Imagina un reptil marino de varios metros, quieto entre las sombras de un mar poco profundo. Un pez pasa demasiado cerca. En una fracción de segundo, el animal curva la cola hacia un costado, la descarga con fuerza en sentido contrario y sale disparado. Esa escena, según un nuevo estudio, describe bastante bien cómo cazaban algunos mosasaurios, los grandes depredadores de los océanos en la época de los dinosaurios.
El trabajo, liderado por la paleontóloga Kiersten Formoso, de la Universidad Rutgers, en Estados Unidos, se publicó en la revista Current Biology y es, según sus autores, el primero en calcular la aceleración inicial de estos reptiles marinos.
Qué eran los mosasaurios

Los mosasaurios no eran dinosaurios, sino reptiles marinos emparentados con los lagartos y las serpientes actuales. Dominaron los mares durante buena parte del Cretácico y desaparecieron hace unos 66 millones de años, en la misma extinción masiva que terminó con los dinosaurios no avianos. Sus fósiles se encontraron en todos los continentes, incluida la Antártida.
Algunos alcanzaban tamaños enormes. Uno de los ejemplares modelados en el estudio es un Mosasaurus excepcionalmente grande, basado en un fósil hallado en Nueva Jersey que se conserva en el museo estatal de ese estado.
El «arranque de golpe»
Los investigadores reconstruyeron cuatro tipos de mosasaurios a partir de sus esqueletos fósiles: Platecarpus, Tylosaurus, Mosasaurus y Plotosaurus. Como los músculos no se fosilizan, estimaron la musculatura de la cola tomando como referencia lagartos actuales, como el dragón de Komodo, y probaron distintos valores de fuerza muscular, flexibilidad de la cola y resistencia del agua.
Con esos modelos físicos simularon un movimiento que llamaron «slam-start», algo así como un arranque de golpe: el animal enrosca la cola hacia un lado y luego la barre con fuerza hacia el otro para impulsarse. «Es la propia cola la que se empuja contra el agua», explicó Formoso, que lo comparó con un nadador que se impulsa desde la pared de una piscina.
Emboscadores y corredores de fondo

Los resultados mostraron diferencias claras. Platecarpus fue el más rápido en relación con su tamaño, y un Tylosaurus grande podía alcanzar casi 24 kilómetros por hora con un solo golpe de cola. Ambos tenían colas largas y flexibles, capaces de curvarse más antes del impulso, y ese factor fue el que más influyó en la velocidad calculada.
Eso sugiere que estos dos mosasaurios eran cazadores de emboscada, que esperaban en aguas costeras y atacaban por sorpresa a corta distancia. Mosasaurus y Plotosaurus, en cambio, tenían colas más cortas y aceleraban menos, pero estaban mejor adaptados para nadar largas distancias en mar abierto. «Eso no significa que Plotosaurus fuera lento», aclaró Formoso. «Su cola estaba hecha para nadar de forma sostenida, como un atún, y no para arranques repentinos.»
Física aplicada a animales extintos
Los autores advierten que las velocidades exactas son inciertas, porque dependen de simulaciones construidas a partir de restos fósiles, y que los modelos no reproducen un ataque real. Aun así, el método permite comparar distintas especies con las mismas reglas. «La física es la física», resumió Formoso. El equipo planea poner sus herramientas a disposición de otros investigadores para estudiar cómo se movían otros animales extintos.