Cuando pensamos en dinosaurios, solemos imaginar criaturas gigantescas, depredadores de enormes mandíbulas o herbívoros capaces de superar el tamaño de un autobús. Sin embargo, hace aproximadamente 120 millones de años, en lo que hoy es el norte de España, vivía un dinosaurio tan pequeño que podría compararse con una gallina actual. Su nombre es Foskeia pelendonum, medía alrededor de medio metro de longitud y su descubrimiento está obligando a los paleontólogos a revisar algunas hipótesis sobre la evolución de los dinosaurios herbívoros.
Lo más sorprendente es que sus huesos llevaban años siendo estudiados, pero su diminuto tamaño dificultaba determinar si pertenecían a crías de una especie mayor o a animales completamente desarrollados.
Ahora, una investigación internacional encabezada por Paul-Emile Dieudonné, de la Universidad Nacional de Río Negro, Argentina, ha confirmado que al menos uno de los ejemplares había alcanzado la madurez. Además, descubrió que su cráneo presentaba una combinación de características anatómicas desconocida entre sus parientes. Los resultados fueron publicados en la revista científica Papers in Palaeontology y ofrecen nuevas pistas sobre un grupo de dinosaurios cuya historia evolutiva todavía presenta importantes vacíos.
Pensaban que eran crías, pero encontraron un dinosaurio adulto extraordinariamente pequeño

Los primeros fósiles aparecieron en el yacimiento de Vegagete, cerca de Salas de los Infantes, en la provincia española de Burgos. Los restos proceden de sedimentos de la formación Castrillo de la Reina, correspondientes al Cretácico Inferior. El equipo del Museo de los Dinosaurios de Salas de los Infantes, encabezado por Fidel Torcida Fernández-Baldor, recuperó numerosos fragmentos pertenecientes a varios individuos.
La confirmación llegó gracias al análisis microscópico de los huesos. Al estudiar su estructura interna, los investigadores encontraron señales de madurez que descartaban que todos los restos correspondieran a animales juveniles. Esto reveló que Foskeia había desarrollado un cuerpo verdaderamente diminuto, en lugar de representar una etapa temprana de crecimiento de otro dinosaurio.
El análisis también mostró indicios de un crecimiento relativamente rápido, comparable en algunos aspectos con el de aves y pequeños mamíferos actuales. Sin embargo, el verdadero descubrimiento apareció cuando los científicos examinaron los nuevos fragmentos craneales mediante microtomografía computarizada, una técnica que permite reconstruir digitalmente estructuras internas sin destruir los fósiles.
Su cabeza resultó mucho más especializada de lo esperado.
Un cráneo de apenas unos centímetros que cambia el árbol evolutivo de los dinosaurios

El cráneo de Foskeia presenta una combinación extraordinaria: huesos premaxilares fusionados, dientes delanteros inclinados hacia delante y una articulación mandibular situada más arriba de lo habitual. Estas particularidades sugieren que el animal pudo desarrollar una forma de procesar los alimentos diferente de la de otros dinosaurios herbívoros relacionados. Según explicó Dieudonné en el comunicado de la Universidad Libre de Bruselas, su pequeño tamaño no impidió que desarrollara innovaciones anatómicas sorprendentes.
Pero el descubrimiento también tiene consecuencias para comprender la evolución. El nuevo análisis sitúa a Foskeia dentro de los rabdodontomorfos, un linaje de dinosaurios herbívoros, y lo relaciona evolutivamente con Muttaburrasaurus, un dinosaurio mucho mayor que habitó Australia. Esa conexión aporta información para reconstruir la historia de un grupo cuyos fósiles aparecen separados por grandes distancias geográficas y temporales.
Los investigadores también obtuvieron resultados que recuperan una antigua hipótesis llamada Phytodinosauria, según la cual distintos grandes linajes de dinosaurios herbívoros podrían compartir una relación evolutiva más estrecha de lo que suele aceptarse. No obstante, esta interpretación todavía necesita nuevas pruebas y no significa que el árbol evolutivo de todos los dinosaurios haya sido reescrito definitivamente.
El estudio demuestra algo especialmente interesante: los dinosaurios pequeños también desarrollaron adaptaciones complejas y pueden ofrecer pistas fundamentales sobre la evolución de sus parientes gigantes. Durante décadas, muchos descubrimientos paleontológicos adquirieron relevancia por sus dimensiones extraordinarias. Foskeia pelendonum representa exactamente lo contrario.
Un dinosaurio de apenas medio metro, cuyos restos podrían pasar inadvertidos frente a los grandes esqueletos de los museos, ha terminado convirtiéndose en una pieza importante para comprender cómo evolucionaron los herbívoros hace más de cien millones de años.