En 2020, Microsoft anunció uno de los compromisos ambientales más ambiciosos del sector tecnológico: convertirse en una empresa negativa en carbono para 2030. Esto significa que debería retirar de la atmósfera más dióxido de carbono del que genera cada año.
Desde entonces, la compañía invirtió en energías renovables, nuevos sistemas de refrigeración, materiales de construcción con menor huella ambiental y proyectos de captura de carbono. Sin embargo, el crecimiento de la inteligencia artificial está complicando seriamente ese plan.
El Informe de Sostenibilidad Ambiental 2026 de Microsoft, publicado el 9 de julio y correspondiente al ejercicio fiscal de 2025, reconoce que las emisiones de la empresa aumentaron un 25% en un solo año. La expansión de centros de datos para servicios de inteligencia artificial y computación en la nube aparece como una de las principales causas.
Las emisiones de Microsoft volvieron a dispararse
Según los datos difundidos por la compañía, sus emisiones brutas alcanzaron aproximadamente 34 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono equivalente antes de aplicar medidas como la contratación de electricidad limpia y la eliminación de carbono.
Después de contabilizar esas intervenciones, la huella reportada quedó cerca de los 20 millones de toneladas, aproximadamente un 25% por encima del ejercicio anterior. La cifra coloca a Microsoft cada vez más lejos de la trayectoria que imaginó cuando presentó su objetivo climático en 2020.
Microsoft's carbon emissions climbed 25% in 2025 as AI data center boom strains climate goals: The company produced 34 million metric tons of CO₂ equivalent last year, putting its 2030 carbon-negative pledge under pressure https://t.co/WAz7oNpIh4 pic.twitter.com/BmdByTXBb7
— Quartz (@qz) July 10, 2026
La empresa insiste en que mantiene su compromiso de ser negativa en carbono para 2030. Sin embargo, también reconoce que la infraestructura necesaria para sostener el crecimiento de la IA demanda cantidades cada vez mayores de energía, agua, acero, cemento y componentes electrónicos.
El mayor problema está fuera de sus oficinas
Gran parte de la huella climática de Microsoft no procede directamente de sus edificios o vehículos. Se concentra en las llamadas emisiones de alcance 3, que incluyen todos los gases asociados con su cadena de suministro.
En esta categoría aparecen la fabricación de servidores y chips, la producción de acero y cemento, el transporte de materiales y la construcción de nuevos centros de datos. Son emisiones generadas por proveedores, pero vinculadas directamente con la expansión de los servicios de Microsoft.
Este punto es especialmente importante porque construir la infraestructura de IA requiere enormes cantidades de materiales intensivos en carbono. Aunque un centro de datos pueda funcionar en el futuro con electricidad renovable, levantarlo ya genera una huella considerable.
La demanda de electricidad también aumentó
El funcionamiento de los centros de datos añade otro problema. Durante el ejercicio fiscal de 2025, el consumo eléctrico de Microsoft aumentó alrededor de un 24%, mientras que las emisiones contabilizadas por la electricidad adquirida registraron un incremento todavía mayor.
La compañía afirma que igualó su consumo anual con compras de energía libre de carbono. Sin embargo, este cálculo no significa que cada centro de datos haya funcionado permanentemente con fuentes renovables.
Un contrato de energía solar o eólica puede compensar el consumo total a lo largo del año, aunque las instalaciones continúen recurriendo a una red alimentada parcialmente con combustibles fósiles durante determinadas horas o regiones.
Microsoft quiere avanzar hacia un modelo más exigente: que el 100% de su consumo eléctrico esté respaldado por energía sin carbono durante todas las horas del día para 2030. La dificultad es que la demanda de la IA crece más rápido que la incorporación de nueva generación limpia.
La IA está poniendo a prueba las promesas climáticas
Microsoft no es la única empresa tecnológica que atraviesa esta contradicción. Amazon y Google también informaron aumentos recientes de sus emisiones mientras ampliaban su infraestructura para inteligencia artificial y servicios en la nube.
El problema no demuestra que la IA y los objetivos climáticos sean necesariamente incompatibles. Sí revela que el ritmo actual de construcción y consumo energético está superando la capacidad de las empresas para reducir su impacto.
Microsoft continúa invirtiendo en energías renovables, captura de carbono, refrigeración eficiente y materiales de menor impacto. Pero esas mejoras todavía no compensan la velocidad a la que crecen sus centros de datos.
La empresa prometió que en 2030 retiraría de la atmósfera más carbono del que produce. A menos de cuatro años de esa fecha, sus emisiones no están descendiendo: están creciendo con fuerza. La inteligencia artificial se convirtió así en el mayor desafío para una promesa climática que parecía posible antes de que comenzara la actual carrera por construir centros de datos.