Verano de 1904 en una casa de campo al norte de Berl√≠n. Durante las √ļltimas semanas se hab√≠a corrido el rumor de que all√≠ ten√≠a lugar un espect√°culo inaudito. A las doce en punto de la ma√Īana el profesor retirado Wilhelm von Osten sal√≠a con su caballo Hans para demostrar las habilidades extraordinarias del animal. Hans, adem√°s de correr al galope, pod√≠a sumar fracciones, contar personas, reconocer im√°genes o incluso decir la hora. Su historia cambio la forma en la que la ciencia analiza los resultados.

Por si fuera poco, Hans tambi√©n era capaz de memorizar el calendario del a√Īo entero. As√≠ que lo que se convirti√≥ en un rumor, comenz√≥ a ser una noticia extraordinaria, el boca a boca hizo que hasta ese patio al norte de Berl√≠n se acercaran los medios de comunicaci√≥n. Los peri√≥dicos de todo el mundo escribieron sobre la capacidad del prodigioso caballo. Incluso se especulaba con la posibilidad de que Hans comenzara una gira por todo el mundo.

Sin embargo, a pesar de que su legendaria historia acabó siendo festejada en canciones populares, con juguetes a imagen y semejanza de Hans o incluso con bebidas alcohólicas comercializadas bajo su nombre, hoy Hans no es recordado por su supuesta inteligencia, sino más bien por el conjunto de experimentos que desmentían su inteligencia.

El caballo matem√°tico

Hans en plena exhibición. Wikimedia Commons

Wilhelm von Osten hab√≠a pasado cuatro a√Īos ense√Īando a Hans como si fuera un estudiante de sus clases. El d√≠a a d√≠a de ambos era m√°s o menos as√≠: por la ma√Īana, Osten se levantaba y preparaba las clases, luego sacaba al caballo al patio y lo situaba al frente de una pizarra‚Ķ y Osten le ense√Īaba a contar con la ayuda de un √°baco (instrumento para efectuar operaciones aritm√©ticas sencillas), utilizando un tablero con letras le ense√Īaba a leer y con una arm√≥nica de juguete le ense√Īaba m√ļsica.

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Obviamente, como el caballo no pod√≠a hablar, este respond√≠a o bien inclinando la cabeza, o bien moviendo la cabeza de lado a lado o golpeando con la pata en el suelo. Las letras, notas musicales y hasta los nombres de las cartas (naipes) se convirtieron en n√ļmeros registrados a trav√©s de golpes en el suelo. Por lo tanto, un as en las cartas era un golpe de la pata, un rey dos, una reina tres, y as√≠ sucesivamente. Seg√ļn explicar√≠a a√Īos m√°s tarde Osten, este m√©todo de ense√Īanza lo hab√≠a tomado de los Khoikhoi, un peque√Īo grupo √©tnico n√≥mada africano.

El mundo científico de aquella época no daba crédito y empezó a sentarse y tomar nota de las aptitudes de Hans. Figuras destacadas del Berlín de principios de siglo junto a una gran cantidad de docentes de la Universidad de la ciudad se agolpaban para ver y analizar las maravillas que hacía este caballo fascinante. Esta élite estaba tan impresionada por las habilidades de Hans que llegaron a firmar una curiosa declaración jurada el 12 de septiembre de 1904.

La llamaron la Comisi√≥n Hans y en la misma, los 13 firmantes del documento certificaban que, efectivamente, von Osten no hab√≠a realizado ning√ļn tipo de truco con Hans. En la opini√≥n de estos expertos, Hans no hab√≠a recibido ning√ļn tipo de se√Īal, ya sea consciente o inconsciente, de su entrenador. Por ello llegaron a la conclusi√≥n de que ‚Äúse trata de un caso que difiere fundamentalmente de todos los casos anteriores‚ÄĚ y aparentemente similares.

van Osten con Hans. Wikimedia Commons

De hecho, como muchos contempor√°neos de la √©poca afirmaron, parec√≠a que lo √ļnico que distingu√≠a a Hans de un ser humano era la capacidad de hablar. Incluso un pedagogo experimentado lleg√≥ a clasificar a Hans con un nivel de desarrollo id√©ntico al de un ni√Īo de 13 o 14 a√Īos de edad. Los pocos errores que Hans hac√≠a eran interpretados como ‚Äúsignos de obstinaci√≥n e independencia del animal que casi se podr√≠an tomar como sentido del humor propio‚ÄĚ. Algunos zo√≥logos llegaron tan lejos en sus afirmaciones como para considerar al caballo como una prueba de la similitud esencial entre el esp√≠ritu humano y el animal.

Este fen√≥meno en torno a Hans, como la declaraci√≥n jurada concluy√≥, ‚Äújustifica seriamente y en profundidad la propia investigaci√≥n cient√≠fica‚ÄĚ. As√≠ que el psic√≥logo Carl Stumpf (firmante de la Comisi√≥n Hans), de la Universidad de Berl√≠n, decide confiarle la tarea de verificar lo que estaba ocurriendo a su estudiante Oskar Pfungst.

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A pesar de el joven iba a descubrir que la supuesta inteligencia de Hans en realidad no era gran cosa, lo que descubrió en el proceso no fue menos sorprendente que la posibilidad de que un caballo pudiera contar.

Cambiando el método científico por un caballo

Caricatura de 1904 de Clever Hans. Wikimedia Commons

El primer experimento de Pfungst fue dise√Īado para determinar si realmente el caballo estaba resolviendo las tareas sin ayuda humana. Pfungst pregunt√≥ a Hans para que respondiera con el n√ļmero requerido de golpes a una serie de n√ļmeros que le mostr√≥ en una pizarra de cart√≥n. De manera alternativa le mostraba la tarjeta s√≥lo al caballo o la miraba √©l mismo tambi√©n. El resultado fue inequ√≠voco: cuando Pfungst sab√≠a los n√ļmeros, la tasa de acierto de Hans era del 98%, pero cuando √©l no los sab√≠a, el caballo s√≥lo obten√≠a un 8% de acierto.

Para poner a prueba la capacidad de Hans a la hora de contar, dos personas deb√≠an susurrar cada una un n√ļmero en la oreja del caballo para que este sume. Estas condiciones hicieron que solamente Hans podr√≠a saber el resultado. Y fracas√≥ miserablemente. Pfungst ahora estaba completamente seguro de que el animal ‚Äúdeb√≠a estar recogiendo alg√ļn tipo de se√Īal de su entorno‚ÄĚ. Este hallazgo fue sorprendente en s√≠ mismo, ya que a diferencia de los casos que se pod√≠an ver con animales en los circos, cuyos entrenadores les daban alg√ļn tipo de se√Īal, von Osten ni siquiera estuvo presente en la mayor√≠a de estos experimentos. La √ļnica persona que podr√≠a haber ofrecido alg√ļn tipo de pista era el propio Pfungst. Y el hombre ten√≠a bastante claro que no lo hab√≠a hecho.

As√≠ que se hizo la siguiente pregunta: ¬Ņpodr√≠a ser que realmente le estoy dando consejos sin darme cuenta? Pfungst pas√≥ a un nuevo nivel. Le puso un antifaz al caballo para restringir su visi√≥n. Estos experimentos fueron dif√≠ciles porque el caballo persist√≠a en tratar de ver a Pfungst, incluso hubo cierta tensi√≥n porque el animal no estaba acostumbrado.

Clever Hans reconociendo n√ļmeros. Wikimedia Commons

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Sin embargo, las conclusiones eran innegables: cuando Pfungst no estaba en el campo de visi√≥n de Hans, el caballo ya no era capaz de dar las respuestas correctas. Es evidente que, de alguna manera, Hans podr√≠a adivinar la respuesta a trav√©s de la actitud del que pregunta. La siguiente cuesti√≥n estaba clara. De ser as√≠, ¬Ņc√≥mo demonios lo hac√≠a? El propio Pfungst pens√≥ que, despu√©s, todo, hab√≠a intentado por todos los medios permanecer neutral.

Tras llevar a cabo varias observaciones, Pfungst llega a la conclusi√≥n de que Hans debe estar tomando el ejemplo de los peque√Īos movimientos involuntarios que el joven realizaba con la cabeza. Se hab√≠a fijado que cualquier persona que le ped√≠a al caballo una operaci√≥n asent√≠a con la cabeza ligeramente mirando hacia abajo, a las patas del animal. Para Hans esto era la se√Īal inequ√≠voca de que deb√≠a comenzar a golpear su pata en el suelo. Cuando Hans se acercaba al n√ļmero requerido, el interrogador sol√≠a realizar el mismo gesto hacia el caballo, y el caballo se deten√≠a r√°pidamente.

Es decir, que cuando los golpes de la pata del caballo se acercaban a la respuesta correcta, cambiaba la postura y la expresi√≥n de la cara del interrogador, de tal modo que se produc√≠a un aumento de la tensi√≥n que se liberaba cuando el caballo llegaba finalmente a la cifra ‚Äúcorrecta‚ÄĚ.

Pfungst ide√≥ m√°s experimentos para probar esta hip√≥tesis. Por ejemplo, intent√≥ establecer tareas para Hans desde varias distancias. Cuanto m√°s lejos estaba, las respuestas del caballo se hac√≠an menos fiables. Hans no pod√≠a leer el lenguaje corporal de la pregunta con precisi√≥n. El joven tambi√©n le hizo preguntas donde la respuesta era 1. Si su suposici√≥n era correcta, el caballo encontrar√≠a en estos c√°lculos los m√°s dif√≠ciles de resolver, ya que Pfungst le estaba se√Īalando al animal que el inicio y resultado del problema estaban pr√°cticamente al mismo tiempo. Y as√≠ result√≥, de todos los n√ļmeros, Hans ten√≠a mayor dificultad con el 1.

Hans y van Osten en las ‚Äúclases‚ÄĚ. Wikimedia Commons

Pero el verdadero factor decisivo lleg√≥ cuando el estudiante demostr√≥ que Hans comenz√≥ a estampar su pezu√Īa incluso cuando Pfungst se inclinaba ligeramente hacia adelante, y lo hac√≠a sin que el joven le hubiera hecho una pregunta. Y a√ļn as√≠, Pfungst no termin√≥ el estudio. En noviembre de 1904 pidi√≥ a 25 personas que fueran a visitarlo al instituto de psicolog√≠a en Berl√≠n. Uno tras otro entraban y ninguno ten√≠a la m√°s m√≠nima idea de las pruebas que se iban a llevar a cabo.

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Pfungst les ped√≠a que pensaran un n√ļmero, y que como Hans, el deb√≠a adivinar golpeando una mesa el n√ļmero de veces apropiado. El resultado, como dej√≥ constancia en su libro Der kluge Hans, fue que en 23 de los 25 casos se las arregl√≥ para leer el lenguaje corporal involuntario de los visitantes y adivinar el n√ļmero correcto.

Los estudios de Pfungst resultaron ser uno de los factores perturbadores m√°s significativos que pueden afectar a los resultados de cualquier experimento: las expectativas del investigador. Como muchos estudios posteriores lo demostraron (sin saberlo), los investigadores alteran los resultados de sus experimentos a favor de sus propios presupuestos. Sin darse cuenta, Pfungst estaba se√Īalando a Hans la respuesta. En psicolog√≠a moderna este fen√≥meno se conoce como el ‚Äúefecto del investigador‚ÄĚ, y siempre debe tenerse en cuenta a la hora de dise√Īar un experimento. Hoy, el trabajo de Pfungst es tan famoso y reconocido que incluso se llevan a cabo simposios para discutir el denominado como ‚Äúel efecto clever Hans‚ÄĚ.

Cuando hablamos de ello hoy, hablamos de una situaci√≥n que acontece en estudios cient√≠ficos, sobre todo de √≠ndole social, donde el experimentador act√ļa sin propon√©rselo sobre el propio estudio con se√Īales involuntarias. El trabajo de Pfungst y Carl Stumpf dio como resultado el llamado doble ciego, m√©todo o herramienta cient√≠fica para prevenir que los resultados de una investigaci√≥n lleguen a estar influenciados por el efecto placebo o el propio sesgo del investigador.

En cuanto al hombre que vivía susurrándole al caballo, su final fue un tanto triste. Por desgracia para von Osten, los experimentos y sus resultados le costaron su hasta entonces gratificante medio de vida con la exhibición de Hans. Cuando los resultados emergieron Osten escribió amablemente a Carl Stumpf solicitándole que ambos investigadores lo dejaran estar.

No hay duda de que Osten no era un estafador, sino m√°s bien y como Pfungst, aquel que le transmit√≠a se√Īales inconscientemente a trav√©s del lenguaje corporal. El profesor mor√≠a en 1909 y en su lecho de muerte maldijo al caballo, al que le hac√≠a responsable del desafortunado giro que tom√≥ su vida.