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Ciencia

Lo que realmente flota en las piscinas públicas (y no es solo cloro)

Podrías pensar que el olor a cloro es sinónimo de limpieza, pero lo que revela ese aroma podría sorprenderte. Desde bacterias invisibles hasta parásitos resistentes, esto es lo que te rodea realmente cuando te lanzas al agua. Y sí, también hablamos de lo que bebes sin querer mientras nadas.
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Con la llegada del calor, las piscinas públicas se llenan de familias, risas, flotadores… y algo más. Aunque parezcan limpias a simple vista, estas instalaciones pueden ser caldo de cultivo para patógenos difíciles de eliminar. Si alguna vez te has preguntado cuán segura es realmente esa agua azul brillante, aquí tienes algunas respuestas que no esperabas leer.


Qué peligros se esconden bajo la superficie

Las piscinas públicas son espacios compartidos por cientos de personas cada semana, lo que las convierte en un entorno propenso a la proliferación de microorganismos. El criptosporidio, un parásito altamente resistente al cloro, es el causante más habitual de brotes intestinales relacionados con el agua en Europa. Puede sobrevivir más de una semana en piscinas correctamente cloradas.

La mayoría de las infecciones intestinales provocadas por este parásito se resuelven solas, pero pueden ser peligrosas para niños pequeños, personas mayores o inmunodeprimidas. Lo más inquietante es que los portadores pueden seguir eliminando el parásito aun sin síntomas visibles, lo que dificulta su control.

Lo que realmente flota en las piscinas públicas (y no es solo cloro)
© Mariakray – pexels

Y aunque no quieras hacerlo, al nadar acabas tragando agua: un estudio en EE. UU. reveló que los adultos ingieren hasta 21 ml por hora de baño, mientras que los niños pueden llegar a 49 ml.


No todo es digestivo: bacterias, hongos y otros riesgos

Además del criptosporidio, existen otras amenazas. Las infecciones cutáneas causadas por estafilococos, los hongos que proliferan en los vestuarios o el oído de nadador (provocado por la acumulación de agua en el canal auditivo) son más comunes de lo que se piensa.

Incluso hay riesgos por inhalación. La legionela, por ejemplo, puede propagarse en gotas de vapor presentes en el ambiente de la piscina y causar neumonía. Y aunque los brotes son raros, el riesgo nunca es cero.

También existen patógenos como salmonela, shigella o campylobacter, cuyas infecciones provocan síntomas gastrointestinales que pueden llegar a complicarse si no se detectan a tiempo. Aun así, una desinfección adecuada con cloro reduce notablemente estos riesgos.

Lo que realmente flota en las piscinas públicas (y no es solo cloro)
© Volcsei Peter- Pexels

El mito del olor a cloro y cómo protegerte

Ese aroma tan característico que se percibe al acercarse a una piscina no proviene del cloro en sí, sino de su reacción con el amoníaco presente en el sudor y la orina de los bañistas. Lo que hueles es cloramina, un compuesto que puede irritar ojos y garganta, y que, a largo plazo, podría incluso relacionarse con casos de asma en trabajadores de piscinas.

¿Cómo reducir estos riesgos? Ducharse antes de entrar al agua es una de las medidas más efectivas. Esto elimina residuos corporales que reaccionan con el cloro y ayudan a mantener la calidad del agua. También es importante evitar tragar agua, salir de la piscina en caso de incidentes, y alertar a los operarios ante cualquier posible contaminación.


¿Vale la pena el chapuzón?

A pesar de todos estos riesgos, los expertos coinciden en que nadar sigue siendo una de las actividades más completas y beneficiosas para la salud. Siempre que la piscina esté bien mantenida, los controles sean regulares y los bañistas colaboren con medidas básicas de higiene, el riesgo de infección es mínimo.

Así que sí, sigue nadando. Pero no olvides ducharte antes, mantener la boca cerrada… y no confiarte solo porque huela a limpio.

Fuente: BBC Mundo.

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