Saltar al contenido
Tecnología

LEGO pasó años intentando que un ladrillo pudiera reconocer el mundo y acabó dándolo por perdido. Esa misma tarde, un último ajuste salvó la tecnología con la que quiere definir el próximo siglo del juego

El equipo había fijado un ultimátum: si el sistema de posicionamiento no funcionaba antes de aquella fecha, tendría que abandonarlo. El plazo venció y LEGO aceptó la derrota. Sin embargo, alguien realizó una última modificación y, unas horas después, el ladrillo finalmente empezó a reconocer lo que sucedía a su alrededor.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Aquella mañana, después de varios años de trabajo, el equipo de LEGO tomó la decisión que llevaba tiempo intentando evitar. El sistema con el que pretendía conseguir que sus ladrillos reconocieran otros objetos cercanos seguía sin funcionar. El plazo interno había vencido y continuar consumiendo tiempo y recursos ya no parecía justificable.

Habían acordado descartarlo y regresar a la casilla de salida. Sin embargo, antes de cerrar definitivamente el proyecto, alguien decidió probar una última modificación. Esa misma tarde, el sistema de posicionamiento cobró vida.

LEGO no ha revelado qué cambió exactamente ni quién realizó aquel ajuste. Pero el episodio, contado por la propia compañía en la historia oficial del desarrollo de SMART Play, terminó convirtiéndose en el momento decisivo de un proyecto que había comenzado casi una década antes.

Todo empezó con una pregunta que parecía sencilla: ¿puede un ladrillo saber cómo están jugando con él?

LEGO pasó años intentando que un ladrillo pudiera reconocer el mundo y acabó dándolo por perdido. Esa misma tarde, un último ajuste salvó la tecnología con la que quiere definir el próximo siglo del juego
© Lego.

En 2017, LEGO investigó qué buscaban los niños en una nueva generación de juguetes físicos. Encontró tres deseos recurrentes: jugar con otras personas, conseguir que sus acciones tuvieran consecuencias y disponer de una experiencia capaz de cambiar con el tiempo.

La empresa se propuso entonces construir una pieza que pudiera reconocer personajes, detectar movimientos y reaccionar a lo que sucedía alrededor. Los primeros experimentos utilizaron cámaras, pero exigían teléfonos o dispositivos externos. Eso introducía una pantalla entre el niño y la construcción, precisamente aquello que LEGO quería evitar.

El equipo (formado por especialistas en electrónica, videojuegos, programación, sonido, diseño industrial y experiencia de usuario) fabricó cientos de prototipos. El mayor obstáculo era conseguir que una pieza supiera dónde estaban las demás y en qué posición se encontraban.

La solución pasó por colocar varias bobinas dentro del ladrillo. Una permite cargarlo inalámbricamente, como sucede con un cepillo de dientes eléctrico. Las restantes detectan otras piezas, etiquetas y minifiguras compatibles. Junto con acelerómetros y sensores, permiten determinar si una nave está girando, cayendo, acelerando o acercándose a un personaje.

Fue ese sistema el que estuvo a punto de desaparecer hasta que el último ajuste consiguió hacerlo funcionar.

El siguiente problema era meterlo todo dentro de una pieza 2×4

LEGO pasó años intentando que un ladrillo pudiera reconocer el mundo y acabó dándolo por perdido. Esa misma tarde, un último ajuste salvó la tecnología con la que quiere definir el próximo siglo del juego
© Patrick T. Fallon / AFP.

Superada aquella barrera, LEGO todavía debía comprimir toda la electrónica en un espacio diminuto. Utilizar un procesador comercial habría sido más barato y rápido, pero también habría ocupado demasiado. La empresa optó por desarrollar su propio chip ASIC de silicio, más pequeño que uno de los studs situados sobre sus ladrillos.

El resultado es SMART Brick, una pieza equipada con sensores de luz y sonido, acelerómetros, luces dinámicas, batería inalámbrica y un altavoz controlado por un sintetizador. En lugar de reproducir únicamente archivos grabados, puede modificar frecuencias y amplitudes para generar sonidos diferentes según el movimiento.

El desarrollo produjo 25 patentes. En su punto máximo, solo la línea dedicada a fabricar el componente sonoro tenía aproximadamente 160 estaciones de trabajo y una longitud equivalente a siete autobuses escolares.

Nueve años después, el proyecto que estuvo a punto de morir llegó a las tiendas

LEGO presentó SMART Play en el CES de enero de 2026 y lo describió como una de las mayores transformaciones de su sistema desde la minifigura de 1978. La tecnología debutó comercialmente el 1 de marzo con Star Wars y en agosto se expandió mediante nuevos sets de Pokémon.

Durante las pruebas, LEGO descubrió algo inesperado: cuanto menos programaba las batallas, más tiempo jugaban los niños. Las respuestas podían iniciar una historia, pero no debían decidir cómo terminaba.

Por eso, la pieza más tecnológica creada por LEGO funciona mejor cuando consigue volverse invisible. El proyecto no sobrevivió para que un ordenador juegue por el niño, sino para que el niño olvide que hay un ordenador escondido entre sus manos.

Compartir esta historia

Artículos relacionados