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Tecnología

Un centro de datos de Meta contaminó el sistema de aguas residuales de una ciudad con una bacteria poco común

Las autoridades de Cheyenne rastrearon una bacteria potencialmente peligrosa hasta las aguas descargadas durante la construcción de un centro de datos de Meta. El microorganismo no llegó al suministro de agua potable, pero obligó a limpiar el sistema de reutilización y llevó a la ciudad a endurecer sus reglas para estas instalaciones.
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La preocupación por los centros de datos suele concentrarse en la enorme cantidad de electricidad y agua que necesitan para funcionar. Sin embargo, un incidente ocurrido en Cheyenne, Wyoming, expuso otro riesgo menos conocido: la descarga de aguas industriales contaminadas en sistemas municipales que no siempre están preparados para tratarlas.

La Junta de Servicios Públicos de Cheyenne determinó que aguas procedentes de una operación realizada durante la construcción de un centro de datos de Meta contenían la bacteria Cupriavidus gilardii. El vertido fue asociado con Goat Systems LLC, una entidad contratista vinculada al proyecto que la compañía tecnológica desarrolla al sur de la ciudad.

La bacteria no ingresó en el suministro público de agua potable. Fue detectada en el sistema de aguas residuales y reutilizadas, que la ciudad emplea posteriormente para regar parques, campos de golf y otros espacios verdes. Aun así, el hallazgo obligó a suspender temporalmente ese servicio y realizar una limpieza profunda de las instalaciones.

La bacteria apareció durante un análisis rutinario

La contaminación se descubrió en febrero de 2026, cuando los técnicos realizaban controles habituales destinados a detectar bacterias fecales. Cupriavidus gilardii no forma parte de los microorganismos que normalmente se buscan en este tipo de pruebas, por lo que identificarla y rastrear su origen requirió una investigación adicional.

Las muestras terminaron vinculando el microorganismo con una operación conocida como fill and flush, utilizada durante la construcción de sistemas de refrigeración. El procedimiento consiste en llenar las tuberías con agua, hacerla circular para retirar restos de obra y vaciarla antes de poner en funcionamiento el circuito cerrado definitivo.

El problema fue que esa agua terminó en el alcantarillado sanitario de la ciudad. Las autoridades consideraron que el vertido interfería con el funcionamiento de las plantas de tratamiento y calificaron el incumplimiento como significativo.

El origen exacto de la bacteria dentro de las instalaciones todavía no fue determinado. Meta también afirmó que las pruebas independientes encargadas por su contratista no encontraron rastros del microorganismo. Sin embargo, la empresa detuvo inmediatamente las descargas y comenzó a trasladar las aguas residuales fuera del lugar para su eliminación.

Una bacteria poco común, pero potencialmente peligrosa

Cupriavidus gilardii es una bacteria ambiental que puede encontrarse en el suelo y en el agua. Las infecciones humanas son extremadamente raras, aunque puede comportarse como un patógeno oportunista y afectar especialmente a personas mayores, inmunodeprimidas o con enfermedades previas.

Esto no significa que el vertido haya provocado infecciones en la población. Hasta el momento, no se informaron casos asociados con el incidente de Cheyenne. La preocupación de las autoridades estaba relacionada principalmente con la posibilidad de que el agua reutilizada dispersara el microorganismo mediante los sistemas de riego.

Además, el caso generó dudas sobre otros componentes presentes en las aguas procedentes de los sistemas de refrigeración, como glicoles y distintos productos químicos que las plantas municipales podrían no estar diseñadas para eliminar.

Cheyenne cambió sus reglas para todos los centros de datos

Después de rastrear el vertido, la Junta de Servicios Públicos revocó los permisos de descarga relacionados con la operación y dejó de aceptar aguas industriales provenientes de procesos de llenado, purga y refrigeración cerrada de centros de datos.

La restricción no afecta solamente al proyecto de Meta. Se aplica a todas las instalaciones de este tipo conectadas con los servicios municipales de Cheyenne, que ahora deberán recoger sus residuos líquidos y trasladarlos a lugares autorizados para su tratamiento.

Las plantas de recuperación de agua de Dry Creek y Crow Creek permanecieron fuera de servicio durante varios meses mientras se drenaban y desinfectaban las instalaciones. Los análisis realizados a finales de junio permitieron restablecer el sistema de reutilización.

El problema no era cuánta agua consumía, sino qué vertía

El episodio llega en un momento de fuerte resistencia social a la expansión de los centros de datos en Estados Unidos. Distintas comunidades cuestionan su consumo de electricidad, la presión que ejercen sobre las reservas de agua y su impacto sobre las tarifas y la infraestructura local.

El caso de Cheyenne incorpora otra pregunta: qué ocurre con el agua utilizada durante la construcción y la puesta en marcha de estos complejos.

Meta sostiene que el futuro centro utilizará un circuito cerrado que reciclará el líquido de refrigeración una vez operativo. Sin embargo, incluso estos sistemas requieren procesos iniciales de llenado y limpieza que producen aguas residuales. Si esas descargas contienen bacterias, metales o productos químicos, pueden superar la capacidad de los sistemas municipales convencionales.

La contaminación no llegó al agua potable y no se registraron personas afectadas. Pero fue suficiente para interrumpir durante meses el sistema de reutilización de una ciudad y modificar las reglas para todos los centros de datos locales.

El debate, por lo tanto, ya no pasa únicamente por la cantidad de agua que consumen estas instalaciones. También pasa por conocer qué contienen sus residuos, quién debe tratarlos y cuánto puede costarle a una ciudad recibirlos.

 

 

Fuente: Xataka.

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