Con las observaciones de la luz que producen las explosiones más potentes del universo y que causan nubes de polvo en los brazos en espiral de la Vía Láctea, los astrónomos han encontrado que nuestra galaxia podría extenderse mucho más allá de lo que se pensaba, y eso podría cambiar los cálculos de su masa y estructura.
Con datos del Observatorio Chandra de rayos X de la NASA, y el SMM-Newton de la Agencia Espacial Europea, un equipo de investigadores llevó a cabo mediciones precisas de las distancias a las nubes de polvo de los brazos en espiral de la Vía Láctea. Los resultados, publicados en Astronomy & Astrophysics, revelaron que los brazos espiralados externos de la Vía Láctea llegan hasta un 10% más lejos de lo que pensaban los astrónomos.
“Las diferencias son menores pero cualquier revisión de estas distancias tiene importancia porque son tan fundamentales para entender a nuestra galaxia”, dijo en declaraciones Ilaria Fornasiero, estudiante del doctorado en un programa conjunto entre la Scuola Universitaria superiore IUSS Pavia y la Universidad de Trento, Italia, y coautora del trabajo.
Con los brazos extendidos
La Vía Láctea se extiende a lo ancho de 100.000 años luz, y contiene entre 100 y 400 mil millones de estrellas. Su estructura en espiral se ve dominada por unos brazos que se ven caprichosos al envolver los extremos de una barra central de estrellas que hay en su centro. Nuestro sistema solar está ubicado en uno de los brazos espiralados de la galaxia, aproximadamente a mitad de camino desde el centro.
Los científicos siguen trabajando para determinar la estructura exacta de la Vía Láctea y caracterizar con mayor precisión cómo son sus brazos. Nuestra vista de la galaxia que nos alberga se ve impedida porque la Tierra está ubicada en uno de sus brazos, y el polvo y el gas suelen obstruir la vista de las lentes de los telescopios.
En este nuevo estudio los investigadores analizaron los anillos que se forman en torno a los estallidos de rayos gamma. Estas potentes explosiones ocurren después del colapso de una estrella masiva, o tras la fusión de dos estrellas de neutrones, lo que produce los estallidos de luz más brillantes del universo.
Los investigadores utilizaron el fenómeno de los ecos de luz en su estudio, cuando la luz de los estallidos de rayos gamma produce la formación de nubes de polvo en los brazos de la galaxia. Así, pudieron medir la distancia hasta la Tierra, utilizando los diámetros de los anillos que se veían a la luz de los rayos X, en que los anillos más grandes eran generados por nubes de polvo más cercanas a nosotros.
“Es una forma muy directa de medir con precisión las distancias a los brazos de la Vía Láctea, porque depende solo de la geometría”, dijo Beatrice Vaia, estudiante del doctorado en el mismo programa, quien encabezó el estudio. “La mayoría de los otros métodos dependen de suposiciones sobre cómo rota la Vía Láctea, algo que se vuelve más incierto cuanto más distante sea la región”.
Las distancias
Se utilizaron tres estallidos de rayos gamma para medir la distancia de la Tierra a tres de los brazos en espiral de la Vía Láctea: el Perseo, el Exterior, y el Escudo Centauro- Hallaron que el Exterior y el Escudo Centauro son cerca del 10% más largos de lo que creían los astrónomos.
“Esto podría significar que la astronomía tiene que revisar los cálculos de masa de la galaxia, porque eso afecta la distancia a la que se extienden los brazos”, dijo Fornasiero.
El equipo de investigadores también calculó que la nube de polvo del brazo más distante tiene unos 3.500 años luz de ancho. Eso demostró que sus mediciones se aplican al grosor total del brazo y no a una nube de polvo aislada y al azar, que podrían no representar la ubicación del brazo.
La luz de los estallidos de rayos gamma podría brindar una forma precisa de medir las distancias en la galaxia, pero estas explosiones cósmicas no siempre pueden verse en el plano de la Vía Láctea. “Dependemos del universo para que nos ofrezca estos sucesos y hasta ahora, en 25 años solo encontramos un puñado que podemos utilizar”, declaró Andrea Tiendo, investigador de la Scuola Universitaria Superiore IUSS Pavia y coautor del estudio. “Dicho esto, seguiremos a la espera, observando para encontrar más”.