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Ciencia

Los microbios de Ötzi se despertaron 5.300 años después de su muerte y ahora representan una amenaza para la momia más famosa del mundo

Un estudio publicado en Microbiome identificó el microbioma completo de Ötzi, el Hombre de los Hielos, y encontró algo inesperado: levaduras adaptadas al frío que, a pesar de haber acompañado al hombre durante milenios bajo el glaciar, estaban activas cuando los investigadores las estudiaron. Algunas portan genes capaces de descomponer proteínas, grasas y colágeno, los componentes estructurales de la piel de la momia
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De Ötzi, el hombre asesinado de un flechazo en los Alpes hace 5.300 años y recuperado de entre el hielo en 1991, se sabía casi todo. Que tenía 45 años cuando murió. Que era calvo y de tez oscura. Que probablemente descendía de poblaciones de Anatolia. Que su última comida incluyó ciervo y cereales. Ahora se sabe también qué microbios vivían dentro de él cuando murió, y cuáles de esos microbios siguen vivos hoy, activos dentro de la momia, comiendo lentamente los materiales que la componen.

El momento irrepetible: cinco horas descongelado en 2019

La oportunidad de estudiar el microbioma de Ötzi llegó en 2019 cuando, durante cinco horas, la momia fue descongelada para una serie de intervenciones científicas. En ese tiempo, el equipo del Instituto de Estudios de Momias de Eurac Research en Bolzano tomó muestras de piel y tejido conectivo, usó hisopos en distintas partes del cuerpo, recolectó parte del agua descongelada del interior de la momia, analizó el suelo conservado desde la extracción original de 1991 e incluso estudió el aire de la cámara frigorífica donde se conserva la momia a -6°C y 99% de humedad.

El resultado fue el análisis microbiológico más completo que se ha hecho de una momia humana de esta antigüedad. El microbioma intestinal encontrado es esencialmente el mismo que Ötzi tenía cuando murió, con la adición de especies propias del proceso de descomposición post mortem. Entre las bacterias intestinales destacan grandes cantidades del género Clostridia, ya encontradas en momias egipcias.

Las bacterias ancestrales: una imagen del intestino humano antes de la industrialización

Frank Maixner, director del Instituto de Estudios de Momias y autor senior del estudio, destacó el valor histórico de los hallazgos intestinales: «Hemos identificado bacterias intestinales ancestrales conservadas en Ötzi que son extremadamente raras en personas que viven estilos de vida modernos e industrializados, aunque aún se pueden encontrar en personas con estilos de vida tradicionales y no industrializados». El microbioma intestinal de Ötzi ofrece así una fotografía única de cómo era la flora bacteriana humana en la Edad del Cobre, antes de que la agricultura industrial, los antibióticos y los alimentos procesados transformaran radicalmente los ecosistemas microbianos del intestino humano.

Las levaduras que se despertaron: el hallazgo más inquietante

Pero el descubrimiento más perturbador del estudio no está en el intestino sino en la piel. Tal como reporta el trabajo publicado en Microbiome, los investigadores identificaron cuatro especies de hongos, todos del grupo de las levaduras, adaptadas a entornos gélidos: especies como la Glaciozyma watsonii o la Phenoliferia glacialis, microbios psicrófilos —habituados a ambientes congelados— que se encuentran habitualmente en el Ártico o la Antártida.

Lo que hace a estos hongos especialmente inquietantes es lo que el análisis de su ADN reveló: presentaban un daño genético reducido, lo que indica que al menos parte de ellos estaban activos cuando se tomaron las muestras. Al comparar con muestras tomadas en 2010, los investigadores confirmaron que el ecosistema microbiano de la momia no se había quedado congelado: algo estaba cambiando. Los autores del estudio formularon la pregunta central: ¿estas levaduras son descendientes de microorganismos antiguos que mantuvieron su multiplicación a lo largo de los años, o estaban en un estado latente que se reactivó cuando la momia fue descongelada?

El riesgo concreto: enzimas que descomponen la piel de la momia

La respuesta a esa pregunta tiene consecuencias prácticas inmediatas. El análisis genómico de los microbios encontrados reveló que varios de ellos, incluyendo algunas de esas levaduras adaptadas al frío, portan genes que codifican enzimas capaces de descomponer proteínas, grasas e incluso colágeno, el componente estructural clave de la piel y el tejido conectivo. «Esto implica un riesgo biológico latente para la integridad de la momia a largo plazo», señaló Maixner.

La momia ya no es el sistema estático que los museólogos asumían. «No es una reliquia estática, sino un sistema biológico dinámico», describió Maixner. Mantener a Ötzi a -6°C ya no es suficiente para garantizar que nada está ocurriendo en su interior. Elisabeth Vallazza, directora del Museo Arqueológico del Tirol del Sur que supervisa su conservación, reconoció que «sin duda se necesitan más investigaciones y esfuerzos de conservación integrales para preservarla para muchas generaciones más».

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