Durante décadas, la caza fue considerada una actividad principalmente masculina, tanto en las interpretaciones de la evolución humana como en los estudios de algunos de nuestros parientes más cercanos.
Sin embargo, una investigación científica acaba de demostrar que las hembras de bonobo cazan más que los machos, incluso cuando deben cuidar a sus crías.
El estudio, realizado por investigadores del Instituto Max Planck de Conducta Animal, en Alemania, analizó durante diez años el comportamiento de dos comunidades de bonobos salvajes en la República Democrática del Congo.
Los resultados, publicados el 22 de octubre de 2026 en la revista Current Biology, podrían cambiar nuestra comprensión sobre la evolución de los comportamientos de caza.
Las hembras protagonizaron el 60% de las cacerías
Los investigadores analizaron 415 capturas de presas registradas en el área de LuiKotale, en la selva congoleña.
En los episodios donde pudieron identificar al cazador, las hembras fueron responsables de aproximadamente el 60% de las capturas. El resultado sorprendió porque tradicionalmente se pensaba que los bonobos tenían una actividad cazadora limitada, especialmente en comparación con los chimpancés.
Sin embargo, las observaciones demostraron que estos primates pueden capturar desde pequeños monos que viven en los árboles hasta mamíferos terrestres de mayor tamaño.
Además, los científicos comprobaron que las hembras no se limitaban a aprovechar las presas obtenidas por los machos, sino que iniciaban sus propias cacerías.

Las hembras mayores prefieren presas grandes
El estudio también identificó diferencias relacionadas con la edad. Las hembras jóvenes participaban con mayor frecuencia en la persecución de monos arborícolas, incluidos los colobos rojos, animales capaces de defenderse de sus atacantes.
En este tipo de cacería, machos y hembras mostraron una participación similar.
Sin embargo, las hembras adultas capturaban antílopes de bosque y otros ungulados aproximadamente tres veces más que los machos.
Los investigadores observaron además que tener crías dependientes no impedía que las hembras participaran en la caza. Estos resultados contradicen la idea de que las madres necesariamente evitan actividades peligrosas para proteger a sus descendientes.
El poder dentro del grupo podría explicar la diferencia
Una posible explicación está relacionada con la organización social de los bonobos.
A diferencia de los chimpancés, donde los machos suelen ocupar posiciones dominantes, las hembras de bonobo pueden alcanzar un estatus social elevado y controlar recursos importantes.
Esto incluye las presas capturadas.
Según los investigadores, mantener el control de la carne después de una cacería puede ser tan importante como conseguirla. Las hembras dominantes pueden decidir cómo se distribuye el alimento, lo que podría aumentar sus oportunidades de beneficiarse de la actividad cazadora.
El estudio también encontró diferencias entre comunidades vecinas: una capturaba principalmente mamíferos terrestres, mientras que otra se especializaba en monos.
Estas variaciones sugieren que las tradiciones sociales también influyen en las estrategias de caza.
Un descubrimiento que obliga a repensar la evolución humana
Los bonobos y los chimpancés son nuestros parientes evolutivos vivos más cercanos. Por eso, sus comportamientos ofrecen información valiosa para formular hipótesis sobre los antepasados compartidos con los humanos.
Durante mucho tiempo, algunos modelos evolutivos consideraron la caza masculina como una característica central de las primeras sociedades humanas.
Sin embargo, el comportamiento de las hembras de bonobo demuestra que existen otras formas posibles de organización de la caza entre los grandes simios.
Esto no significa que nuestros antepasados se comportaran exactamente como los bonobos actuales, pero sí que las interpretaciones tradicionales necesitan considerar una mayor diversidad de comportamientos. El hallazgo también cuestiona la antigua imagen de los bonobos como animales que rara vez cazan.
Después de una década de observaciones, los científicos encontraron comunidades con estrategias complejas, diferentes preferencias alimentarias y hembras que desempeñan un papel fundamental.
La conclusión es que la evolución de la caza pudo haber sido mucho más diversa de lo que imaginábamos, y que estudiar a estos primates puede ayudar a revisar algunas ideas sobre nuestros propios orígenes.