Llevamos décadas viendo brutales armaduras mecánicas que permiten a un ser humano levantar coches y robots doblan acero con sus manos. Ambas cosas eran imposibles por una razón común: No teníamos músculos artificiales lo bastante avanzados.

Esos músculos acaban de hacerse realidad gracias al trabajo combinado de científicos de la Universidad de Harvard y del MIT. Su descubrimiento supone un antes y un después en campos como los miembros artificiales, la robótica o la exploración espacial.

Hasta ahora, los diseñadores de robots debían elegir entre hacer un robot fuerte, o ágil. Si lo que buscamos es fuerza, los actuadores deben ser mecánicos, pero eso limita gravemente la movilidad y hace que el robot se mueve de manera torpe y pesada. Si optamos por un músculo artificial como los que conocíamos hasta ahora, los movimientos del robot (o del brazo mecánico) son mucho más fluidos y naturales, pero pierde toda la fuerza.

El músculo desarrollado por Harvard y el MIT tiene lo mejor de ambos mundos y más. No solo se comporta igual a como lo haría un músculo humano en términso de agilidad y fluidez. Además puede levantar una cantidad de peso brutal. Hasta mil veces su propio peso. Escalado a algo que podamos ver, es el equivalente de un gato de carne y hueso levantando un coche.

Sorprendentemente, la clave la teníamos delante desde hace siglos. El nuevo músculo se inspira en los origami tradicionales japoneses. Una simple bolsa de plástico plegada como el origami y llena de agua permite mover un esqueleto artificial simplemente variando la presión del agua mediante bombas de vacío.

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La mejor parte es que cada uno de estos actuadores puede fabricarse por apenas un dólar y el sistema es completamente escalable. Se puede fabricar un músculo de apenas unos milímetros o uno de varios metros y sigue siendo igual de eficiente. ¿Para cuándo los primeros mechas con esta tecnología señores científicos? [Proceedings of the National Academy of Sciences vía Newsweek]