A simple vista, un pequeño gecko aferrado a una roca del norte de Australia puede parecer un animal perfectamente acostumbrado a vivir bajo temperaturas elevadas durante todo el año. Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad existe un sistema de adaptación mucho más sofisticado, porque cuando comienza la estación seca estos reptiles son capaces de modificar su fisiología para conservar uno de los recursos más importantes de su entorno: el agua.
Un estudio publicado en Journal of Experimental Biology analizó seis especies del género Gehyra y encontró que todas reducían considerablemente la cantidad de agua que perdían por evaporación durante los meses secos. El resultado cuestiona la idea tradicional de que los animales tropicales, al vivir en ambientes relativamente cálidos durante todo el año, disponen de menos capacidad para reajustar su fisiología frente a cambios estacionales.
En realidad, el clima tropical del norte australiano está lejos de ser constante. La región alterna una estación húmeda con otra seca en la que disminuye drásticamente la humedad, cambia la disponibilidad de insectos y aumentan las dificultades para mantener el equilibrio hídrico, especialmente en animales pequeños.
Los geckos comienzan a prepararse antes de que llegue lo peor
Los investigadores estudiaron animales procedentes de dos ambientes diferentes, uno relativamente húmedo y estable en Litchfield y otro más seco y variable en Kidman Springs, realizando mediciones durante la estación húmeda, al comienzo de la estación seca y cuando esta ya se encontraba avanzada.

Entre las variables analizadas estaban la temperatura corporal preferida y, sobre todo, la pérdida evaporativa de agua, que incluye aquella que escapa continuamente a través de la piel, los ojos y la respiración. Aunque este proceso es prácticamente invisible, puede convertirse en un problema crítico cuando un animal pasa meses expuesto a condiciones cada vez más áridas.
En algunas de las especies que habitaban el entorno más seco también se observó una ligera reducción de la temperatura corporal preferida durante la estación seca, una modificación que podría ayudar a disminuir tanto el gasto energético como las necesidades de agua. Sin embargo, el cambio más importante apareció en otro lugar.
La pérdida de agua cayó hasta un 76%
Todas las especies estudiadas consiguieron reducir la evaporación durante la estación seca, con descensos que oscilaron entre aproximadamente el 34% y el 76% respecto de los valores registrados durante la estación húmeda.
La magnitud del cambio sorprendió a los investigadores porque demuestra que estos reptiles no se limitan a soportar pasivamente la sequía, sino que modifican activamente la manera en que su organismo conserva el agua.
Además, en varios casos el ajuste comenzó durante las primeras etapas de la estación seca, antes de que el ambiente alcanzara sus condiciones más severas. Esto plantea la posibilidad de que los geckos respondan a señales tempranas, como cambios en la humedad, en la disponibilidad de alimento o en otras condiciones ambientales, preparando su fisiología antes de enfrentarse al periodo más difícil del año.
Una adaptación que también importa frente al cambio climático
El descubrimiento tiene implicaciones que van más allá de estas seis especies, porque durante mucho tiempo se consideró que muchos animales tropicales tenían una capacidad relativamente limitada para modificar su fisiología ante cambios ambientales. Estos resultados muestran que, al menos en algunos reptiles, la plasticidad puede ser considerable.
La cuestión también adquiere importancia ante el cambio climático, que no se limita a aumentar las temperaturas, sino que modifica los patrones de lluvia, prolonga determinadas sequías, altera la humedad ambiental y puede reducir la disponibilidad de alimento.
Para un gecko de pocos gramos, perder menos agua durante meses secos puede marcar la diferencia entre mantener su actividad o alcanzar niveles peligrosos de deshidratación. Si además ajusta ligeramente su temperatura y comportamiento, el ahorro puede ser todavía mayor.
Estos pequeños reptiles parecen haber desarrollado así una estrategia especialmente eficaz: no esperan a que llegue la peor parte de la sequía para reaccionar, sino que empiezan a modificar su cuerpo cuando el ambiente apenas comienza a cambiar.