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Ciencia

Los científicos llevaban 150 años buscando respuestas sobre un ave gigante que se había extinguido. Un análisis de ADN reveló algo increíble: nunca desapareció

Durante más de un siglo, los paleontólogos creyeron que una enorme grulla había desaparecido al terminar la última Edad de Hielo. Ahora, un análisis de ADN antiguo revela que sus huesos pertenecen a una especie que todavía vive en Europa.
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Durante más de 150 años, los científicos creyeron que una enorme ave había desaparecido de Europa al finalizar la última Edad de Hielo. Sus huesos, encontrados en diferentes yacimientos arqueológicos, eran considerablemente más grandes que los de sus parientes actuales. Parecía una prueba suficiente de que había existido una especie de grulla gigante que terminó extinguiéndose.

Pero un equipo de investigadores acaba de descubrir algo completamente inesperado: aquella supuesta especie extinta podría no haber existido como una especie diferente. Los huesos pertenecían a grullas comunes, las mismas aves que todavía podemos encontrar en Europa.

El hallazgo fue realizado por científicos de la Universidad de Bournemouth, en Reino Unido, en colaboración con especialistas del Centro de Paleogenética de Estocolmo, Suecia. Mediante el análisis de ADN antiguo procedente de 18 huesos recuperados en diferentes regiones europeas, los investigadores pudieron reconstruir la identidad de estas aves y cuestionar una clasificación que se había mantenido durante más de un siglo.

Los resultados fueron publicados el 28 de octubre de 2026 en la revista científica Royal Society Open Science. La investigación no solamente resuelve una incógnita paleontológica, sino que también plantea nuevas preguntas sobre cuántas especies consideradas desaparecidas podrían haber sido identificadas incorrectamente.

Durante 150 años pensaron que era una especie extinguida en la Edad de Hielo

Los científicos llevaban 150 años buscando respuestas sobre un ave gigante que se había extinguido. Un análisis de ADN reveló algo increíble: nunca desapareció
Una grulla común (Grus grus), especie que todavía habita diferentes regiones de Europa y Asia. Nuevos análisis genéticos revelan que ciertos fósiles atribuidos a una grulla gigante extinta pertenecen a este mismo linaje. © Shutterstock / Robert Plociennik.

El misterio comenzó en el siglo XIX, cuando el naturalista francés Alphonse Milne-Edwards examinó grandes fragmentos óseos encontrados en cuevas del sur de Francia.

Los restos pertenecían a aves que habían vivido durante el Pleistoceno, cuando buena parte de Europa experimentaba condiciones climáticas muy diferentes de las actuales. Su tamaño llamaba especialmente la atención. Eran considerablemente más grandes que los huesos de las grullas conocidas, por lo que en 1871 fueron atribuidos a una especie diferente, bautizada Grus primigenia.

Durante generaciones, los paleontólogos aceptaron que aquellas aves formaban parte de un linaje que había desaparecido. Sin embargo, existía un problema: la clasificación estaba basada principalmente en el tamaño y la forma de los huesos, dos características que pueden variar considerablemente entre individuos de una misma especie. John Stewart, profesor de paleoecología evolutiva de la Universidad de Bournemouth, y sus colaboradores decidieron revisar aquella interpretación utilizando herramientas genéticas modernas.

El equipo reunió muestras procedentes de Inglaterra, Gales, Francia, Alemania y las islas Baleares. El objetivo era responder una pregunta sencilla: ¿aquellos huesos realmente pertenecían a una especie extinta o eran restos de aves que todavía existen?

El ADN antiguo reveló que la supuesta grulla gigante seguía entre nosotros

Los científicos llevaban 150 años buscando respuestas sobre un ave gigante que se había extinguido. Un análisis de ADN reveló algo increíble: nunca desapareció
Dos grullas comunes adultas en un humedal europeo. Los investigadores creen que las diferencias de tamaño entre individuos y poblaciones pudieron contribuir a la antigua confusión sobre la existencia de una especie gigante extinta. © Shutterstock / Robert Plociennik.

Los investigadores extrajeron material genético de los huesos y lo compararon con secuencias de especies actuales de grullas. El resultado fue contundente: los ejemplares que proporcionaron ADN utilizable se agruparon genéticamente con la grulla común, Grus grus, en lugar de formar un linaje separado. Incluso algunos de los huesos más grandes correspondían a esta especie. Según explicó Stewart en un comunicado oficial de la Universidad de Bournemouth, los investigadores sospechaban que las diferencias de tamaño habían llevado a clasificar incorrectamente a las aves prehistóricas.

Una posibilidad es que las grullas antiguas fueran más grandes que muchos de sus representantes actuales, mientras que las diferencias entre machos y hembras también pudieron contribuir a la confusión. Esto no significa que las aves gigantes sigan existiendo exactamente con las mismas dimensiones que durante el Pleistoceno, sino que pertenecían a un linaje que sobrevivió hasta nuestros días.

Hay un matiz científico importante: el estudio no analizó directamente todos los fósiles históricos utilizados para definir Grus primigenia. Por eso, sus resultados respaldan firmemente una revisión de esa clasificación, aunque la interpretación de los ejemplares originales debe evaluarse con cuidado.

El descubrimiento podría cambiar cómo entendemos algunas extinciones

La investigación abre otra incógnita: ¿por qué algunas grullas antiguas eran más grandes que las actuales? Los científicos consideran varias posibilidades, entre ellas transformaciones ambientales relacionadas con la desaparición de humedales y los cambios en el uso del suelo provocados por la actividad humana. Sin embargo, todavía no se ha demostrado cuál fue el principal factor detrás de esas diferencias.

El hallazgo también tiene consecuencias para la paleontología. Durante décadas, numerosas especies fósiles fueron identificadas únicamente a partir de fragmentos óseos, cuando todavía no existían herramientas capaces de recuperar y analizar ADN antiguo. Si algunas de esas clasificaciones se basaron principalmente en diferencias de tamaño, podrían necesitar una revisión similar.

Eso no significa que las extinciones prehistóricas hayan sido exageradas de manera generalizada. Muchas están ampliamente documentadas mediante diferentes evidencias. Pero este estudio demuestra que una especie considerada desaparecida puede resultar ser una población antigua de un animal que todavía conocemos, y que el ADN puede ayudar a distinguir entre ambas situaciones.

Después de un siglo y medio, el misterio de la grulla gigante europea encuentra así una explicación sorprendente. El animal que los científicos buscaban entre las especies perdidas no había dejado descendientes desconocidos ni sobrevivido escondido en algún territorio remoto. Simplemente, su historia evolutiva nunca había terminado.

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