3I/ATLAS no venía de los confines del sistema solar. Venía de fuera. Ese detalle, que ya lo convertía en un objeto extraordinario, acaba de volverse todavía más interesante: las nuevas observaciones sugieren que este cometa interestelar podría ser una reliquia química de un sistema planetario nacido mucho antes que el nuestro.
Según informó el Observatorio Europeo Austral, ESO, un equipo de astrónomos utilizó el Very Large Telescope, en Chile, para estudiar en detalle la composición de 3I/ATLAS, al que describe como el objeto interestelar más brillante observado hasta ahora. Al medir sus “huellas químicas”, los investigadores concluyeron que probablemente se originó en las regiones externas de un sistema estelar antiguo y que podría ser mucho más viejo que el Sol.
El estudio, liderado por Cyrielle Opitom, de la Universidad de Edimburgo, junto con Jean Manfroid y Damien Hutsemékers, de la Universidad de Lieja, fue publicado en Nature Astronomy. Tal como explica ESO, se trata de las primeras observaciones de este tipo para un cometa formado fuera del sistema solar, algo que convierte a 3I/ATLAS en una oportunidad rara: no estamos mirando un objeto parecido a los cometas de nuestro vecindario, sino una muestra de otro sistema planetario que cruzó nuestro camino por pura dinámica galáctica.
El tercer visitante interestelar, pero el primero que se dejó estudiar así

Hasta ahora, la astronomía solo había identificado tres objetos interestelares atravesando el sistema solar. El primero fue 1I/ʻOumuamua, descubierto en 2017, un cuerpo extraño y sin emisiones claras de gas que dejó más preguntas que respuestas. El segundo fue 2I/Borisov, detectado en 2019, ya con comportamiento cometario, pero demasiado tenue para ciertos análisis detallados. El tercero es 3I/ATLAS, descubierto el 1 de julio de 2025 por el sistema ATLAS, financiado por la NASA, cuando se acercaba al Sol desde el espacio interestelar.
La diferencia es que 3I/ATLAS llegó con una ventaja enorme: brillaba mucho. Según ESO, esa luminosidad permitió medir sus proporciones isotópicas, es decir, las cantidades relativas de distintas variantes de un mismo elemento. En este caso, el equipo utilizó el instrumento UVES del VLT para estudiar isótopos de carbono y nitrógeno presentes en moléculas de cianuro alrededor del cometa.
Puede sonar a detalle técnico, pero es el corazón del hallazgo. Los isótopos funcionan como una especie de memoria química. No dicen solo de qué está hecho un objeto, sino bajo qué condiciones pudo haberse formado. Y en un cometa interestelar, esa información vale muchísimo: es una pista directa sobre un disco protoplanetario que no pertenece a nuestro sistema solar.
Una firma química que no se parece a la de los cometas del sistema solar
Los resultados muestran que 3I/ATLAS no encaja del todo con los cometas que conocemos. Según el artículo publicado en Nature Astronomy, la proporción de nitrógeno 14 frente a nitrógeno 15 medida en 3I/ATLAS es significativamente más alta que el valor promedio observado en cometas del sistema solar. El estudio también señala que la proporción de carbono 12 frente a carbono 13 es superior a la habitual en nuestros cometas y en el medio interestelar local.
En palabras de Aravind Krishnakumar, investigador de la Universidad de Lieja y coautor del trabajo, citado por ESO, este visitante interestelar presenta proporciones isotópicas “inusualmente altas” de carbono y nitrógeno en comparación con los cometas de nuestro sistema solar. La clave no es solo que sea distinto, sino que esa diferencia apunta a un origen muy concreto: las regiones externas de un sistema formado alrededor de una estrella antigua y pobre en metales.
En astronomía, “metal” no significa exactamente lo mismo que en la vida cotidiana. Se usa para hablar de elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. Una estrella de baja metalicidad es, en general, una estrella nacida cuando el universo era más joven y estaba menos enriquecido químicamente por generaciones previas de estrellas. De acuerdo con ESO, el equipo sospecha que 3I/ATLAS se formó alrededor de una estrella mucho más antigua que el Sol.
Un cometa que podría tener más del doble de edad que el Sol
La idea más potente del estudio es esa: 3I/ATLAS podría ser un fósil de una etapa anterior de la galaxia. ESO señala que distintas evidencias apuntan a que el cometa tendría más del doble de la edad del Sol. Como nuestro Sol tiene unos 4.600 millones de años, eso situaría a 3I/ATLAS en una escala temporal enorme, potencialmente por encima de los 9.000 millones de años.
Rosemary Dorsey, investigadora de la Universidad de Helsinki y coautora del estudio, lo resume de forma muy clara en el comunicado de ESO: 3I/ATLAS permite investigar la composición de otro sistema planetario, uno formado mucho antes de que existieran el Sol y nuestro sistema solar. Esa es la parte realmente extraordinaria. No estamos infiriendo cómo eran esos sistemas antiguos solo a partir de telescopios mirando estrellas lejanas; estamos analizando un fragmento expulsado de uno de ellos.
Los cometas, incluso dentro del sistema solar, suelen considerarse cápsulas del tiempo porque preservan materiales primitivos de la época de formación planetaria. Pero 3I/ATLAS lleva esa idea a otra escala. No sería una cápsula del tiempo de nuestro sistema, sino de otro. Una pieza congelada de una historia planetaria que empezó alrededor de otra estrella, viajó durante miles de millones de años por la galaxia y terminó pasando lo bastante cerca como para que pudiéramos leer parte de su composición.
El James Webb también encontró pistas raras

El VLT no fue el único telescopio que apuntó a 3I/ATLAS. Según ESO, otro estudio liderado por Martin Cordiner, del Centro Goddard de la NASA, utilizó el telescopio espacial James Webb y encontró una proporción isotópica de carbono similar, además de niveles elevados de deuterio, el llamado hidrógeno pesado. Ese resultado va en la misma dirección: 3I/ATLAS no parece químicamente ordinario cuando se lo compara con los cometas del sistema solar.
Otros análisis con el James Webb también detectaron una coma rica en dióxido de carbono, agua, hielo de agua, monóxido de carbono y sulfuro de carbonilo, con una proporción de dióxido de carbono frente a agua especialmente alta. Según explicó Space.com al cubrir esos resultados, esa abundancia de CO₂ podría indicar que el núcleo del cometa es intrínsecamente rico en dióxido de carbono o que sus hielos estuvieron expuestos a condiciones de radiación distintas a las que experimentaron los cometas del sistema solar.
En paralelo, observaciones del polvo de 3I/ATLAS con el instrumento MIRI del James Webb apuntan a una coma dominada por silicatos amorfos, más parecida en algunos aspectos al material del medio interestelar y de discos circunestelares que a la de muchos cometas del sistema solar, que suelen mostrar una presencia más marcada de silicatos cristalinos.
Todas esas piezas no cuentan una historia cerrada, pero sí dibujan un retrato coherente: 3I/ATLAS parece venir de un entorno de formación planetaria distinto, antiguo y químicamente menos parecido al nuestro de lo que cabría esperar.
El campo acaba de empezar, y cada visitante cambia las reglas
La astronomía de objetos interestelares todavía está en una fase muy temprana. Hace apenas una década no teníamos ningún ejemplo confirmado. Ahora ya hay tres, y cada uno resultó distinto. ʻOumuamua fue extraño por su forma, su comportamiento dinámico y su falta de gas detectable. Borisov se pareció más a un cometa clásico, pero no permitió todos los análisis deseados. 3I/ATLAS, en cambio, llegó con suficiente brillo para abrir una nueva clase de mediciones.
Como recuerda ESO, 3I/ATLAS se aleja ya del Sol y su brillo disminuye progresivamente, por lo que las observaciones con el VLT están llegando a su límite. Pero el futuro puede ser mucho más rico: el Extremely Large Telescope, el próximo gran telescopio de ESO, debería permitir mediciones similares en visitantes interestelares menos brillantes.
Eso cambia la escala del problema. 3I/ATLAS no será solo una curiosidad aislada si los próximos instrumentos empiezan a encontrar y caracterizar más objetos como él. Cada cometa interestelar puede funcionar como una muestra gratuita de otro sistema planetario, sin necesidad de viajar a otra estrella. La galaxia, en cierto modo, nos envía fragmentos de sus propios procesos de formación.
Y 3I/ATLAS parece uno de los más valiosos hasta ahora. No solo porque sea brillante, ni porque venga de fuera, ni porque haya sido posible medir sus isótopos con una precisión inédita. Lo fascinante es que su química parece hablar de una época anterior al Sol, cuando la Vía Láctea era menos rica en elementos pesados y otros sistemas planetarios ya estaban naciendo. Un viajero helado cruzó nuestro vecindario durante unos meses, pero la historia que traía encima empezó miles de millones de años antes de que existiera cualquier planeta de nuestro sistema solar.