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La voz del miedo: así recordaremos para siempre a Sir Christopher Lee

Los más jóvenes le recuerdan como Saruman en la trilogía de El Señor de los Anillos, pero para mi siempre será Drácula, la Momia o Scaramanga. Con la muerte de Christopher Lee, el cine cierra un capítulo de oro y le decimos adiós a una persona entrañable a la que, paradojicamente, se le daba bien hacer de villano.

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Vagabundo de noble cuna

Poca gente sabe que Christopher Lee en realidad es Christopher Frank Carandini Lee. Su madre era la condesa Estelle Mari Carandini di Sarzano, y su padre Geoffrey Trollope Lee, un teniente coronel perteneciente al 60º Regimiento de la Guardia Real Británica. Su familia, en definitiva es una de las más antiguas de Europa (Lee nació en Londres).

Cuando acabó su formación, Lee vagó durante varios años por Europa, donde llegó a presentarse voluntario en el ejército finlandés. También se graduó como piloto de la RAF británica, aunque sus problemas de vista hicieron que terminara prestando servicio en operaciones especiales y de inteligencia. Luchó durante 5 años en el norte de África e Italia.

Su entrada en el mundo del espectáculo, de hecho, se debe a la influencia familiar de su primo segundo Nicolò Carandini, embajador de Italia en el Reino Unido.

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El Drácula de la Hammer

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Christopher Lee es el último exponente de un grupo de actores que se convirtieron en leyenda en las décadas de los 40, 50 y 60 gracias a sus trabajos en el cine de terror gótico. Fue la época dorada de Bela Lugosi, Boris Karloff, Vincent Price o Peter Cushing, que de hecho era amigo personal de Christopher Lee. Ambos compartieron escenario en la versión de El Perro de los Baskerville de 1959. Mientras Cushing se hacía famoso por hacer de Van Helsing, Cushing saltó a la fama como Drácula de la mano de la mítica productora Hammer.

La voz del miedo

Aparte de un reconocido gusto por lo oculto, Lee era un devoto estudioso de la expresión corporal y el uso de la voz para intimidar. Su inspiración más temprana en ese sentido fue un excéntrico escritor británico e historiador medievalista llamado Montague Rhodes James. Se dio la casualidad de que James presidía el jurado que negó la beca a Christopher Lee en el exclusivo Eton College de Londres. La peculiar personalidad de James cautivó a Lee de tal manera que siempre dedicó especial esfuerzo a aprender a intimidar con la voz y la figura.

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Ese método comenzó a dar sus frutos en su papel del sacerdote egipcio Kharis en La Momia (1959), donde Lee conseguía impresionar solo con la intensidad de su mirada. Más tarde, en Drácula, príncipe de las tinieblas (1965), Lee se negó a hablar porque el guión le parecía una basura e interpretó a un Drácula que no decía una sola palabra. Su tozudez estuvo a punto de costarle su relación con la Hammer, pero el gran éxito del film hizo que acabaran reconciliando posturas.

Lee no solo se imponía con la mirada. El actor tenía una pronunciación exquisita y un tono de voz potente y un poco siniestro que encajaba a la perfección en papeles como el de Saruman.

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Humorista

Al igual que otros grandes actores de la época de la Hammer, Lee tuvo la mala suerte de encasillarse en papeles de terror. En los 70 y 80, las superproducciones de horror ya no estaban de moda, y el físico del actor no encajaba en muchos papeles que no fueran de villano. En La vida privada de Sherlock Holmes (1970) interpretó a Mycroft Holmes, el hermano mayor del célebre investigador. Es el único actor que ha interpretado a ambos hermanos en el cine.

En los 80, su carrera en el cine estaba en horas muy bajas, pero Lee sorprendió a propios y extraños con una vena humorística desconocida. Llegó a colaborar con John Belushi, Dan Aykroy o, Bill Murray en el mítico programa Saturday Night Live.

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Rescatado por Tim Burton

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Debido a su edad y a sus papeles cada vez menores en el cine, muchos creían que Lee ya estaba fuera del mercado, pero Tim Burton aún tenía fe. El Director era un fanático de la carrera de Lee y lo eligió para realizar varios papeles en películas como Charlie y la fábrica de Chocolate o Sleepy Hollow.

En 2001, Christopher Lee fue elegido para dar vida a Saruman en la trilogía El Señor de los Anillos. El papel le abrió de nuevo las puertas del cine. Tras la saga de Peter Jackson, también interpretó al Conde Dooku en Star Wars. Estuvo a punto de rechazar hacer de Saruman en la trilogía de El Hobbit debido a su avanzada edad, pero al final aceptó viajar a Australia para hacerlo gracias al apoyo de los fans.

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Jugador de golf y fumador empedernido

Lee siempre destacó en los deportes durante su etapa escolar, pero su pasión era el golf. Su handicap era tan bueno que lo aceptaron como miembro en el Club de Golf de Edimburgo, el más antiguo del mundo (1744). En su vida llegó a jugar en compañía de grandes de este deporte como el estadunidense Jack Nicklaus o el jugador español Severiano Ballesteros.

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El actor compaginaba los deportes con una desmedida afición por los puros habanos. Sus favoritos eran los Montecristo del Nº1.

Intérprete de Heavy Metal

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No, no es una errata ni queríamos decir ópera. Una de las facetas más extraordinarias de Christopher Lee era su gusto por la música Heavy. De hecho, le gustaba tanto que llegó a prestar su tonante voz para discos de Manowar y Rhapsody. En 2010, Lee decidió lanzar su propio álbum, un disco conceptual titulado Charlemagne: By the Sword and the Cross en el que canta junto a otros intérpretes.

No contento con ello, en 2013 sacó un nuevo disco titulado Charlemagne: The Omens of Death (portada sobre estas líneas) y producido por Richie Faulkner, guitarrista de Judas Priest. En una entrevista a la revista Rolling Stone, Faulkner bromeaba:

Algunos de los temas no tenían nada de música y eran sencillamente Christopher cantando sus melodías. Recuerdo que era suerralista estar sentado en mi sitio con Saruman gritando a través de los altavoces. No tengo ni idea de lo que pensarían los vecinos.

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El asombro del guitarrista de los Judas no era para menos. Cuando grabó ese disco, Lee tenía 91 años, pero su voz y su personalidad no habían perdido un ápice de fuerza. Hoy se nos ha ido un grande, pero al menos nos ha dejado casi un siglo de trabajos míticos para recordarle.

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