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Ciencia

Florida lleva años devolviendo al mar las conchas que salen de sus restaurantes. Lo que parecía basura terminó convertido en el cimiento de arrecifes capaces de limpiar el agua y proteger la costa

En lugar de acabar en vertederos, las conchas de ostras consumidas en restaurantes se curan durante meses y regresan a zonas costeras degradadas. Allí ofrecen a las nuevas generaciones el suelo duro que necesitan para reconstruir arrecifes prácticamente desaparecidos.
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La escena no parece especialmente prometedora. Camiones cargados con conchas recogidas de restaurantes llegan hasta una zona de almacenamiento, descargan su contenido y dejan que los restos permanezcan durante meses expuestos al sol. Después, esas mismas conchas se introducen de nuevo en el agua.

Visto desde fuera, podría parecer una forma innecesariamente complicada de deshacerse de los desperdicios de una marisquería. Sin embargo, en distintos puntos de Florida y del golfo de México, ese material está ayudando a reconstruir uno de los ecosistemas costeros más dañados del planeta: los arrecifes de ostras.

Las conchas no se arrojan al mar de manera indiscriminada. Son recolectadas, limpiadas, curadas y colocadas estratégicamente en lugares donde ya existieron poblaciones de ostras. Su función es sencilla, pero esencial: proporcionar una superficie sólida donde puedan fijarse las larvas y comenzar a levantar un nuevo arrecife.

La Universidad de Florida explica que estos programas ya funcionan en numerosas comunidades costeras del estado. Solo en Miami-Dade, una iniciativa desarrollada entre 2017 y 2019 recuperó cerca de 19.650 conchas procedentes de restaurantes y eventos. No es la gigantesca cifra de 500.000 toneladas que se ha viralizado recientemente, pero sí forma parte de una red mucho más amplia de pequeños proyectos que llevan años devolviendo este material al agua.

Las ostras jóvenes necesitan una cosa que el fondo marino ya no tiene

Florida lleva años devolviendo al mar las conchas que salen de sus restaurantes. Lo que parecía basura terminó convertido en el cimiento de arrecifes capaces de limpiar el agua y proteger la costa
© Emily Colson.

Una ostra comienza su vida como una larva microscópica que se desplaza por el agua. Cuando llega el momento de crecer, necesita encontrar una superficie firme donde adherirse. Su lugar favorito suele ser la concha de otra ostra.

El problema aparece cuando décadas de sobreexplotación, enfermedades, contaminación y degradación costera eliminan no solo a los animales vivos, sino también la estructura física de los arrecifes. Lo que queda debajo es, en muchos casos, un fondo blando de arena o barro donde las nuevas ostras no consiguen establecerse.

Según la Universidad de Florida, los arrecifes han disminuido un 99 % en el sureste del estado y alrededor de un 66 % en la región de Big Bend. Al desaparecer las conchas, desaparece también el cimiento necesario para que el ecosistema pueda reconstruirse por sí mismo.

Ahí entran los residuos de los restaurantes. Una vez consumida la carne, las conchas se guardan en recipientes separados y se trasladan a espacios abiertos. En Florida deben curarse durante al menos tres meses para eliminar bacterias y restos de tejido antes de volver al agua. Después se distribuyen sobre antiguos arrecifes o se utilizan en estructuras destinadas a estabilizar la costa.

No es exactamente “tirar basura al océano”. Es devolver una materia prima biológica retirada previamente del ecosistema.

Una sola ostra puede filtrar hasta 190 litros de agua cada día

Florida lleva años devolviendo al mar las conchas que salen de sus restaurantes. Lo que parecía basura terminó convertido en el cimiento de arrecifes capaces de limpiar el agua y proteger la costa
© Galveston Bay Foundation.

Cuando las larvas comienzan a adherirse, las conchas dejan de ser restos inertes y pasan a formar la base de una construcción viva. Las ostras crecen unas sobre otras, crean grietas y cavidades y producen una estructura tridimensional donde pueden refugiarse cangrejos, gambas, peces juveniles y otros invertebrados.

También limpian el agua mientras se alimentan. La NOAA calcula que una ostra adulta puede filtrar hasta 50 galones diarios, aproximadamente 190 litros, retirando algas y nutrientes en exceso. Cuando miles de ejemplares trabajan juntos, pueden mejorar la transparencia del agua y favorecer el crecimiento de las praderas marinas cercanas.

Los arrecifes funcionan además como pequeños rompeolas naturales. Su superficie irregular reduce la energía de las olas antes de que alcancen la costa. Estudios citados por la NOAA han observado reducciones de entre el 76% y el 99% en determinadas condiciones, lo que convierte a las ostras en una herramienta adicional frente a la erosión y la subida del nivel del mar.

Por eso los científicos las describen como “ingenieras de ecosistemas”. No se limitan a ocupar un lugar: lo modifican de manera que otras especies también puedan vivir allí.

Florida ya ha demostrado que un arrecife colapsado puede volver

Florida lleva años devolviendo al mar las conchas que salen de sus restaurantes. Lo que parecía basura terminó convertido en el cimiento de arrecifes capaces de limpiar el agua y proteger la costa
© UF/IFAS.

Uno de los mejores ejemplos se encuentra en Lone Cabbage Reef, frente a Cedar Key. Este arrecife de más de cuatro kilómetros había perdido sus ostras y terminado convertido prácticamente en un banco de arena.

Tras años de experimentos, investigadores de la Universidad de Florida reconstruyeron su relieve en 2018 utilizando roca caliza de distintos tamaños. No fueron conchas de restaurantes, pero el principio era el mismo: recuperar una superficie dura y elevada donde las ostras pudieran fijarse sin quedar enterradas por los sedimentos.

El seguimiento posterior mostró una rápida reversión del declive. Las ostras comenzaron a crecer sobre las rocas, mientras que continuaron ausentes en las zonas de arena dura situadas alrededor. La universidad considera Lone Cabbage el mayor proyecto exitoso de restauración de ostras realizado hasta ahora en Florida.

Florida lleva años devolviendo al mar las conchas que salen de sus restaurantes. Lo que parecía basura terminó convertido en el cimiento de arrecifes capaces de limpiar el agua y proteger la costa
© Ana Zangroniz.

La experiencia también obliga a rebajar cierta épica. Restaurar un arrecife no consiste en lanzar conchas al agua y esperar veinte años. Hay que elegir el lugar adecuado, estudiar las corrientes, controlar la altura de la estructura y comprobar que las larvas siguen llegando a la zona. De hecho, una revisión de 1.768 proyectos estadounidenses descubrió que aproximadamente la mitad había conseguido un retorno ecológico positivo.

Aun así, la idea de fondo funciona. Aquello que terminaba mezclado con la basura de un restaurante puede regresar al mar convertido en refugio, filtro y barrera costera. No hace falta atribuirle 500.000 toneladas para que la historia resulte sorprendente: basta con recordar que, para una ostra recién nacida, una concha vacía puede ser la diferencia entre desaparecer o levantar un ecosistema entero.

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