Hay reactores nucleares que generan electricidad para millones de hogares, y hay reactores que fabrican medicamentos que salvan vidas. El RP-10 del Centro Nuclear de Huarangal, en Lima, es del segundo tipo. Inaugurado en 1988, es un reactor de piscina de 10 megavatios térmicos que no produce ni un vatio de electricidad para la red: produce neutrones, y con esos neutrones fabrica los radioisótopos que usan los hospitales de medicina nuclear para diagnosticar y tratar enfermedades. Es el reactor de investigación más potente de América Latina, y en diciembre de 2025 completó una repotenciación que lo volvió 2,5 veces más capaz de lo que había sido durante años.
El dato clave de la modernización no es el número en megavatios sino lo que ese número habilita. A mayor flujo neutrónico, más cantidad y variedad de radioisótopos disponibles. Y entre los nuevos productos que la potencia ampliada hace posibles está el lutecio-177, uno de los radioisótopos más buscados de la medicina nuclear moderna.
Cómo funciona un reactor de investigación y por qué los neutrones son la clave
A diferencia de los reactores de potencia, que aprovechan el calor de la fisión nuclear para generar vapor y mover turbinas, el RP-10 está diseñado para usar los neutrones que emite la fisión directamente. El combustible es dióxido de uranio enriquecido al 20% en U-235 en forma de elementos MTR (Material Test Reactor). Cuando los átomos de U-235 se fisionan, liberan neutrones que a su vez provocan nuevas fisiones en una reacción en cadena controlada. Esos neutrones son el producto que interesa.
El proceso de producción de radioisótopos consiste en colocar materiales estables dentro del reactor, en posiciones donde el flujo neutrónico es máximo, y dejar que los neutrones los bombardeen durante períodos de tiempo precisos. Cuando un átomo estable captura un neutrón, su núcleo se vuelve inestable y radiactivo: se convierte en un radioisótopo. Cuanto mayor es el flujo de neutrones disponible, más eficiente y abundante es esa producción. Pasar de 4 MW a 10 MW no es solo operar más rápido: es acceder a un régimen de flujo neutrónico que abre la fabricación de isótopos que antes requerían irradiaciones demasiado largas para ser comercialmente viables.
Lutecio-177: el radioisótopo que está cambiando el tratamiento del cáncer
El lutecio-177 es actualmente uno de los radioisótopos más demandados en oncología. Sus propiedades físicas lo hacen ideal para lo que se conoce como terapia teranóstica, un enfoque que integra diagnóstico y tratamiento en un mismo agente: la molécula que lleva el lutecio-177 hasta el tumor permite tanto visualizarlo mediante imágenes de medicina nuclear como destruirlo mediante la radiación beta que emite el isótopo al desintegrarse.
Las aplicaciones más consolidadas son el cáncer de próstata metastásico resistente a la castración, donde el compuesto Lu-177-PSMA dirige el radioisótopo a las células tumorales que expresan el antígeno prostático específico de membrana, y los tumores neuroendocrinos, donde el Lu-177-DOTATATE bloquea los receptores de somatostatina que expresan este tipo de células cancerosas. Ambas indicaciones recibieron aprobación de la FDA y la EMA en los últimos años y representan una de las líneas de crecimiento más activas de la medicina nuclear mundial.
Hasta ahora, Perú dependía de importaciones de lutecio-177 producido en reactores de Europa y Norteamérica, con los problemas logísticos que eso implica para un radioisótopo con una vida media de apenas 6,7 días: el tiempo de transporte consume parte de la actividad útil del producto. La producción local en el RP-10 podría cambiar ese panorama no solo para Perú sino para otros países de la región que también importan el isótopo.
Qué más hace el RP-10: Tc-99m, I-131, irradiación y análisis forense
La producción de lutecio-177 es el producto estrella de la repotenciación, pero el RP-10 ya fabricaba antes otros radioisótopos con aplicaciones consolidadas. El tecnecio-99m (Tc-99m) es el radioisótopo más usado en medicina nuclear del mundo: se administra en millones de estudios de diagnóstico anuales para visualizar huesos, corazón, riñones, pulmones y cerebro. El yodo-131 (I-131) se usa en el tratamiento del hipertiroidismo y el cáncer de tiroides. El iridio-192 (Ir-192) se usa en gammagrafía industrial para detectar fallas en soldaduras y tuberías. El samario-153 (Sm-153) tiene aplicaciones en el tratamiento paliativo del dolor óseo por metástasis.
Además de la producción de radioisótopos, el reactor realiza análisis por activación neutrónica, una técnica que permite determinar la composición elemental de muestras con extrema precisión sin destruirlas. Tiene aplicaciones en arqueología (para establecer la procedencia de materiales), en ciencia forense (para análisis de evidencia), en minería (para caracterización de menas) y en seguridad alimentaria. El IPEN exporta radioisótopos y componentes de radiofármacos a Argentina, Colombia, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Cuba y otros países de la región.
Como detalló el MINEM en su comunicado oficial sobre la repotenciación, recogido por la plataforma del Estado Peruano, todo el proceso de modernización fue ejecutado íntegramente por profesionales peruanos del IPEN, sin asistencia técnica externa. La primera ingeniera operadora del reactor en la historia del IPEN, Yaela Beraun, participó en el acto oficial de inauguración de la nueva capacidad.