El universo está lleno de estrellas que nacen, brillan y mueren constantemente. Sin embargo, llegará un momento en que este ciclo comenzará a desaparecer y las últimas fuentes de luz estelar terminarán apagándose.
Aunque el Sol agotará su combustible dentro de unos 5.000 millones de años, otras estrellas sobrevivirán durante períodos extraordinariamente más largos.
Las protagonistas de este futuro distante serán las enanas rojas, pequeños astros capaces de mantener sus reacciones nucleares durante billones de años.
Pero cuando la última deje de brillar, ¿qué temperatura tendrá el universo? La respuesta apunta hacia un escenario extremadamente frío, aunque su evolución exacta depende de algunas de las grandes incógnitas de la cosmología.
Las enanas rojas serán las últimas estrellas en apagarse
Las enanas rojas representan aproximadamente tres cuartas partes de las estrellas de la Vía Láctea.
Su tamaño reducido y su bajo consumo de combustible les permiten vivir muchísimo más que estrellas como el Sol. Mientras los astros más masivos pueden desaparecer después de apenas unos millones de años, las enanas rojas menos masivas pueden mantener la fusión nuclear durante varios billones de años.
Además, muchas aprovechan su hidrógeno de manera especialmente eficiente gracias a los movimientos de convección que mezclan su interior.
Por eso, los astrónomos consideran que estarán entre las últimas estrellas convencionales en iluminar el cosmos.
Qué temperatura tendrá el universo cuando desaparezca la luz
Actualmente, el espacio está atravesado por una radiación conocida como fondo cósmico de microondas, una huella del Big Bang. Su temperatura es de aproximadamente 2,725 Kelvin, equivalente a unos -270,4 grados Celsius.
Aunque parece extraordinariamente fría, esta radiación continúa perdiendo energía a medida que el universo se expande.
La expansión estira las longitudes de onda de los fotones, reduciendo progresivamente su energía. Dentro de billones de años, la temperatura de esta radiación será muchísimo menor que la actual, acercándose al cero absoluto, situado en -273,15 grados Celsius.
Sin embargo, no existe una temperatura única y exacta que pueda asignarse al universo cuando desaparezca la última estrella.
Las condiciones dependerán de la expansión cósmica, de las fuentes de radiación restantes y del comportamiento futuro de la energía oscura.
Un universo lleno de cadáveres estelares
Cuando termine la era de las estrellas, el cosmos no quedará completamente vacío. Permanecerán numerosos objetos que ya no producen energía mediante la fusión nuclear.
Entre ellos habrá enanas blancas, estrellas de neutrones, planetas errantes y agujeros negros.
Con el paso de períodos inmensos, las enanas blancas continuarán enfriándose y podrían convertirse en hipotéticas enanas negras, objetos tan fríos que prácticamente no emitirían luz visible. Ninguna enana negra ha podido formarse todavía, porque el universo actual es demasiado joven.
Esta etapa futura se conoce como Era Degenerada y podría extenderse durante períodos difíciles de imaginar.
La muerte térmica: el posible destino final del cosmos
Uno de los escenarios más estudiados para el futuro del universo es la llamada muerte térmica o Big Freeze.
Según esta hipótesis, la expansión continuará separando las estructuras cósmicas y reduciendo la disponibilidad de energía aprovechable para producir trabajo.
A escalas temporales todavía mayores, incluso los agujeros negros podrían evaporarse mediante la radiación de Hawking. Si la expansión acelerada continúa de acuerdo con determinados modelos cosmológicos, la temperatura de la radiación cósmica primitiva tenderá a valores cada vez menores.
No obstante, el comportamiento de la energía oscura podría introducir límites y complicaciones a este enfriamiento, por lo que alcanzar exactamente el cero absoluto no es una conclusión asegurada. El final del universo, por tanto, probablemente no será una explosión espectacular.
Podría consistir en un proceso extraordinariamente lento durante el cual las estrellas desaparezcan, los restos cósmicos se enfríen y la oscuridad domine un espacio cada vez más vacío.