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Los cuervos son capaces de sentir empatía hasta el punto de que se indignan cuando ven a otro cuervo enfadado

Foto: Tom Swinnen (Pexels)

Sabemos que los cuervos son rencorosos, que practican extraños ritos funerarios, lloran a sus muertos y son capaces de construir y manejar herramientas rudimentarias. Un grupo de investigadores acaba de descubrir que, además, se les pega el enfado de otros cuervos.

Comprobar si el enfado de un cuervo se debe a un factor ambiental como el mal humor de un congénere no es tarea fácil. Hay que descartar la mera imitación. Para ello el experto en comportamiento cognitivo Thomas Bugnyar ideó un complejo experimento.

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Burgnyar y sus colegas en la Universidad de Viena seleccionaron cuatro parejas de cuervos y les ofrecieron cajas en las que a veces no había nada y a veces había un premio en forma de comida apetitosa para un cuervo (queso).

Cuando los cuervos ya habían aprendido a juzgar qué caja tenía la comida y cuál estaba vacía, se les ofreció una tercera caja en un lugar diferente. La actitud del animal hacia la nueva caja es algo parecido a la popular percepción de si el vaso está medio lleno o medio vacío. El cuervo no sabe lo que hay en la nueva caja, pero su reacción puede ser optimista (se acerca a la caja y la examina) o pesimista (se muestra reticente y molesto, y se toma su tiempo antes de examinar el posible premio).

Después de ese experimento, se les volvió a ofrecer una nueva caja, pero esta vez había otro cuervo en el compartimento de al lado. Este pájaro recibía una porción de comida nada atractiva para un cuervo (zanahorias) o un premio en forma de comida para perros. Su reacción es de enfado o interés en función del objeto que recibe.

El cuervo con la caja misteriosa puede ver a su compañero en la otra habitación y juzgar sus reacciones, pero no sabe lo que le han ofrecido. Lo que los investigadores han descubierto con esta extraña batería de pruebas es que el enfado es contagioso entre los cuervos. Cuando uno de los animales de la pareja reaccionaba mal al objeto que recibía, su compañero hacía lo propio pese a no saber qué contiene la caja. Curiosamente, los sentimientos positivos no encuentran el mismo nivel de empatía. Solo se contagian los negativos.

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El experimento no es completamente concluyente, pero añade una capa más a la ya de por sí portentosa inteligencia social de estos asombrosos animales. [Science News]

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About the author

Carlos Zahumenszky

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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