Mallorca tiene un problema de agua cada vez más difícil de resolver. La presión turística, los episodios de sequía y la explotación de los acuíferos han convertido a las desaladoras en una pieza fundamental para garantizar el abastecimiento, especialmente durante los meses de mayor demanda.
Sin embargo, producir agua dulce a partir del mar tampoco sale gratis desde el punto de vista ambiental. Además del elevado consumo energético, el proceso genera salmuera, un residuo con una concentración de sales superior a la del agua marina que termina regresando al Mediterráneo.
Ante esta situación, empieza a ganar fuerza otra idea: destinar una inversión equivalente a la de una gran infraestructura de desalinización a plantar alrededor de un millón de árboles y restaurar suelos degradados, buscando que una mayor parte del agua de lluvia vuelva a infiltrarse en los acuíferos.
Mallorca produce cada vez más agua desalinizada
La dependencia de esta tecnología ha aumentado rápidamente durante la última década.
Según datos recogidos por el Informe Mar Balear, Mallorca pasó de producir aproximadamente 2,3 hectómetros cúbicos de agua desalinizada en 2013 a 12,9 hm³ en 2022, más de cinco veces esa cantidad.
Las desaladoras permiten disponer de agua incluso cuando las precipitaciones son escasas, algo especialmente importante en una isla sometida a importantes variaciones estacionales de población.
El inconveniente aparece en lo que queda después del proceso.
Cuando se extrae agua dulce del mar mediante ósmosis inversa, se genera una corriente de agua mucho más salada que debe devolverse al medio marino. Si esa salmuera no se diluye correctamente, puede aumentar considerablemente la salinidad alrededor de los puntos de vertido.
La posidonia está entre las principales preocupaciones
Uno de los ecosistemas más sensibles a estos cambios son las praderas de Posidonia oceanica, una planta marina fundamental para el Mediterráneo.
Estas praderas proporcionan refugio a numerosas especies, ayudan a mantener la transparencia del agua, protegen las costas frente a la erosión y almacenan importantes cantidades de carbono.
Investigaciones realizadas en Baleares han observado que una exposición elevada a aguas hipersalinas puede provocar estrés fisiológico y daños en la posidonia, especialmente cuando la dispersión de los vertidos es insuficiente.
Esto no significa que toda desaladora destruya necesariamente las praderas cercanas. El impacto depende, entre otros factores, del lugar elegido para la descarga, la concentración de la salmuera y la capacidad de las corrientes para diluirla.
Un millón de árboles como una enorme “esponja”
La alternativa forestal parte de una idea completamente diferente: en lugar de fabricar agua dulce, intentar que una mayor proporción de la lluvia que ya cae sobre Mallorca termine almacenada bajo tierra.
Los suelos con vegetación pueden favorecer la infiltración, reducir la escorrentía superficial y limitar la erosión. Las raíces y la materia orgánica modifican además la estructura del terreno, permitiendo que el agua penetre con mayor facilidad en determinadas condiciones.
Una restauración forestal bien diseñada podría combinar especies autóctonas con pequeñas estructuras de captación de lluvia y recuperación de suelos para mejorar la retención del agua.
Pero plantar árboles tampoco garantiza automáticamente una mayor recarga de los acuíferos. La vegetación también consume agua mediante evapotranspiración, por lo que el resultado depende de las especies elegidas, el suelo, las precipitaciones y la ubicación de cada intervención.
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— Observadores del Mar (@obsdelmar) May 23, 2023
Probablemente Mallorca necesite las dos soluciones
Presentar la situación simplemente como una elección entre árboles y desaladoras puede ocultar parte del problema.
Las desaladoras proporcionan algo que un bosque no puede ofrecer inmediatamente: un suministro relativamente predecible durante periodos prolongados de sequía. La restauración de ecosistemas, por el contrario, necesita años para producir resultados y depende de las precipitaciones.
La cuestión es cuánto debería depender Mallorca de cada estrategia.
En lugar de sustituir completamente una solución por otra, el futuro hídrico de la isla podría pasar por combinar desalinización, reutilización de agua, reducción del consumo y recuperación de suelos y bosques.
Porque frente a un clima más seco y una demanda creciente, el verdadero desafío no consiste únicamente en producir más agua, sino también en conseguir que la que cae sobre la isla permanezca allí durante más tiempo.