Las mujeres de hace 7.000 mil años tenían tanta fuerza en sus brazos, que las atletas de élite actuales no tendrían nada que hacer ante un eventual enfrentamiento. Eso es lo que dice el primer estudio que compara los huesos prehistóricos con los de las mujeres vivas.

En primer lugar, el hallazgo sugiere una revisión de la historia: la vida cotidiana de las mujeres prehistóricas estaba conformada en gran parte de trabajos manuales duros, en lugar de simplemente estar en casa haciendo tareas domésticas más ligeras mientras los hombres se ocupaban de la caza.

Lo cierto es que anteriormente no existían registros muy claros que describieran cómo vivían nuestros antiguos antepasados. Algunos restos arqueológicos, algo de arte rupestre y huesos, era la única base de estudio posible. Y resulta que esos huesos decían mucho. Según la autora principal del estudio, Alison Macintosh, de la Universidad de Cambridge:

Puede ser fácil olvidar que el hueso es un tejido vivo, que además responde a los rigores a los que sometimos nuestros cuerpos. El impacto físico y la actividad muscular ejercen presión sobre los huesos, lo que se denomina carga. El hueso reacciona cambiando de forma, curvatura, grosor y densidad con el tiempo para adaptarse a la tensión repetida.

Los investigadores cuentan que en estudios anteriores se había comparado los huesos femeninos con los huesos masculinos contemporáneos, y eso era un problema, porque la respuesta de los huesos masculinos al estrés y al cambio es mucho más visible que en las mujeres.

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Por ejemplo, cuando los humanos pasaron de un estilo de vida de cazadores-recolectores constantemente en movimiento, a uno agrario más establecido, se pueden observar cambios en la estructura de la tibia, y estos cambios fueron mucho más pronunciados en los hombres.

Sin embargo, una comparación de los huesos de las mujeres prehistóricas con los huesos de atletas femeninas vivas puede ayudar a elaborar una imagen más precisa de lo que hacían esas mujeres prehistóricas. Según Macintosh:

Al analizar las características óseas de las personas vivas cuyo esfuerzo físico habitual se conoce, y compararlas con las características de los huesos antiguos, podemos comenzar a interpretar los tipos de trabajo que nuestros antepasados ​​realizaban en la prehistoria.

Equipo de remo femenino de la Universidad de Cambridge. Cambridge

Para ello, el equipo de investigadores reclutó a atletas del equipo de remo de Cambridge y corredoras, así como otro conjunto de mujeres más sedentarias, para luego utilizar un pequeño escáner CT con el que analizar los huesos de sus brazos y piernas. Además, también utilizaron imágenes láser en 3D y moldes de silicona para crear modelos de 89 tibias y 78 húmeros de mujeres del Neolítico, la Edad del Bronce, la Edad del Hierro y el Medievo.

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¿El resultado? Encontraron que la fuerza de las piernas de las mujeres no ha cambiado mucho durante los milenios, pero los brazos del pasado sí eran increíblemente fuertes. Las mujeres neolíticas tenían la fuerza del brazo hasta un 11-16% más fuerte que las del equipo de remo profesional, y hasta un 30% más fuerte que las no atletas. En el caso de las las mujeres de la Edad del Bronce, sus brazos eran hasta un 9-13% más fuertes que las de los remos.

Según los investigadores, lo más complicado es averiguar con exactitud qué tipo de actividades contribuyó a este aumento de la fuerza, aunque entre las hipótesis sugeridas hablan de moler el grano en harina usando piedras a mano, una actividad que podría haber llevado hasta cinco horas al día.

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Sea como fuere, una cosa parece bastante clara después de este estudio pionero: las mujeres prehistóricas jugaban un papel físico mucho más activo de lo que se pensaba. Uno que consiguió que desarrollaran unos brazos sorprendentemente poderosos. [Science vía Phys]