras el volcán mantuvo los cuerpos a una temperatura cercana a los 13 grados bajo cero, el museo los conserva a 20 grados bajo cero, un margen adicional que reduce todavía más cualquier posibilidad de actividad bacteriológica. Como resumió Bernaschi, hasta el momento no existe una tecnología física que haya logrado mejorar lo que hizo el propio volcán: el museo se limita a replicarlo y llevarlo un poco más lejos.

Qué va a cambiar con la llegada de la IA

Además de la renovación de las cámaras, en pocas semanas el museo incorporará recursos digitales en sus salas de exhibición. Uno de los primeros ejemplos permitirá a los visitantes conocer a qué especies de aves pertenecen las plumas utilizadas en los objetos ceremoniales que acompañaban a los Niños del Llullaillaco, resultado de una investigación de más de cuatro años desarrollada por el propio equipo científico del museo.

Plumas, isótopos y un mejor calendario para la ceremonia incaica

Bernaschi remarcó que los Niños del Llullaillaco son mucho más que una pieza arqueológica: constituyen una fuente de información científica de enorme valor. Entre los estudios recientes mencionó investigaciones sobre microbiota y microbioma obtenidas mediante hisopados no invasivos, además de un nuevo trabajo que permitió precisar con mayor exactitud el momento en que se realizó la ceremonia incaica.

Gracias a una metodología optimizada de análisis de isótopos, los investigadores lograron reducir el margen de error de 100 años a apenas 30, estableciendo 1489 como fecha probable de la ceremonia, antes de la llegada de los españoles. Ese ajuste permite saber con mayor precisión qué inca gobernaba en ese momento y cuál era el contexto climático de la época.

Mucho más que una pieza arqueológica

Bernaschi sostuvo que el objetivo del museo es combinar la preservación del patrimonio con la incorporación permanente de nuevas tecnologías que permitan conservar, investigar y comunicar mejor uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del mundo, hallado en 1999 en la cima del volcán Llullaillaco.

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