Después de décadas de planes frustrados, aplazamientos y oposición ciudadana, el gobierno de Italia ha aprobado oficialmente la construcción de un puente colgante que unirá la isla de Sicilia con la región de Calabria, al sur del país. Si se materializa, será el más largo del mundo en su categoría, con una longitud estimada de 3,3 kilómetros suspendidos sobre el estrecho de Mesina.
Un proyecto que vuelve con más fuerza que nunca
El anuncio fue realizado esta semana por la primera ministra italiana Giorgia Meloni, quien defendió el proyecto como una apuesta estratégica para el futuro del país. A su lado, Matteo Salvini —viceprimer ministro y actual ministro de Transportes— celebró la aprobación definitiva como un hito para el desarrollo del sur italiano.
El puente, según el gobierno, no solo reducirá drásticamente los tiempos de desplazamiento entre la península y la isla, sino que también pretende impulsar la economía de dos de las regiones más desfavorecidas de Europa: Sicilia y Calabria.
¿Cómo será el puente y qué beneficios promete?

De acuerdo con los planes presentados, el puente colgante contará con dos niveles: uno ferroviario y otro vial. Tendrá tres carriles por sentido para automóviles y dos líneas ferroviarias en el centro. Sus torres alcanzarán una altura de 400 metros, y podrá soportar condiciones extremas, incluidas actividades sísmicas intensas, algo crucial en esta zona del Mediterráneo.
El gobierno estima que la construcción creará hasta 120.000 empleos anuales y dinamizará la economía local. Además del propio puente, el proyecto incluye unos 40 kilómetros adicionales de nuevas carreteras y líneas férreas en ambos extremos. Para cruzarlo, los automovilistas pagarían una tarifa inferior a los 10 euros.
Una de las propuestas más llamativas es que el proyecto podría clasificarse como gasto de defensa, para ayudar a Italia a cumplir con el objetivo de la OTAN de destinar el 5% del PIB a ese sector.
La fecha estimada de finalización se sitúa entre 2032 y 2033, aunque algunos expertos dudan de que se cumpla el calendario si persisten los obstáculos administrativos y sociales.
Viejos fantasmas: mafia, ecología y oposición ciudadana
No es la primera vez que Italia intenta construir este puente. Los primeros planos datan de hace más de 50 años y, desde entonces, el proyecto ha sido archivado repetidamente por cuestiones de presupuesto, viabilidad técnica y presión de grupos ecologistas.
Además, hay un temor recurrente: que las mafias siciliana y calabresa encuentren la forma de desviar fondos públicos a través de la construcción. La presencia histórica del crimen organizado en el sur del país hace que muchos vean con escepticismo cualquier gran inversión pública en la zona.
El proyecto también ha sido cuestionado por su posible impacto medioambiental. Grupos ecologistas advierten que la obra consumiría millones de litros de agua al día, en una región que ya sufre sequías recurrentes. Además, alertan del impacto sobre la biodiversidad marina del estrecho de Mesina.
Por otro lado, muchos habitantes de las zonas directamente afectadas temen por la posible expropiación de sus propiedades. El alcalde de Villa San Giovanni, uno de los puntos de conexión del puente, pidió públicamente una revisión del proceso para evitar daños a la comunidad local.
Un país dividido entre entusiasmo y escepticismo
Mientras en Roma se celebra el anuncio como un “acto de audacia”, en el sur italiano —y también en Bruselas— el ambiente es más cauteloso. El proyecto aún debe recibir el visto bueno del Tribunal de Cuentas italiano y de los organismos medioambientales nacionales y europeos. También deberá superar eventuales litigios por parte de propietarios y colectivos ciudadanos.
El senador Nicola Irto, del opositor Partido Demócrata, criticó duramente el proyecto, calificándolo de “desviación de recursos cruciales” que deberían destinarse a mejorar infraestructuras más urgentes, como escuelas, hospitales y transporte público regional.
Por su parte, el comité popular calabrés “No al Puente” calificó la aprobación como “una maniobra política” carente de estudios técnicos sólidos. Las protestas no se hicieron esperar, y ya se han registrado manifestaciones en ambas orillas del estrecho.
Mientras tanto, los trenes seguirán siendo cargados en ferris que cruzan el estrecho en unos 30 minutos, como se ha hecho durante décadas. La gran pregunta ahora es si esta vez el puente será realmente una realidad… o si volverá a quedar en los cajones del pasado.
[Fuente: BBC]