El cangrejo azul (Callinectes sapidus) es nativo de la costa atlántica de Norteamérica, donde es un manjar muy apreciado. Llegó al Mediterráneo hace décadas, probablemente en el agua de lastre de barcos de carga, pero recién en la última década su población explotó, favorecida por el calentamiento de las aguas. Sus pinzas afiladas son especialmente eficaces para forzar la apertura de moluscos, y en el noreste de Italia, una de las principales regiones productoras de almejas de Europa, generaron un daño económico calculado en casi 17 millones de euros desde 2022, según cifras oficiales de la región de Emilia-Romaña.
Un depredador nativo, no una especie nueva

La respuesta que está probando un equipo de la Universidad de Bolonia, en sociedad con el gobierno regional de Emilia-Romaña, se llama proyecto Octo-Blu: reforzar la población de un depredador natural del cangrejo azul que ya vive en el Adriático, el pulpo común (Octopus vulgaris), en lugar de introducir una especie nueva. “No estamos introduciendo una especie nueva, sino reforzando la población de una especie nativa que ya está presente de forma natural en el Adriático”, explicó Antonio Casalini, técnico de investigación en acuicultura de la Universidad de Bolonia.
El proyecto arrancó en 2024 con una primera fase de experimentación en laboratorio, centrada en resolver un problema técnico nada trivial: cómo criar con éxito paralarvas de pulpo, la fase de vida inmediatamente posterior a la eclosión, algo que históricamente resultó muy difícil de lograr a escala en cautiverio.
130.000 paralarvas y una tasa de mortalidad brutal

Este verano boreal, el equipo liberó unas 130.000 paralarvas de pulpo frente a las localidades de Cesenatico y Riccione, una zona particularmente afectada por la invasión del cangrejo azul, y colocó además refugios artificiales de cemento y arcilla en el fondo marino para darles un lugar seguro donde desarrollarse. Antonio Casalini explicó que el equipo eligió al pulpo común porque es una especie particularmente resistente y de reproducción rápida: una sola hembra puede producir cientos de miles de huevos.
Esa fecundidad es necesaria porque la tasa de supervivencia natural de las paralarvas de pulpo es extremadamente baja. Gianluca Sarà, ecólogo marino de la Universidad de Palermo que no participa del proyecto, calificó la idea como “poderosa” y “genial”, pero advirtió que el impacto real podría terminar siendo “absolutamente insignificante”: la mortalidad habitual de las paralarvas de pulpo ronda el 99,9%, así que de cada miles de individuos liberados, solo un puñado suele llegar a la adultez.
Por qué cada captura exitosa puede importar
El equipo de Bolonia responde a esa crítica con otro dato biológico: la capacidad reproductiva del propio cangrejo invasor. Según Pietro Emmanuele, otro investigador del proyecto, un solo cangrejo azul hembra pone millones de huevos, la mayoría de los cuales eclosiona con éxito. Bajo esa lógica, aunque solo una fracción mínima de los pulpos liberados llegue a la adultez, cada hembra de cangrejo que uno de esos pulpos logre cazar representaría, en teoría, una reducción desproporcionada de la próxima generación de cangrejos.
Casalini fue claro respecto de las expectativas: los resultados se verán recién en el largo plazo, y el objetivo del proyecto no es eliminar por completo al cangrejo invasor, algo poco realista a esta escala, sino ayudar a controlar su población en conjunto con otras estrategias de manejo, como las iniciativas de pesca dirigida que ya están en marcha.
No es la única apuesta biológica contra el cangrejo azul
El pulpo no es el único depredador que el equipo de Bolonia tiene bajo estudio. También evalúan al róbalo, que según algunos especialistas podría ser incluso más eficaz combatiendo al cangrejo, y a las anguilas, ávidas consumidoras de huevos de crustáceos, como posibles refuerzos complementarios dentro de la misma estrategia de control biológico. Es un enfoque de manejo ecológico que combina distintos depredadores, en lugar de apostar todo a una sola especie.