Un mono capuchino atrapa un lagarto en los bosques de Brasil. En lugar de comenzar a comer su carne, abre el cuerpo de la presa y busca sus órganos internos. El cerebro, las vísceras y otros tejidos blandos desaparecen antes que los músculos. No es un comportamiento aislado ni una simple curiosidad de la naturaleza: los científicos descubrieron que estos animales siguen un patrón alimentario que podría ofrecer pistas sobre cómo nuestros antepasados comenzaron a consumir carne.
La conclusión procede de una investigación publicada en PLOS ONE, para la que un equipo internacional siguió durante 5.093 horas a dos grupos de monos capuchinos barbudos (Sapajus libidinosus) en Brasil. Los investigadores documentaron 446 episodios de consumo de vertebrados y descubrieron diferencias sorprendentes entre machos y hembras, estrategias para aprovechar nutrientes y una posible relación entre la caza y la escasez de alimentos vegetales.
Los monos cazan lagartos, roedores y aves, pero lo más sorprendente es qué partes del cuerpo deciden comer primero

Durante 45 meses, los investigadores observaron a dos grupos de capuchinos en Fazenda Boa Vista, una región del estado brasileño de Piauí. Los animales fueron seguidos desde el amanecer hasta el anochecer, registrando sus capturas y comportamientos alimentarios.
Según el estudio publicado el 26 de agosto de 2026 en PLOS ONE, las presas incluían principalmente lagartos, geckos, serpientes, roedores y aves, aunque también se documentó el consumo de murciélagos, zarigüeyas e iguanas.
Los machos consumieron vertebrados con una frecuencia aproximadamente 1,4 veces superior a las hembras. Además, solamente los machos fueron observados comiendo serpientes, mientras que los individuos adultos registraron tasas de consumo mayores que las crías. Pero el descubrimiento más revelador apareció cuando analizaron cómo procesaban sus presas.
Los monos solían consumir primero el cerebro y las vísceras, especialmente cuando capturaban animales que no podían ingerir enteros. En el caso de las serpientes, generalmente descartaban la cabeza y aprovechaban los órganos internos. Con los lagartos también consumían ojos, extremidades, piel y cola.

De acuerdo con la Universidad de São Paulo, la explicación podría estar relacionada con el contenido energético de esos tejidos. El cerebro contiene una elevada concentración de lípidos, mientras que las vísceras resultan más fáciles de ingerir que los músculos y tendones.
La hipótesis es que los capuchinos obtienen rápidamente nutrientes valiosos antes de que otro animal pueda disputarles la presa. Sin embargo, los investigadores todavía no han demostrado que esa sea la causa directa del comportamiento.
El 82% de los episodios fueron individuales y los resultados podrían cambiar cómo estudiamos la alimentación de nuestros antepasados
Aunque los capuchinos viven en grupos sociales, sus hábitos de caza no siempre incluyen cooperación. Aproximadamente el 82% de los episodios de consumo analizados involucró a un solo individuo, mientras que los eventos compartidos representaron menos del 18%.
El alimento también influía en la frecuencia de las capturas. El grupo que no recibía suplementos alimentarios presentó una tasa estimada de consumo de vertebrados 1,88 veces superior a la del grupo alimentado. Además, los episodios aumentaban cuando disminuía la disponibilidad de frutos.
Según explicó la Universidad La Sapienza de Roma, estos resultados podrían ayudar a comprender cómo los primeros homininos incorporaron animales pequeños a su dieta antes de desarrollar estrategias para capturar presas de mayor tamaño.

La hipótesis resulta especialmente interesante porque solemos imaginar los orígenes de la alimentación carnívora humana asociados a grandes animales y cazadores cooperando. Sin embargo, pequeños vertebrados fáciles de capturar podrían haber representado una fuente importante de energía y nutrientes.
El Consejo Nacional de Investigaciones de Italia también destacó que estudiar esta conducta puede orientar nuevas interpretaciones de los restos animales encontrados en yacimientos arqueológicos antiguos.
Eso no significa que nuestros antepasados cazaran exactamente como estos monos. Los capuchinos actuales no son representantes directos de los primeros humanos, y otros estudios sobre primates muestran que la relación entre escasez de frutas y consumo de carne varía considerablemente entre especies. Pero la investigación deja una posibilidad fascinante: quizá una parte importante de nuestra historia alimentaria comenzó con animales pequeños y con la búsqueda de sus tejidos más nutritivos, mucho antes de que nuestros antepasados fueran capaces de abatir grandes presas.